Sagrada familia, ¿ejemplo a imitar?

Por cuarta vez consecutiva el cardenal Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española, ha reunido en el espacio público de la Plaza de Colón de Madrid a medio centenar de obispos, arzobispos y cardenales y a miles de personas para celebrar la fiesta de la Sagrada Familia bajo el lema 'La familia cristiana, esperanza para Europa'. El horizonte de la convocatoria se ha abierto este año al ámbito europeo con la presencia de obispos y de miles de personas procedentes de los diferentes países de Europa, con la convicción de que España sigue siendo 'la reserva espiritual de Occidente' -espejismo, más que realidad- y de que la recuperación de las raíces cristianas de Europa salvará al viejo continente de su deriva hacia el paganismo. Voy a hacer algunas reflexiones sobre el evento en una doble clave: religiosa y política.
1. El acto de la Plaza de Colón nunca fue un encuentro de la Iglesia católica plural. Este año tampoco. Los asistentes al mismo pertenecen, en su mayoría, a los llamados 'nuevos (¿?) movimientos eclesiales': Camino Neocatecumenal, Comunión y Liberación, Asociación Católica de Propagandistas, Movimiento de Focolares, Opus Dei, Legionarios de Cristo, muy alejados del espíritu renovador del Concilio Vaticano II. La iniciativa es del cardenal Rouco Varela, que ha contado desde el principio con el respaldo institucional de Benedicto XVI, pero el verdadero ideólogo y líder de la convocatoria ha sido el carismático Kiko Argüello. En este tipo de encuentros no participan los sectores renovadores ni progresistas del catolicismo español no solo porque no comparten los mensajes homófobos que en ellos se transmiten, sino porque no están de acuerdo con las convocatorias masivas, más propias de la cristiandad triunfante del nacional-catolicismo que de un cristianismo ubicado en el mundo de la marginación, y porque creen que no se puede utilizar el espacio público laico para hacer propaganda confesional.
2. A pesar de las apariencias, la concentración de Colón ha tenido este año especial carga política. Ha sido un acto de precampaña electoral, el primero de la derecha católica para calentar motores de cara a las elecciones autonómicas y municipales del próximo mayo, con apoyo, en los mensajes de los oradores, las pancartas y las declaraciones de los asistentes, al Partido Popular, con el que el catolicismo conservador comparte similar idea de familia homófoba, patriarcal y excluyente. Tampoco en el terreno político puede hablarse de un encuentro plural, ya que excluye a los católicos votantes de la izquierda y de los partidos progresistas.
3. Uno de los mensajes que más han repetido los obispos tanto en la preparación de la misa de Colón como en las declaraciones de los asistentes al acto ha sido que la familia se encuentra en peligro. Y es verdad. Pero no la familia a la que se refieren los obispos ni por las razones que aducen. Quienes viven en una situación de riesgo, peor que de peligro, son las familias de los inmigrantes, que habitan hacinados en viviendas infrahumanas, a quienes se niega el derecho al reagrupamiento familiar y donde, en muchos casos, todos sus miembros están en paro. En estado de riesgo se encuentran las familias de los sectores populares, que han estrenado el nuevo año viendo cómo se les recortan las prestaciones sociales, y numerosas familias de clase trabajadora que ven mermados sus salarios, recortadas o congeladas sus pensiones y con el paro como espada de Damocles sobre sus cabezas, mientras se incrementan los costes de la mayoría de los servicios como el gas, la luz y los transportes. Son las familias que tienen que entregar la vivienda a los bancos por no poder pagar la hipoteca y las que viven sometidas a una creciente asfixia económica quienes viven momentos de inestabilidad y de peligro.
4. El diagnóstico de la familia y del matrimonio ofrecido por Rouco Varela en su homilía tenía todos los visos de catástrofe. Estas han sido sus palabras: «Siempre que se cuestiona o se niega la verdad del matrimonio y de la familia en la teoría y en la práctica, las consecuencias negativas no se hacen esperar. Se ciegan las fuentes de la vida con la práctica permisiva del aborto. Se banaliza con la eutanasia, hasta extremos hasta hace poco tiempo impensables, la responsabilidad de vivir y de respetar la vida del prójimo. El derecho irrevocable a la vida queda profundamente herido. Los niños y los jóvenes crecen y se educan en un ambiente de rupturas y distancias paternas, desconfiados y desconcertados, sin conocer una limpia y auténtica experiencia del amor gratuito (…). Las relaciones sociales se hacen frías y distantes (…). La sociedad se envejece y la crisis demográfica, imparable, amenaza y pone en peligro el futuro de nuestros marcos de vida y bienestar económico y social». Ni una luz en el horizonte, ni una brizna de esperanza en el futuro. ¿No hay salida, entonces? Sí, la familia cristiana idealizada como ejemplo de virtudes, con la sagrada familia de Nazaret como modelo a imitar. Una familia en la que el padre no es padre, la madre es virgen y el hijo es Dios. ¡Imposible de imitar!

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