Religión en las aulas

Tal vez estemos equivocados y José Ignacio Wert no haya sido el ministro de Educación más incompetente de toda la democracia y de la etapa final del franquismo. Tal vez Wert, en realidad, fuera un visionario que, intuyendo por dónde iba a ir el mundo, con un Trump sostenido y alentado por los sectores más ultrarreligiosos estadounidenses, con una Turquía en plena involución de su laicismo oficial, con un islamismo fundamentalista en Oriente Medio financiado por petrodólares de monarquías medievales, con un Putin con añoranzas zaristasen una Rusia ortodoxa, con un gobierno de Israel siempre sostenido por partidos ultraortodoxos y con una Europa que filtrea con una extrema derecha que reivindica sus raíces cristianas, lo que pretendía con la LOMCE era que las futuras generaciones se fueran armando ideológicamente para una futura cruzada. Esta sería quizás la explicación a que en pleno siglo XXI una reforma educativa que se presupone que debería ser moderna y duradera haya potenciado la enseñanza de la Religión en los centros educativos como no había sucedido desde que se reinstauró la democracia. Ejemplo de ello no es solamente que la nota de religión vuelva a tener valor académico sino que la religión también se imparta en segundo de Bachillerato, algo que nunca había ocurrido.

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