Saludo de José Luis Sampedro

Al no poder asistir personalmente, me adhiero con estas líneas, al acto de presentación de la campaña POR UNA ESCUELA LAICA, consciente de la importancia de apoyar e incluso de presionar al gobierno para que no ceda ante el chantaje de la Iglesia y siga avanzando en la exigencia del laicismo  escolar.

Los señores obispos se resisten a perder los privilegios alcanzados durante la dictadura declarándose perseguidos cuando, en realidad, son ellos quienes azuzan a sus fieles contra un gobierno que se limita a ejecutar el programa votado mayoritariamente por los electores.

Pero ¿de qué persecución nos hablan los señores obispos, que viven del dinero público porque sus fieles no aman la Iglesia lo suficiente para sostenerla?  Nadie les obliga ni a divorciarse, ni a abortar, ni a practicar la eutanasia, ni a contraer matrimonio entre personas del mismo sexo.  Nadie les obliga a prescindir de sus ritos, cultos ni siquiera del adoctrinamiento a sus fieles.  Lo que exigimos es que no nos lo impongan a los demás y no nos obliguen a costearlo a quienes no practicamos la religión católica. Los no católicos queremos gozar de libertad para no ser sometidos a leyes dictadas por prejuicios religiosos y no por criterios de ciudadanía.

Lo que ellos llaman "persecución" es, simplemente el cumplimiento de la constitución aconfesional que nos hemos dado los españoles.  Constitución que permite al clero el adoctrinamiento de sus fieles, pero no en los centros públicos, con dinero público al que contribuimos los no creyentes.  Como bien dice el manifiesto que hoy se presenta, la escuela es el lugar del saber, no el de las creencias.  Las creencias pertenecen al ámbito de lo privado y para el adoctrinamiento ya existen las parroquias.  Pero los obispos, conscientes de que la sociedad española se va desinteresando de la ideología episcopal, como lo demuestran las estadísticas, desean frenar esa tendencia y asegurarse adultos adictos para el futuro, por el procedimiento de moldear tempranamente los cerebros infantiles.

Ésa es la realidad de la supuesta persecución:  el viejo truco de fingirse víctima siendo el culpable.  Sosiéguense pues, sus reverencias.  Acepten las decisiones democráticas y confíen en que la asistencia del Señor no ha de faltarles.

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