Saber o creer, he ahí la cuestión

Muchos habrán olvidado la que se lió en 1988 con la Sábana Santa. El cardenal encargado de la ‘Sindone’ -así la llaman en Italia- consultó con científicos del Museo Británico para saber si se trataba de una auténtica reliquia de Jesús. Para eso le recomendaron someterla a la prueba del carbono 14 y se ofrecieron a diseñar y coordinar un estudio doble ciego. Esto consiste en que ni el coordinador ni los operadores conozcan la identidad de las muestras a analizar para evitar sesgos subjetivos en la investigación. Como garantía adicional se encarga el mismo estudio a tres laboratorios independientes de reconocido prestigio de modo que si sus métodos son rigurosos deben dar resultados similares. El estudio fue encomendado a las Universidades de Arizona, de Oxford y al Instituto Tecnológico de Zürich que aceptaron realizarlo a condición de que los resultados –cualesquiera que fuesen- se publicaran. Con todos los participantes de acuerdo en los métodos, cada laboratorio recibió cuatro trocitos de tela identificados con un código, uno correspondía a la Sábana, otro a una tela elaborada en el siglo I y los otros dos a tejidos menos antiguos.

Al final los tres laboratorios coincidieron en que la fibra vegetal de la tela había vivido entre 1260 y 1380. Conclusión: la reliquia no es auténtica. Al informar esto al Papa su reacción fue tajante: “que se publique”. Como era de esperar, muchos creyentes se sintieron frustrados, descalificando los métodos e insinuando que las muestras estaban contaminadas, llegando en algunos casos a criticar la decisión papal. A la hora de creer en milagros todo vale, es lo que pasa cuando el ‘creer’ se impone al ‘saber’.

Todo esto se volvió a suscitar el mes pasado cuando una Cofradía invitó a dar una conferencia sobre la ‘sindone’ a un experto. Según nos informó. su formación incluía entre otras ciencias las de ufólogo y sindonólogo, además de una gran amistad con J.J. Benítez. Durante una hora defendió la autenticidad de la reliquia abundando en los argumentos de la contaminación y agregó datos de sus propios hallazgos sindonológicos sobre fallos en los procedimientos científicos. En su conclusión final -una emotiva homilía- contó cómo él veía en la imagen de la sábana toda la gloria y majestad de la resurrección… etc., y agregó a modo de explicación que la figura pudo producirse por una “radiación extraordinaria” emitida por el cuerpo de Jesús, similar a la que produciría un acelerador de protones…! Lo que dejó sin  explicar fue una pregunta que se le hizo al final sobre las palabras textuales de Juan Pablo II en 1998 descalificando el ‘milagro’una vez más: “…por no tratarse de materia de fe, la Iglesia no tiene competencia para pronunciarse y confía a los científicos la tarea de investigar…”

El año pasado otro grupo de fieles volvió a descalificar la opinión de la ciencia que ellos mismos habían recabado cuando no vieron confirmadas sus expectativas. La revista de cardiología, American Heart Journal, publicó en 2006 un estudio de tres años y un coste de 2,4 millones de dólares sobre “los efectos terapéuticos de la oración por los enfermos” en 1.800 casos quirúrgicos. Con ese fin coordinaron grupos de fieles para orar por la recuperación de esos pacientes sometidos a bypass cardíaco. Por cada paciente había 70 fieles rezando por su recuperación durante tres semanas desde la víspera de la operación. Se establecieron tres grupos de enfermos; a un grupo no se les informó que se rezaba por ellos, a otro sí se les informó y por el otro grupo no se rezó. Resultados: ninguna diferencia significativa en la recuperación de los que se rezó por ellos sin saberlo y por los que no se rezó. Pero quienes supieron que se rezaba por ellos dieron resultados manifiestamente peores. Esto pudo ocurrir según explicaron, porque al saber que rezaban por ellos pueden haber entendido que su estado era peor de lo que esperaban y esto pudo aumentar su angustia y la consecuente respuesta negativa. Ante resultados tan desfavorables el capellán jefe de la Clínica Mayo sugirió posibles errores del equipo investigador. Allí había psicólogos, sacerdotes y médicos de seis instituciones, incluidas la Clínica Mayo y la facultad de medicina de Harvard.

Así tenemos que a solicitud de unos creyentes y con su dinero la ciencia ha demostrado que la sábana santa no es una auténtica reliquia de Jesús y que la oración no es eficaz para rogar por la mejoría del enfermo y hasta puede ser contraproducente. Pero si la evidencia científica suena mal a quienes creen en milagros -en rigor un milagro es una violación de las leyes naturales- peor debería sonar que el Creador de esas leyes sabias, justas y universales esté dispuesto a impedir su aplicación a petición del público.

El mes pasado una noticia informaba que hacía falta un segundo milagro para beatificar a Juan Pablo II. Autoridades del Vaticano creen haberlo encontrado en el casco que salvó la vida al piloto polaco accidentado en el Grand Prixde Montreal.En el casco llevaba estampado el nombre de su Papa.El problema es que para consumar este milagro hay dos pequeños inconvenientes. Con días de diferencia otro piloto en condiciones muy similares también salvó la vida, pero con la inscripción de Pirelli en el casco. Y los expertos sostienen que la tecnología Hans System incorporada en la cabina fue lo que les salvó la vida a ambos. Saber o creer that is the question.

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