«Sanpedristas» y laicistas tuvieron la fiesta (patronal) en paz

El Arzobispo ofició ante el Gobierno local de Foro una multitudinaria misa en la que ofreció «respeto a los amigos de la censura y de la bronca» mientras Asturias Laica se manifestaba en silencio en el Campo Valdés

El Campo Valdés ha sido, un año más, un campo dividido bajo la torre de la Iglesia Mayor de San Pedro Apóstol, patrono -sin muchos visos de dejar de serlo por el momento- de la villa y puerto de Gijón. De una parte, los cientos de feligreses y vecinos congregados para celebrar la bendición de las aguas, con la Alcaldesa de Foro Asturias y una parte de la Corporación (del centro hacia la derecha, toda), el Arzobispo de Oviedo, la autoridad militar y representantes de las Fuerzas de Seguridad del Estado; de la otra, una no más de una veintena de manifestantes de la organización Asturias Laica.

De las gradas del Campo Valdés hacia la iglesia y el Cantábrico, oración por el patrón, homilías, discursos, coros y gaitas; silencio riguroso pero pancartas disciplinadamente erguidas de las gradas hacia un Ayuntamiento que los laicistas reclaman completamente desvinculado de celebraciones religiosas. Y ello hasta el punto de haber exigido la dimisión de Carmen Moriyón si comparecía -como finalmente lo ha hecho- en la misa patronal y en el hisopazo a las aguas de la bahía de San Lorenzo. Así ha vuelto a ser este año, y tampoco hay visos de que la regidora gijonesa vaya a atenderles en esto. Explicaba Moriyón sus motivos antes de asistir a la liturgia oficiada por Jesús Sanz Montes: por «respeto a las tradiciones», por «tolerancia» hacia el «derecho de vivir la fiesta como cada uno crea oportuno» y además por el derecho de los cargos políticos a vivir esas tradiciones con el pueblo».

Si es por esto último, y si el concepto «pueblo» contiene algún sesgo cuantitativo, la Alcaldesa ha debido de tener claro nada más poner pie en el Campo Valdés hacia dónde dirigirse para darse unbaño de pueblo este mediodía la fiesta local de San Pedro. La Iglesia Mayor se ha abarrotado, como de costumbre, para un largo y bochornoso oficio, en la acepción estrictamente climática de la palabra. Mucho calor y mucho fervor bajo las bóvedas del templo para escuchar al Arzobispo de Oviedo ejemplarizando en una larga homilía con varios pasajes de la vida del primer Papa y deslizar una alusión a quienes protestaban fuera y, seguramente, también a quienes desde distintos colectivos han atribuido estos últimos días declaraciones homófobas a Sanz Montes, alineado con el arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares: «Otros tienen otras claves y las respetamos. Respetamos incluso a quienes no nos respetan, a los poco amigos de la libertad, los amigos de la censura y de la bronca».

Más bienhumorado se ha mostrado, ya al término de la misa, el párroco de San Pedro, Javier Gómez Cuesta, en un parlamento al aire libre, inmediatamente antes de la bendición de las aguas y junto al Coro de Voces Cimadevilla y a la Banda de Gaitas Noega, que han puesto música a la ceremonia: Salve Marinera, Asturias, patria querida y el inevitable Gijón del alma. Una ciudad que el sacerdote ha descrito así -«del alma»- antes de pedir a San Pedro «gracia y aguante para convivir como buenos vecinos» con quienes expresan «su legítima diferencia».

Lo que sí ha estado a punto de conceder San Pedro fue un buen refresco en forma de tormenta, acumulando nubarrones hacia el oeste de la ciudad que se han dejado ver y algo han gruñido, pero que finalmente no descargaron. Con el Gijón del alma las pancartas fueron enrrollándose y los laicistas y los sampedristas emprendieron camino seguramente hacia un vermú algo tardío. No cabe duda de que por la tarde no habrá discrepancias respecto a la concesión de (casi) todos los reconocimientos de la Villa, incluyendo el de Hijo Adoptivo para el carbayón más querido de la historia en suelo playu: Enrique Castro, Quini, elevado a la cotitularidad como santo patrón laico de Gijón, con permiso de Jovellanos.

Y a quien Gijón se la dé, por el momento, San Pedro se la bendiga.

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