Rouco y los Reyes Católicos (católicos por el Papa Borgia)

El talibán de las ondas divinas ha replicado a Enric Juliana. Este colega reveló desde La Vanguardia que había sido el cardenal Rouco Varela el promotor unilateral de que el contrato de ese talibán se haya renovado -al menos- un año

Como quiera que tan lenguaraz locutor insulta, desde el día 10 de marzo de este año, mucho más a Rajoy que a Zapatero –lo que no deja de ser un milagro portentoso-, parece lógico colegir que Rouco apoya la rebelión copeliana y pedrojotística contra el tambaleante líder de la derecha.

Enfrascado en descalificar a Juliana –mediante sonoros vituperios, como acostumbra- y empeñado en defender a su protector de rango cardenalicio, evocó con deleite el hecho de que Rouco Varela sea –según él- un especialista en la separación de política y religión. Precisó que “hasta la tesis doctoral de Rouco es sobre las relaciones Iglesia-Estado en tiempos de los Reyes Católicos”. E insistió en su loa al presidente de la Conferencia Episcopal [propietaria de la COPE] subrayando que “ha dedicado toda su vida intelectual precisamente a la distinción entre el Estado y la Iglesia”.

La sagrada bandera
Adentrarse en la remota época de Isabel y Fernando “el espíritu impera, moriremos besando la sagrada bandera” (Himnos y canciones. Madrid 1942), resulta un ejercicio de erudición por parte de Rouco Varela ciertamente encomiable. ¿Cuál era la relación entre Estado e Iglesia en la segunda mitad del siglo XV? Pues era una relación estrechísima y asfixiante, muy parecida a la que hubo de nuevo –también por la fuerza de las armas- en España, no hace tanto tiempo: desde 1939 hasta 1978. La política era religión y la religión era política. El hombre fuerte del Reino de Aragón y Castilla fue el cardenal Cisneros, tercer inquisidor general de Castilla.

Placentero harén
Los reyes denominados católicos lo fueron gracias a una bula otorgada a ellos por el Papa Alejandro VI –el celebre Papa Borgia, nacido en Xàtiva, Valencia-, que hizo del pontificado un bastión del poder terrenal, una potencia militar y un placentero harén que facilitó al máximo representante de Cristo en la Tierra engendrar numerosos hijos e hijas.

Expulsiones y persecuciones
Los monarcas católicos de aquella España incipiente trataron por todos los medios de unificar la religión cristiana, expulsando a los judíos, a los mudéjares y a los musulmanes en general y persiguiendo a través de la Santa Inquisición a los cristianos nuevos a poco que fueran descubiertos practicando algunos de los preceptos de sus antiguas religiones. También fundaron la Santa Hermandad, especie de policía al servicio de la Corona que luchaba contra los bandoleros y vigilaba, si preciso fuere, las creencias religiosas de los súbditos.

Tanto monta, monta tanto
La mentalidad básicamente reaccionaria del cardenal Rouco Varela se entiende con mayor claridad sabiendo que uno de sus modelos de Estado-Iglesia es el que protagonizaron los Reyes Católicos. En el fondo el mito de Isabel y Fernando –tanto monta, monta tanto- continúa hechizando a amplios sectores de la derecha, que siguen soñando con el retorno del nacional-catolicismo.

Celoso guardián
No ha de extrañar, por consiguiente, que un cardenal como éste sea el celoso guardián de una COPE ultramontana y padrino de un apóstol de la demagogia conservadora, capaz de lapidar incluso a Rajoy. Si Rajoy hubiera hecho lo que intenta hacer ahora -estando los Reyes Católicos en el trono-, habría sido detenido por la Inquisición y llevado a la mazmorra. O, según y cómo, a la hoguera.

Enric Sopena es director de El Plural

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