Samuel, el cura putón de Toledo

Hay varios posibles titulares para esta noticia de la semana pasada: “El arzobispado de Toledo destituye a un cura por irregularidades económicas”, o “Un cura de Toledo ofrece en Internet sus servicios sexuales”, incluso “La Iglesia católica oculta un nuevo escándalo en sus filas”.

El caso es que Samuel M. M., el cura de dos parroquias de Toledo, Noez y Totanés, había colgado en Internet el anuncio que sigue: “Héctor, hombre hetero español, al servicio de tu felicidad, para mujeres y parejas. 30 años. En Toledo capital. Fotos reales. Bien dotado (15 cm) para tu placer y felicidad. 15 minutos, 50 euros, 30 minutos 75 y una hora 120 euros. Estoy abierto a todo excepto al sado. Hoteles y domicilios. 24 horas”.  (Y la foto que ilustra este comentario, en calzoncillos y con ese pechazo enhiesto) A continuación facilitaba su e-mail y el número de su teléfono móvil, y terminaba diciendo que: «No os arrepentiréis, os haré gozar de felicidad como nunca». Y no se refería precisamente al Paraíso Celestial.

También es el caso que el cura putón se habría gastado 17.000 € de las cofradías en líneas eróticas, algunos dicen que también en prostíbulos. Tenía puesto a la venta en Internet por nueve mil euros el cuadro de San Jerónimo de la iglesia de Noez. Y que al ser descubierto el robo, o expropiación, o uso distorsionado del dinero, o como quiera el Arzobispado llamarlo, le destituyó el martes pasado de sus obligaciones. El Arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez, confirmó que el sacerdote, de 27 años, había sido separado de su cargo como párroco de Noez y Totanés, debido a que el cura, en su misa de doce del domingo 7 de febrero, confesó a sus feligreses que había robado dinero de las hermandades, callándose en qué lo había usado.

Cesado por “malversación de fondos”, digamos, que no por inmoralidad o mal ejemplo.

Igualmente es el caso que, desde que la historieta ha visto la luz, el Arzobispado de Toledo, que ha pedido que sea sometido a un examen psiquiátrico, no ha revelado el paradero del sacerdote, si está o no internado en un centro de salud mental. Casi simultáneamente, el pasado sábado por la tarde, dos representantes del Arzobispado de Toledo celebraron la misa en Noez y dijeron a los feligreses que había que perdonar al sacerdote, que “no se encontraba bien y cometió ese fallo”. En el Arzobispado de Toledo se resisten a creer a las malas lenguas y aventuran que tal vez haya actuado «involuntariamente, víctima de un chantaje». Por último, el Arzobispo pide disculpas «a las personas y entidades afectadas y confía en la ayuda de la oración y de la misericordia divina».

Las reacciones de autoridades civiles que se han conocido son las del consejero de Salud y Bienestar Social, Fernando Lamata, diciendo que las autoridades eclesiásticas no se han puesto en contacto con él para solicitar los servicios de salud mental de la Junta en este caso. La alcaldesa de la localidad de Noez, Yolanda Sánchez, sostuvo que las actividades extra religiosas del párroco eran “un secreto a gritos”, que era 'vox populi' que el dinero de los cofrades se gastó en lujuriosos divertimentos. «Entre los vecinos había comentarios de este tipo», reconoció. También en Totanés se cuchicheaba lo mismo. «Ha habido comentarios y rumores, sobre todo las últimas semanas», comentó el alcalde, Gonzalo Rojas, aunque prefirió no ser más explícito respecto al cariz de las habladurías.

A mí todo este episodio, simpático, canalla, suculento, insignificante frente a otros muchísimo más graves de esa Gran Familia, expresivo, indignante, vulgar, corriente, me ha llegado al corazón, justamente después de haber leído el último libro de Eric Frattini, El sexo y los Papas, donde el autor hace un exhaustivo recorrido, perfectamente documentado, de las barbaridades sexuales y de abuso del poder hasta extremos criminales en el máximo escalafón del poder Vaticano a lo largo de toda la Historia. Entonces señalé algo que me había llamado especialmente la atención y que viene a cuento ahora: “Descubrimos que hasta un Papa como Juan XXIII, uno de los mejores, tiene su lado oscuro al exigir que se mantuvieran en secreto los desaguisados sexuales de su tropa”.

Y tras ese recuerdo, invitando a la lectura del libro de Frattini, no más comentarios. Sobran, ¿para qué meter más el boli en la tripa ya dolorida de una organización masacrada por los escándalos que dice tanto de su verdadera naturaleza? Además, como en el caso del diputado popular, se trata de un "error humano", o de una enfermedad, ¿no?

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