«Religioso no, pero sí espiritual»

Lo que sigue es una reflexión de Greta Christina, una escritora y blogger a quien leo con gusto desde hace cierto tiempo, sobre la remanida cuestión de quienes dicen no pertenecer a ninguna religión pero a pesar de todo se consideran “espirituales”. No es todo lo que yo diría, pero yo diría todo lo que Greta dijo, y ya es bastante largo así. Lo traduzco tomando las menores libertades posibles. El original (Not Religious, But Spiritual) está en el blog de Greta para quienes sepan inglés.

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Favor de tomar nota: en este artículo voy a ser un poco dura. Considérense advertidos.

Casi con seguridad has oído esta expresión: “No soy religioso, pero soy espiritual.”

Esta expresión no significa necesariamente que la persona sea pro-magufa* (aunque frecuentemente es así). La usan personas que sostienen creencias teístas más o menos tradicionales pero que han abandonado su religión organizada o nunca pertenecieron a una. (Para esa gente la expresión suele ser: “No soy de una religión, adoro a Dios a mi manera.”) La gente la usa para significar que creen en algo aparte del mundo físico: no saben muy bien qué, pero están bastante seguros de que es algo. La usan incluso para decir que encuentran alguna clase de significado y trascendencia en la vida y que no conocen otra palabra o contexto para el significado y la trascendencia aparte de espiritualidad.
 

* N. del T.: “Magufo” es un practicante de una pseudociencia o disciplina basada en el pensamiento mágico. El divulgador escéptico Luis Alfonso Gámez dijo en su momento que él prefiere “el castizo engañabobos”. No hay un nombre específico para los seguidores de los magufos; crédulo es demasiado general e imprecisa. En inglés se usa la muy sonora palabra woo para nombrar a todo este campo del no-saber.


Pero no creo que la espiritualidad desorganizada tenga mayor fundamento que las creencias religiosas convencionales. Y aunque no tenga el mismo poder de maltratar y oprimir que la religión organizada tradicional, sí tiene mucho del mismo poder para hacer tropezar al pensamiento crítico, para anteponar los sesgos personales a la evidencia y para hacer que edifiquemos decisiones importantes sobre cimientos de arena.

Dicho esto, cuando estoy generosa de ánimo, considero esta expresión como proveniente de un deseo totalmente válido de no verse relacionado con los horrores de la religión organizada… pero sintiendo al mismo tiempo cierto tipo de experiencia personal y emocional que quien profiere la susodicha frase cree que es una conexión con Dios. (O con la Diosa, o el mundo espiritual, o lo que sea.) La gente que emplea esta frase está tratando de separar la paja del trigo, de tomar lo que necesitan y dejar el resto. Y si bien pienso que su interpretación de su experiencia es errada (yo pienso que es todo paja y nada de trigo), ciertamente puedo entender ese impulso.

Y a veces, al igual que el deísmo, el tema “espiritual pero no religioso” es una vía de salida, un pasito de bebé hacia el abandono de la creencia religiosa. Para las personas que se están cuestionando su creencia religiosa pero que han sido educadas creyendo que la religión es la fuente de toda moral y significado, “espiritual pero no religioso” puede ser una manera de comenzar a dejar de lado sus creencias sin sentir que están dando un paso hacia el abismo. Y definitivamente puedo ser generosa con eso.

Cuando estoy de ánimo menos generoso, sin embargo, veo esta frase hecha como totalmente condescendiente, con aires de superioridad que no tienen sustento alguno. La veo como una forma de decir: “Soy tan especial e independiente que por supuesto que no tengo nada que ver con esa religión organizada inflexible; soy un espíritu demasiado libre para eso… pero también soy especial y sensible y estoy en contacto con las cosas sagradas y poderosas que hay detrás de este mundo vulgar.”

¿Y cuál es mi problema con eso? Aparte de lo condescendiente, quiero decir.

El problema obvio, por supuesto, es que no hay ni una brizna de evidencia que lo sostenga. No hay más evidencia en favor de la religión desorganizada que la que hay en favor de la religión organizada.

Y en mi experiencia, “espiritual pero no religioso” tiende a ser una forma muy descuidada de espiritualidad. Le falta el rigor tortuoso de la teología cuidadosamente meditada; la disciplina, aunque sea sin propósito, de la práctica religiosa ferviente. Con gran frecuencia, “espiritual pero no religioso” parece querer decir: “creo en alguna forma de mundo sobrenatural pero no estoy dispuesto a meditar mucho sobre eso ni a considerar seriamente si el mundo espiritual en que creo es coherente o tiene sentido.”

Una razón bastante más importante es que creo que “espiritual pero no religioso” juega completamente a favor de la idea de que la creencia religiosa —perdón, creencia espiritual— lo hace a uno una mejor persona. Lleva consigo un cierto estar a la defensiva, como si la persona estuviera en realidad diciendo: “No voy a ningún servicio religioso ni practico ningún ritual religioso… pero no soy una mala persona. Por supuesto todavía siento una conexión con Dios/mi alma. No he caído hasta el fondo de la zanja. ¿Por quién me tomaste?” Contribuye a la idea de que el gozo y el valor de las cosas, la trascendencia y el significado, tienen que venir de lo espipritual, es decir, del mundo del espíritu, de lo sobrenatural.

Pero creo que mi mayor problema con la frase “espiritual pero no religioso” es el tema de la supuesta vulgaridad del mundo.

Si ser “espiritual pero no religioso” realmente quiere decir que uno se considera en contacto con las cosas sagradas y especiales más allá de este mundo físico ordinario… entonces pienso que eso refleja una muy pobre actitud hacia el mundo ordinario.

El mundo físico es cualquier cosa menos ordinario. El mundo físico es agujeros negros en el centro de cada galaxia espiral. Es billones de galaxias alejándose unas de otras a velocidades vertiginosas. Es materia sólida que no es sólida: partículas que no pueden ser vistas ni con el más poderoso microscopio, separadas por abismos de nada. Es seres vivos que están todos relacionados a través de una tatara-tatara-tatara…-tatara-abuela. Es un espacio que se curva y continentes que se mueven. Es células de tejido orgánico que de alguna manera generan una consciencia y un sentido de sí.

Cuando uno se toma el tiempo de aprender sobre el mundo físico ordinario, encuentra que es de todo menos ordinario.

Y creo que eso de “No sigo ninguna religión organizada pero sé que debe haber algo más en la vida que lo que vemos” es un serio insulto a la asombrosa y compleja vastedad de lo que vemos.

Como un blogger o comentarista cuyo nombre no recuerdo ahora escribió una vez: el tema de “espiritual pero no religioso” es tratar de quedarse con lo mejor de ambos mundos, pero en realidad recibir lo peor. Es mantener la parte de la religión que es indefendible, la creencia en seres invisibles que no tiene ni una pizca de evidencia a favor; de hecho, la parte de la religión que considera a esos seres invisibles como más reales y más importantes que el mundo físico real en que vivimos. Es quedarse con la parte de la religión que devalúa la razón, la evidencia y el pensamiento cuidadoso, para poder aferrarse a cualquier idea loca que te resulte atractiva. Es quedarse con la parte de la religión que dice que la moral y los valores equivalen a creen en amigos invisibles. Es quedarse con la parte de la religión que involucra revestirse a uno mismo de un sentimiento de superioridad motivado únicamente por una supuesta conexión con un mundo invisible.

Es quedarse con todo eso… y abandonar la parte de la religión que es comunidad, ritual compartido, obras de caridad y un sentido de pertenencia. Es tirar la única manzana buena del barril, quedarse con las podridas, y después darse uno mismo una palmadita en la espalda y decir: “¡Cuántas manzanas que tengo!”.

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