Religión en las aulas. Cuando la Historia Universal es el Génesis

Con la religión la LOMCE ha ido un paso más allá: ha conseguido no contentar a nadie. A unos por seguir en el aula, a otros por tener pocas horas

Las posturas más enfrentadas se dan entre los padres. La asociación progresista rechaza su presencia. La católica cree que complementa la formación

Ustedes provendrán del mono, yo no”. Con esta impactante sentencia arrancaba el curso el sacerdote Gonzalo Redondo en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Navarra, ante un auditorio atónito que revisaba en su horario que efectivamente estaba en clase de Historia Universal y no en la de Teología.

De aquello hace casi 20 años, pero una con-fusión similar podríamos vivir hoy al leer el Boletín Oficial del Estado del 24 de febrero de 2015: “Dios ha creado al ser humano para que sea feliz en relación con Él. Los relatos bíblicos de la Creación y el Paraíso ejemplifican bellamente la finalidad de la creación de la persona y del mundo entero para su servicio”. Este texto creacionista figura en el currículo de la enseñanza de Religión Católica de la Educación Primaria y de la Educación Secundaria Obligatoria y ha sido redactado por la Conferencia de Episcopal Española. Es este organismo el encargado de redactar y decidir los contenidos de la asignatura de Religión en España. Aproximadamente 3,5 millones de alumnos españoles (un 63%) la eligieron el curso pasado.

Según la Constitución, España es un Estado Laico y aconfesional, pero el sistema educativo escapa a estas consideraciones y tanto la religión como la Iglesia han estado presentes en todas las leyes educativas de la democracia, ya que los Acuerdos Vaticanos firmados en 1979 con rango de ley superior siguen siendo el marco regulador de esta relación.

Más de 3.000 millones de dinero público

Hoy la Iglesia sigue recibiendo cada año cerca 3.600 millones de euros del Estado, según la memoria económica de la Conferencia de Episcopal. De ellos, 610 van destinados a pagar los salarios de los 15.000 profesores de religión, que elige y acredita la propia Conferencia de Episcopal para que impartan clase tanto en los centros públicos como en los concertados.

Además, se destinan 4.900 millones a los centros concertados, entre los que hay 2.453 centros católicos, según Escuelas Católicas. Estos colegios educan a 1,4 millones de estudiantes, aproximadamente el 18% del total de alumnos.

Desde Europa Laica denuncian que, a pesar de que las escuelas concertadas han perdido alumnos en favor de la pública en los últimos seis años, las administraciones han mantenido un trato de favor hacia ellas. “Mientras se ha recortado un 10% el gasto en la pública, se incrementado en un 6% la inversión en la concertada”, asegura Francisco Delgado, presidente de Europa Laica y autor del libro La Cruz en las Aulas (Ed. Akal) que hace un completo análisis y repaso de la presencia religiosa en las escuelas.

15.000 “delegados diocesanos”

Existen en España 20.000 personas que imparten religión en los casi 24.000 centros (públicos, privados concertados y privados) que hay en todo el país. De ellos, 15.000 lo hacen en alguno de los 17.000 centros escolares de titularidad pública. Esos profesores los designa la Conferencia Episcopal, que los renueva cada año, y se les permite completar su horario impartiendo otras materias cuan-do no hay suficiente alumnado.

Desde Europa Laica denuncian que es
“una puerta trasera de entrada a la función pública, ya que sin pasar oposiciones tienen más derechos que los interinos, que sí son funcionarios, y están presentes en los claustros”. Además, alertan de que en ocasiones “se dedican a hacer proselitismo católico, con su propaganda, velando porque haya crucifijos en las aulas, belenes en Navidad, y porque la moral religiosa tenga un estatus y una visibilidad en cada centro”, señala Delgado.

Se da también una notable diferencia entre los docentes católicos y los de otras confe-siones que no reciben su salario del Estado y necesitan un mínimo de alumnos por centro que deseen cursar la materia para impartirla. Apenas son 500 las personas que imparten religión evangélica e islámica en toda España (las comunidades judías no han designado a nadie).

Profesores en conflicto

J. es profesor de religión en un colegio concertado de monjas que prefiere no dar su nombre. Además de religión imparte Ciencias Naturales, Lengua y Filosofía. “Necesitaba ampliar la carga horaria así que me acredité como profesor de Religión”, explica. Cada año tiene que renovar la autorización que demuestra que es una persona “de bue-nas costumbres”, lo que cree que es también una herramienta de control. “Si temes que te despidan, controlas mucho no molestar al jefe”, explica.

Cuando se le pregunta cómo aborda temas que entran en conflicto con Ciencias o Filosofía, explica que opta por plantearlo a modo de debates entre los alumnos, de ma-nera que sean ellos quienes reflexionen. Al trabajar en un centro concertado católico, considera que tiene una posición privilegiada porque la mayoría de alumnos elige su materia, pero no siempre es tan fácil. “Algunos compañeros de centros públicos tienen que ganarse al alumnado cada año, y optan por un enfoque lúdico, con manualidades, en el que sea fácil aprobar y nadie salga herido, y así se aseguran el trabajo al año siguiente”, explica.

A. fue profesor sustituto de religión en un centro concertado perteneciente a una fun-dación de inspiración católica. En su caso ni siquiera tenía la acreditación de la Conferen-cia de Episcopal para impartir la materia, lo que no fue impedimento para hacerlo. “En realidad nadie controlaba lo que impartía o no en clase, así que pude adaptarlas bastante y salté los temas conflictivos, como los modelos de familia”, recuerda.

La Lomce: cambios que no convencen

Con los cambios normativos y el paso a la LOMCE, ha cambiado el peso de la religión en las aulas. Con la LOE, la materia era de oferta obligatoria para los centros, pero de elección voluntaria por parte del alumnado, sin asignatura alternativa con contenidos y las notas no contaban para el expediente académico.

Con la entrada en vigor de la LOMCE en el curso 2014-2015, se cursa en (al menos) una clase a la semana de 45 minutos en los centros públicos y dos en los centros de ideario católico. Sigue siendo de oferta obligada y voluntaria para el alumnado, pero la nota de la asignatura hace media en el expediente académico y podrá contar para solicitar becas. Además, se ha establecido una materia alternativa Valores Sociales y Cívicos, en Primaria, y Valores Éticos en Secundaria Obligatoria, que también cuentan para la media. En Bachillerato, la religión forma parte de las asignaturas específicas optativas, en los dos cursos.

¿Cuánto y qué se estudia en Religión?

“Los nuevos contenidos de religión católica, diseñados por el clero, tienen que ver con la doctrina e historia sagrada. Entre otras cuestiones se habla de la liturgia, de Dios creador, o de la crucifixión y la resurrección, y se han suprimido los contenidos sobre otras religiones e introducido la oración”, explica en su libro Cruz en las Aulas Francisco Delgado.

J., como profesor de Religión, no se muestra muy satisfecho y cree que la Iglesia con la LOMCE ha radicalizado su postura y se aleja más aún de la sociedad. “Ofrece una visión muy escolástica, apologética, sin plantearse cómo hacer compatibles estos principios con la pluralidad social”, explica. Cree que hay una segunda intención en este planteamiento “como notan que hay mucho menos movimiento parroquial y menos cultura religiosa quieren convertir la religión en catequesis. Hasta ahora la clase de religión servía para entender aquello en lo que se creía y eso se pierde”, explica este docente, al que indigna que la Iglesia solo se “haya movilizado en España contra el aborto y el matrimonio homosexual, mientras miles de familias eran expulsadas de sus casas por ser pobres sin que reaccionara”.

Delgado cree que al reducir el número de horas se convierten los contenidos en doctrinarios. “Ahora se difunden mensajes eclesiásticos excluyentes e intolerantes: niegan al que no piensa como ellos; condenan la homosexualidad y la sexualidad libre y placentera y rechazan el papel igualitario de la mujer. No aceptan los distintos modelos de familia, se oponen a los anticonceptivos artificiales o no aceptan la muerte digna. Y esos contenidos doctrinales deberían estar en las parroquias, las mezquitas o las sinagogas, no en la escuela que se paga con dinero público”.

Pero los cambios normativos tampoco convencen a la Conferencia de Episcopal. Su portavoz, José María Gil Tamayo, explicó en la presentación de la LOMCE que creen que el derecho a escoger religión no está garantizado. “En algunas autonomías la asignatura queda en Primaria con 45 minutos sema-nales, insuficiente para proporcionar una mínima educación de calidad, que supone además una reducción del 50% del tiempo en la LOE”, aseguró. Además, apunta que “en Bachillerato la religión queda a merced de la opción libre de los centros y las autonomías e incluso de los centros, sin tener en cuenta los Acuerdos Vaticanos, que dicen que debe ser de oferta obligatoria y de elección voluntaria”, concluye.

La guerra de los padres

Las dos posturas más irreconciliables sobre la religión en las aulas las mantienen las aso-ciaciones de padres. Jesús Salido, presidente de la progresista Ceapa, Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, que según sus datos agrupa a 12.000 APAS, rechaza la presencia de la religión en las aulas por considerar que los “dogmas religiosos, y la oración pertenecen a la esfera privada y familiar y su enseñanza no debe ser financiada con dinero público”. Además cree que la Iglesia Católica ha asu-mido posturas “intolerantes” e imprime un ideario a centros que financia el Gobierno con fondos públicos. Respecto a la LOMCE, cree que beneficiará a la materia de religión. “Si te obligan a elegir, la asignatura cuenta para media y te juegas el poder estudiar una determinada carrera o conseguir una beca, pues los alumnos y familias optarán por la maría, que es el camino fácil”, concluye.

En el lado opuesto, Luis Carbonel, presi-dente de la CONCAPA, la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos, que dice representar a tres millones de familias, asegura que su organización “defiende el derecho de las familias a educar sus hijos conforme a sus convicciones siempre, y no dependiendo del gobierno de turno ya que la materia de religión debe ser libre y voluntaria”. Para él no sirve que la enseñanza religiosa se quede en las parroquias o en los templos porque “forma parte del proceso educativo una educación en valores cristianos presen-tes en el mundo occidental, que es indispen-sable para la concepción de la persona”.

Su organización entiende la escuela como “un complemento de la educación en la familia” y asegura que es una “imposición que se quiera impedir que quién quiera estudie religión en el centro. Además, complementa moralmente la formación de nuestros hijos y ayuda a entender la histo-ria, que no se puede entender si no se ha estudiado la religión”, concluye.

CAMPAÑA POR UNA ESCUELA LAICA

Para acabar con lo que los detractores de la Religión en las aulas consideran una “anomalía”, Europa Laica anzó este año la campaña ‘Por una Escuela Pública y Laica ¡Religión fuera de la Escuela!’, que ya han suscrito un centenar de asociaciones entre las que se encuentran los sindicatos CC OO y UGT.

La campaña consiste en un contrato electoral para que los partidos incluyan en sus programas “la no financiación con dinero público del adoctrinamiento religioso en los centros escolares (sacando la religión confesional de la escuela e ir suprimiendo los conciertos educativos) y la derogación de los Acuerdos con el Vaticano y los acuerdos con otras confesiones”

Según Delgado, estos acuerdo s internacionales y la obligatoriedad de cumplirlos han servido a diferentes gobiernos para no abordar la religión en la escuela.
“Tragaban argumentando que los acuerdo internacionales no se pueden romper, pero con la crisis de los refugiados están incumpliendo cinco acuerdos internacionales y aquí no pasa nada”, apunta.

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