Republicanismo, alcaldes y el cielo

Parece que, como las modas, las ideas, la política o la organización del estado, según los lugares y momentos, cambian con una extraña frecuencia. No es nuevo en el caso de la señora Díaz que, según el día o aire, se cubre con la bandera verdiblanca o rojigualda. Tiene su cierta lógica, pues ella sabe “coser” los desgarros que hace, especialmente a su conmilitón Pedro Sánchez. En ello no ha de olvidarse su cercanía con banqueros y grandes patrimonios nobiliarios o no que siguen percibiendo cuantiosas subvenciones y un trato fiscal de amigos. En ese sentido, ella es la primera valedora de la monarquía ante cualquier pronunciamiento. Le importa un comino usar su representatividad de esta tierra, tan bien atendida en la sanidad pimaria u otras, para entrometerse en la defensa de una institución que se desprestigia sóla. No he de recordar por qué don Juan Carlos hoy es rey emérito y don Felipe VI mantiene estrecha amistad con la familia del duque de Villar Mir, muñidor de una importante fortuna durante el franquismo. Dejando de momento, parte de las miserias del tiempo que nos ha tocado vivir, revisemos con más pèrspectiva, esta democracia, tan denostada en sus supuestos dirigentes.

Recuerdo y añoro la sabiduría de José Luis Serrano. Éste desaparecido catedrático de filosofía del derecho , defendía con gran rigor histórico, racional y social el republicanismo. Lejos de quedarse en el ámbito español con la proclamación de 1.931, ahondaba para partir desde las experiencias griegas y romanas. Tanto en Grecia, como en Roma, hay una instauración de la “re pública” cosa del pueblo, a partir de abolición de la monarquía de Tarquino el soberbio en Roma . En Grecia, se llamó “democracia” o poder en manos del pueblo. En el origen de ambas había una ruptura con el poder divino que era el recibido por la monarquía desde la noche de los tiempos. En aquel tiempo existía un gobierno “aerópago” o “senado” controlado por el pueblo en el foro o en la asamblea. En un principio restringindo a los mas pudientes o “patricios”, aunque luego extendido a la plebe o pueblo llano. Aquel periodo de cinco siglos, acabó con la “deificación “ de Octavio Augusto, Emperador de Roma por la gracia de los dioses. Después se han sucedido regímenes más o menos democráticos, algunos con monarquía parlamentaria que recuperaban de manera más o menos clara su vínculo divino. De esa manera, decía Serrano, reaparecían de manera más explícita el poder religioso heredado del hechicero de la tribu. Así volvía a quedar claro que el poder se compartía al menos con la burquesía, el ejército y la magia o tradiciónal. Ésta, con una sabia adaptación a cada tiempo, ha mantenido, entre otras creencias, el patriarcado, que sigue influyendo, y mucho, en nuestro presente. El deterioro de aquel republicanismo vino de la mano del imperialismo. En nuestro tiempo, ha venido también de la mano por el deterioro de la propia democracia. Sobre esa cuestión, hablaremos otro día seguiendo al escritor Gentile y su libro “La gran mentira del pueblo soberano en…”.

En Roma se habían cansado de los truinviratos que venía eligiendo el Senado y de las guerras en que embarcaban al pueblo por el poder entre ellos . En nuestro tiempo, creo yo, que entre la manipulación de los medios, el consumismo subsiguiente, hemos llegado a una sociedad deseducadora sin valores ni responsabilidad colectiva. En ese paisaje lo que vale es la búsqueda de un culpable que nos exonere, aunque sea de manera parcial, de nuestra responsabilidad social Así, achacamos la corrupción que invade las mayoría de los ambientes a los políticos. Olvidamos que son las personas que hemos elegido, que como cualquiera esconden su honradez cuando conviene. Parece mentira que nos olvidemos de lo que decimos hoy, y a la hora de votar lo hagamos por “nuestros ladrones” que decía aquel. Unas veces porque es uno de los míos y/o porque hemos entrado también en el clientelismo que os beneficia. En ese todo revuelto, tanto la clase política como la ciudadanía, mezclamos las churras con las merinas. Ocurre que aquello, que decíamos que era el gobierno en manos del pueblo, lo reducimos a cuestión de creencias. Por eso la representación política, que aspira a eternizarse en el cargo, delega sus tareas para con la convivencia, a la virgen elegida como alcaldesa perpétua. Ole democracia que volvemos a poner, a sabiendas o por pereza para pensar , en manos del cielo.

Antonio Martínez Lara

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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