Religión, ¿fuera o dentro de la escuela? Europa Laica lo tiene claro, religión confesional fuera de la escuela

El debate sobre religión sí o no dentro de la escuela ha sido recurrente entre los partidos en la última campaña como suele ser habitual, pero también es un tema controvertido dentro de la propia comunidad educativa, dividida en torno a una asignatura cuyo número de alumnos se reduce año tras año.

Este curso 2018-19 la asignatura de Religión ha sido elegida por 3.303.193 estudiantes (el 61,99 % del total), lo que supone una pérdida de 255.883 alumnos en los dos últimos cursos, según la reciente estadística de la Conferencia Episcopal Española (CEE).

En un acto con motivo del 40 aniversario de los acuerdos España-Santa Sede (firmados el 3 de enero de 1979), el director Jurídico Civil de la CEE, Silverio Nieto, señaló ayer : «Si nos atenemos a lo que dicen los partidos políticos, la religión podría salir de la escuela publica, lo que situaría a España en una situación de excepción respeto a la mayoría de países de la UE».

Recordó que es una asignatura obligatoria en el Reino Unido, Finlandia o Grecia, y opcional en Alemania y Bélgica.

Pero la polémica sobre esta asignatura va más allá de ese derecho, salpicando a su presencia o no dentro del horario escolar, si debe ser evaluable o si su nota debe tenerse en cuenta para optar a una beca.

Europa Laica tiene claro que la religión «debe salir de las aulas».

Lo destaca a Efe su portavoz, Juanjo Picó, que recuerda que más de 60 organizaciones tienen en marcha una campaña para exigir que «la religión confesional salga de la escuela, del horario escolar y del currículo».

«Se trata de una reivindicación antigua para evitar el adoctrinamiento de los menores», señala Picó, que también aboga por «la desaparición paulatina y ordenada de los conciertos» (centros concertados) ya que el 80 % de ellos «están en manos de la Iglesia católica».

Insta a que los alumnos estudien religión como «elemento transversal» y como un «componente cultural, artístico, antropológico o histórico».

Pero «la clave» para cambiar la situación se encuentra en los Acuerdos firmados con la Santa Sede hace ahora precisamente cuarenta años, en 1979, recalca Picó.

«A la luz del principio de libertad religiosa, la acción educativa respetará el derecho fundamental de los padres sobre la educación moral y religiosa de sus hijos en el ámbito escolar.En todo caso, la educación que se imparta en los centros docentes públicos será respetuosa con los valores de la ética cristiana», fija esos Acuerdos.

Los recuerda también el presidente de la Federación Católica de Asociaciones de Padres de Alumnos de Valencia (FCAPA), Vicente Morro, que defiende la educación religiosa en los colegios como permite «la legislación vigente y sentencias del Constitucional».

«Lo mínimo que puede hacer alguien que cree en el Estado de Derecho es aceptarlo mientras no se cambien las leyes», enfatiza Morro, quien argumenta: «En la actualidad nadie tiene derecho a imponer el laicismo en las escuelas».

La campaña «#yo elijo», respaldada por esta Federación y otras asociaciones y entidades civiles, pretende que los padres puedan escoger la educación que quieren para sus hijos, incluida la clase de Religión.

Desde los docentes, Jesús María Losada, presidente de la Federación Estatal de Profesores de Enseñanza Religiosa (Feper), respalda «una clase de Religión con una dependencia más academicista que eclesiástica».

Losada, profesor en un colegio público de Cáceres, asegura que no nota en su clase de Religión un menor número de alumnos, si acaso en Bachillerato, aunque reconoce que, «si hay menos rentabilidad» sobre dicha materia en cuanto a notas, los estudiantes la escogerán menos.

Critica que se trate de «una materia sometida constantemente a presiones políticas» y argumenta que en clase «hay más tranquilidad» que la que hay fuera al hablar sobre ella.

Según la estadística «Las cifras de la educación en España», del departamento de Isabel Celaá con datos del curso 2016-17, esta materia es seguida de manera muy dispar por el alumnado según las comunidades, de manera que los alumnos extremeños la eligen de forma mayoritaria mientras que en Cataluña es prácticamente residual.

Con la Lomce del PP, la Religión pasó a tener una asignatura espejo, es decir, se obligaba de elegir entre ella y otra, y su nota contaba. Anteriormente el alumno que no la escogía tenía una hora de estudio o una hora libre.

En su proyecto de ley educativa (Lomloe), Celaá pretende que la Religión no tenga una materia alternativa y que su calificación no cuente.

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