Roma aprueba un milagro para la beatificación de Pablo VI

Benedicto XVI ya había declarado sus virtudes heroicas

COMENTARIO: Es sorprendente el uso político de estos supuestos milagros. No es sólo la asignación de un hecho "inexplicable" a la intercesión de una persona muerta, asunto más propio de la superstición y las creencias irracionales de cada cual, por tanto un asunto privado de quienes optan por esta vía evasiva, frente a la realidad. Se elige un caso apropiado para defensa de una tesis previa: contra el aborto y en consecuencia contra las legislaciones que lo despenalizan y no criminalizan a la mujer por ello. Otra de las muchas cosas que el nuevo Papa populista vaya a cambiar.


La Congregación para las Causas de los Santos aprobó por unanimidad un milagro atribuido a la intercesión de Giovanni Battista Montini, Pablo VI. Así lo determinaron los peítos teólogos, por decisión unánime, según informó el Vatican Insider.

Lo que resta es que la curación "inexplicable" de un niño que no había nacido, adjudicada al papa, será sometida al juicio de los cardenales y obispos del dicasterio, antes de que papa Francisco lleve a cabo la aprobación final.

El postulador de la causa, el padre Antonio Marrazzo, eligió hace tiempo, de entre todas las indicaciones recibidas, un caso de curación «inexplicable» según los primeros análisis clínicos. El 20 de diciembre de 2012, poco antes de su histórica renuncia al papado, Benedicto XVI proclamó la "heroicidad de las virtudes" de Pablo VI, dando por concluido el proceso canónico. Para la beatificación se necesitaba solamente el reconocimiento de un milagro.

El presunto milagro que Marrazo presentó a la consulta tiene que ver con la curación de un niño que no había nacido, que se habría verificado durante los primeros años de la década de los noventa en California. Durante el embarazo, los médicos habían identificado un grave problema en el feto. Debido a las consecuencias cerebrales que pueden aparecer en esos casos, habían sugerido como única posible solución el aborto. La joven madre se opuso y quiso concluir el embarazo encomendándose a la intercesión de Pablo VI, el Papa que en 1969 escribió la encíclica "Humanae vitae", a pesar de que le habían asegurado que el niño habría nacido con serios problemas tanto a nivel físico como cerebral.

Sin embargo, el niño nació sin problemas. Para constatar la ausencia de consecuencias y su perfecta curación, los médicos esperaron a que fuera adolescente. Se trata, dijo Marrazzo en 2012 a la Radio Vaticana, de un «suceso verdaderamente extraordinario y sobrenatural, que se verificó gracias a la intercesión de Pablo VI». Una curación, continuó el postulador de la causa, «en línea con el magisterio» del Papa que escribió la "Humanae vitae", un milagro relacionado con la «defensa de la vida, expresada en la encíclica, pero también en defensa de la familia, porque aquel documento habla del amor conyugal y no solo sobre la vida que está por nacer».

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