Roma rectifica la equiparación de las críticas al Papa con el antisemitismo

El discurso del Viernes Santo indigna a los judíos y a las víctimas de abusos de curas pederastas El portavoz de la Santa Sede alega que el sermón del predicador del Pontífice «no es la línea oficial»

Comparar las críticas al Papa por los abusos sexuales de sacerdotes con el antisemitismo «no es la línea de la iglesia». Forzado por las numerosas reacciones producidas en Europa y EEUU, el Vaticano, por boca del padre Federico Lombardi, portavoz de Benedicto XVI, tuvo que retractarse ayer de las palabras que el Viernes Santo había pronunciado el predicador oficial del Pontífice, Raniero Cantalamessa, quien comparó las críticas a la Iglesia por el encubrimientos de abusos sexuales de curas a menores con el antisemitismo.
A pesar de la rectificación, el Vaticano sigue dando la sensación de no conseguir armonizar del todo la línea de «tolerancia cero» dictada por Juan Pablo II frente a los casos de pederastia, los primeros de los cuales salieron a la luz en los años 90, y las consecuencias del escándalo en la opinión pública mundial. «Hay muchos lobis y dinero de por medio», alegan estos días algunos obispos que trabajan en el Vaticano. Sin embargo, otros prelados, como los alemanes y el francés que el año pasado pidieron sin éxito al Papa que relevase a su secretario de Estado, el cardenal Tarsicio Bertone, creen que los problemas empiezan por la inadecuación de Bertone a su cargo.
En el sermón del Viernes Santo, Cantalamessa se sirvió de una carta que dijo haber recibido de un amigo judío que le decía: «Sigo con disgusto el ataque violento y concéntrico contra la Iglesia, el Papa y todos los fieles. El tópico de echar las culpas personales a la colectividad me recuerda los aspectos más vergonzosos del antisemitismo». Lo cual encendió de inmediato la indignación de la comunidad judía internacional y de las asociaciones de víctimas de abusos a manos de religiosos.

APAGAFUEGOS / Ayer, Lombardi hubo de hacer de apagafuegos: «Ha sido una cita que puede dar pie a malas interpretaciones; no es la línea del Vaticano». El diario vaticano L’Osservatore Romano, en su edición de ayer, siguió lamentando «la ofensiva de los medios audiovisuales que celebran la Pascua a su manera, concentrando en la Semana Santa sus críticas a la Iglesia y a la fe cristiana». El diario añadía: «En nuestros países democráticos, los cristianos son todavía ciudadanos iguales a los demás, aunque ciertamente no lo son en el trato que reciben de los medios de información».

«REPUGNANTE Y OBSCENO» / Entre las reacciones por el paralelismo entre críticas al Papa y antisemitismo destacó la toma del rabino jefe de Roma, Ricardo Segni, que en una entrevista al diario La Stampa calificó la comparación como «repugnante, obscena y sobre todo ofensiva», tanto para las víctimas de los abusos como para las del Holocausto. Se trata de «un paralelismo impropio y una caída de estilo», dijo, definiendo las palabras de Cantalamessa como «un insulto» y al interesado como un «insensible».
Segni añadió: «Los abusos del clero sobre menores representan un problema de la Iglesia católica y no somos ciertamente nosotros quienes intervenimos o nos atrevemos con parangones inadecuados». Al rabino Segni le contestó ayer mismo el obispo Michele de Rosa, encargado de la Conferencia Episcopal Italiana para el diálogo con otras religiones: «Tengo la impresión de que los judíos son siempre susceptibles, que enseguida se resienten y se cierran como erizos».

LA RESPONSABILIDAD PAPAL / La comparación realizada por el predicador del Vaticano fue tildada de «insulto» e «impertinencia» por Stephan Kramer, del Consejo Judío Alemán. Por su parte, Marvin Hier, del Centro Simon Wiesenthal, pidió al Papa que asuma «toda su responsabilidad y pida excusas por la analogía vergonzosa». Abraham Forman, director de la Liga Antidifamación, declaró sobre el sermón de Cantalamessa: «De un sacerdote tan experto yo esperaba un conocimiento más profundo sobre el antisemitismo, en lugar de esta horrible comparación».
Las asociaciones de víctimas de abusos del clero insistieron ayer en abominar de que el Vaticano haya «ocultado» durante décadas las agresiones.

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