Respuesta a la columna «Ateos no tan ateos»

La siguiente es la respuesta al sacerdote jesuita Alfonso Llano Escobar a su columna "Ateos no tan ateos" publicada en el diario El Tiempo el 4 de febrero de 2012.

Señor Alfonso Llano:

Gracias por dedicarnos a los ateos una de sus columnas. Sin embargo, considero que hay unas precisiones que me gustaría hacerle, como excristiano y ateo desde hace 14 años.

Empieza usted afirmando que los ateos “negamos a Dios”, siendo este tan evidente “como el aire”. Nada más distorsionado. Para negar, primero deberían existir evidencias y estas ser desestimadas y desdeñadas. Un ejemplo de negación es lo que hizo el señor Mahmud Ahmadineyad respecto al holocausto nazi, o más cercanamente, su correligionario, el obispo Richard Williamson, respecto a la misma acción brutal.

La negación del holocausto si es una verdadera negación, porque existen fotografías, fotos, campos de concentración, testimonios de sobrevivientes y algunos verdugos capturados. Incluso, los soldados americanos obligaron a los alemanes que residían cerca del campo de Ohrdruf a enterrar las victimas judías y a limpiar el lugar.

Con dios, o los dioses, no hay tal evidencia. No hay pruebas directas e incontrovertibles de su existencia. El ateo no es un negacionista caprichoso, o que por adoctrinamiento no mira las obvias evidencias, como lo hacen los cristianos creacionistas que niegan la teoría de la evolución biológica. Los ateos se abstienen de creer en dios o dioses, de la misma manera por la que no creen en unicornios. Simplemente no hay pruebas.

La carga de la prueba recae en quien afirma algo, no en quien duda de algo. Los ateos no tenemos que probar que los dioses, las deidades, los ángeles, demonios, duendes y hadas no existen. Son ustedes, los creyentes, quienes tienen que dar pruebas de la existencia de esas estrambóticas entidades.

Y digo estrambótico porque un ser, como el dios que predica su iglesia, con todos los súper poderes: onmipresencia, omnisapiencia, omnipotencia e infinitamente amoroso, pero que jamás se aparecido a toda la humanidad que supuestamente creo a su imagen y semejanza, e indetectable por cualquier aparato humano, suena sospechoso. Extraño también que cuando se aparece lo hace a través de unos pocos elegidos, a los cuales no se les puede cuestionar, so pena de ser llamado hereje, o que hizo grandes prodigios en tiempos pretéritos –como en el relato de la apertura del Mar Rojo – pero ahora que todo el mundo lo podría constatar por la televisión y la internet, no se aparece. A grandes afirmaciones, grandes evidencias. Y en este caso se requieren de manera sólida e incontrovertible.

En la Edad Media, aquella época en que su Iglesia tenía un enorme poder, era lógico creer que sobre las nubes podría estar ese dios al cual se le rezaba. Era comprensible, ya que la Biblia narra que Jesús ascendió al cielo y “una nube lo ocultó” (Hechos 1:9). La tradición católica también afirma que la Virgen María ascendió al cielo. Si, a nuestro cielo físico. No obstante con la llegada de los telescopios y viajes espaciales no vimos, ni hemos visto una Jerusalén celestial, como la que describe Apocalipsis 21. Cosa que habría acabado con el ateísmo hace años.

Dice usted que “Dios es el fundamento de todo cuanto existe”. Demuéstrelo. Hasta ahora las fuerzas fundamentales: la interacción gravitatoria, la electromagnética, la nuclear fuerte y la nuclear débil, son el fundamento de todo cuanto existe. De esto, señor Llano, si hay pruebas, y sería muy tonto dejarlo de lado. Ahora que si el dios judeocristiano Yavhé – porque no creo que usted estuviese hablado de Ganesha o de Yemayá (deidades que actualmente se adoran)- apareciese y diese una conferencia de prensa, la cosa cambiaría.

En su columna comenta que “San Pablo, en el areópago de Atenas, dijo a los sabios atenienses: "En Dios vivimos, nos movemos y existimos". Hechos, 17,28. Y se quedaron en Babia, los muy tontos”. Quizás el despiste de los sabios griegos no fue porque no se dieron de cuenta de la obviedad de la existencia del dios predicado por Pablo. Sino que las pruebas que aportó Pablo eran las mismas que aportaban los creyentes en Zeus y Atenea. Ninguna. Quizás, muchos de esos griegos que escuchaban a Pablo recordaban a Epicuro de Samos, quien más de doscientos años atrás puso en tela de juicio los súper poderes de Dios: “Está dispuesto Dios a prevenir la maldad, pero no puede? Entonces no es omnipotente. ¿Puede hacerlo, pero no está dispuesto? Entonces es malévolo. ¿Es capaz y además está dispuesto? Entonces, ¿De dónde proviene la maldad? ¿No es él capaz ni tampoco está dispuesto? Entonces, ¿Por qué llamarlo Dios?”.

Traer a colación el versículo de Hechos no nos presenta la prueba que requieren nuestras mentes escépticas, más no tercas. Repito: El teísta al afirmar que Dios existe está obligado a demostrar esa postura. Esto se hace ofreciendo "pruebas" físicas o lógicas y tratando de llegar a una conclusión lógicamente convincente. Cuando nosotros, los ateos, les pedimos a los creyentes que presenten su evidencia, esta no es insuficiente para concluir que existe un dios, sin importar cómo se defina "dios". De paso quedaría que nos explicase que lugar físico estaría Jesús y María ahora, si el libro de los Hechos de los Apóstoles, el cual usted cita como autoridad, narra que Jesús ascendió a un cielo físico, con nubes atmosféricas. Nunca simbólicas o alegóricas.

En su columna afirma que “Negar la existencia del verdadero Dios es algo tan absurdo y tan ciego, tan imposible y suicida como negar la luz, el aire, el espacio”. Del aire hay pruebas de su existencia y su composición. Black, Priestley, Cavendish, y otros aportaron pruebas materiales de los gases que conforman el aire. Existe además el anemómetro que permite medir la velocidad del viento. Lo mismo podríamos hacer con la luz. Pero con dios no hay pruebas físicas. No hay base para tal comparación.

Argumenta en su columna que las leyes de la naturaleza son prueba de Dios. Lo que entre líneas es apelar a la necesidad de un diseñador. Pues bien, invocar a un diseñador para explicarse la belleza y elegancia de las leyes físicas no resuelve nada. Más complejo debe ser el diseñador. Y entonces ¿quien diseño al diseñador? Si se admite que nadie, porque él es omnisapiente estamos abriendo un hoyo para tapar otro. Simplemente el ateo, se queda con el Universo, que ha existido de forma natural. El ateo se queda con lo que la evidencia nos muestra que existe, con la naturaleza, que es inmensamente más asombrosa y maravillosa que cualquier cuento teológico. De resto, las tesis sobrenaturales, se aceptarán cuando los creyentes nos aporten las pruebas.

Concluye usted su carta dando un salto gigante de decir que “negar a Dios es un suicidio” a defender la tesis de que Jesús es su enviado. “Nos ha dado a su Hijo, salido de nuestra tierra y de nuestra raza, igual a nosotros en lo humano, infinitamente superior en lo divino”. He ahí que la mente debe hacer otro salto de valla, omitiendo la exigencia de evidencias, para aceptar esto último. ¿Con qué pruebas afirma usted que el predicador de Judea es el enviado de Dios? ¿Tiene usted el documento firmado por dios para probarlo? Sabemos además que usted se adhiere a la doctrina de que Jesús es parte de una divinidad trinitaria, y que tal cosa, así como la existencia de dios se hace por fe y no con razón alguna.

Muchos creyentes sin duda, dejaron de acompañarlo cuando dijo que Jesús fue “infinitamente superior en lo divino”. Judíos, musulmanes y Testigos de Jehová habrán levantado la ceja cuando leyeron tal afirmación. Y arquearon la ceja porque fueron adoctrinados para creer otra cosa sobre Jesús. Así como usted lo fue para creer que es parte de un dios trino. Desde la barrera, nosotros. los ateos, vemos estas discrepancias teológicas como indicio de la subjetividad de todas las religiones, y una oportunidad desaprovechada por dios, que de existir, debería manifestarse físicamente para aclarar su naturaleza (si es cierta la trinidad, y que es el dios verdadero), en una rueda de prensa, o algo similar.

Con razón, su líder, Benedicto XVI pedía en la misa de gallo de la navidad pasada “apearse del caballo de la razón ilustrada”. Y es que no puede ser menos. Hay que apagar el botón de “¿dónde están las pruebas?” para aceptar la creencia en una deidad infinitamente amorosa y omnisapiente, que sin embargo permite el sufrimiento, como el que el obispo Williamson niega, o para aceptar que un hombre pueda nacer de un óvulo sin fecundar con el propósito explicito de ser inmolado para que dios perdone a una especie completa, cuando podría personarla con simplemente decirlo.

Realmente el único suicido que veo, es el de la razón, cuando hacemos de lado el pedir evidencias. Porque una vez que abrimos la puerta a la creencia sin pruebas, cualquier dios se puede colar. Ya sea la diosa Yemayá, o el mayoritariamente adorado Yahvé, o su supuesto hijo humano endiosado.

Ferney Yesyd Rodríguez Vargas.
Colombia
Licenciado en Biología
Coeditor de Sindioses.org

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