¿Santa o de Turismo?

COMENTARIO: Este artículo pone de manifiesto cómo la iglesia aceptó el cambio de denominación des SUS fiestas religiosas, y cómo el Estado uruguayo se limitó al cambio de nombre y no a una verdadera transformación cívica de las festividades.


País original este Uruguay, el único en el mundo en donde a la Semana Santa se la llama oficialmente Semana de Turismo. Un nombre formal, despojado de todo tinte religioso, que encubre la milenaria evocación cristiana de la Pascua y sus vísperas para tranquilidad de todos los laicistas. Así se dispuso hace casi un siglo cuando católicos y anticlericales acordaron de hecho que la Pascua se recuerda entre nosotros, pero con otro nombre, y con la regalía adicional de una semana completa de vacaciones para los funcionarios públicos, otra originalidad nacional.

El padre salesiano Daniel Sturla, recientemente ungido como obispo, escribió con agudeza que la denominación oficial de esta semana surge de "una de las características transacciones de nuestra historia". En su documentado libro "¿Santa o de Turismo? Calendario y secularización en el Uruguay", Sturla resume el proceso por el cual se llegó al acuerdo de dejar en rojo en el calendario los feriados religiosos tradicionales, aunque bajo nombres laicos. "Esta solución aprobada por el Parlamento fue tachada de camuflaje por los más enconados anticlericales, pero fue aceptada en silencio por la Iglesia", explica.

En efecto, la ley de octubre de 1919 secularizó los feriados religiosos respetando sus fechas. Así, el día de los Reyes Magos, 6 de enero, pasó a ser el Día de los Niños; la Semana Santa se tornó Semana de Turismo; el día de la Virgen, 8 de diciembre, se convirtió en Día de las Playas, y el de Navidad, 25 de diciembre, en Fiesta de la Familia. De todos esos rótulos superpuestos el que sobrevive con más fuerza es el de esta semana en la cual, no cabe duda, los uruguayos, y no solamente los funcionarios públicos, se consagran al turismo.

Esa ley, conocida como la "de feriados", señaló el final de un vibrante proceso que según Sturla había empezado en 1861 con la ley de secularización de los cementerios que hasta ese entonces estaban bajo jurisdicción de la Iglesia.

En los años siguientes, en medio de fuertes discusiones en círculos sociales y políticos, se votaron leyes que fijaron como único matrimonio válido el civil (1885), se descolgaron los crucifijos de hospitales y oficinas estatales (1905) y se canceló la enseñanza de religión en las escuelas (1909).

Hoy, apenas si quedan rastros de las ardorosas discusiones de hace un siglo. Prueba de ello es que, según una encuesta realizada pocos años atrás por la empresa Factum, la expresión Semana Santa es la que, paradójicamente, prevalece entre la mayoría de los votantes del partido Colorado, el mismo partido que, capitaneado por José Batlle y Ordóñez, fue el adalid de la separación total entre Iglesia y Estado. Al igual que los colorados, la mayoría de los blancos prefieren llamarla Santa.

Mientras tanto, los frenteamplistas y en particular los más jóvenes optan por la designación oficial de Semana de Turismo. Otro dato curioso ofrecido por Factum como resultado de ese sondeo es que en el nivel socioeconómico bajo es donde más se utiliza la expresión Semana Santa.

De más está decir que esta semana recibe de la gente otros nombres como "semana criolla", "semana de la vuelta ciclista" y hasta "semana de la cerveza", ninguno con carácter legal, pero no por ello menos populares.

Con plena libertad de elección, en estos días cada uno celebra y honra lo que realmente quiere, pero para el mundo es Semana Santa.

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