Religión aparte (X) Ciudadanía educada

Los que siempre hemos defendido la transversalidad de la educación en valores no podemos estar satisfechos. La transversalidad es la piedra de toque para que los maestros seamos educados, o sea, nos pongamos al día constantemente, aprendiendo a pensar, argumentar, respetar y escuchar. Hace más de quince años, un compañero me preguntó que para cuándo la revolución. Le contesté: «Para ahora mismo: que cuando un maestro hable en un claustro los demás lo entiendan; y si no, al menos lo escuchen». Los que estamos a diario en los colegios sabemos que lo mejor hubiera sido un buen desarrollo de la LOGSE  y no más leyes. «César, no tienes ninguna autoridad sobre los gramáticos (maestros)», le decía Suetonio a la autoridad competente en su “De viris illustribus”. Esto se lo dijimos al PP y ahora se lo decimos al PSOE.

Los que estamos a diario en los colegios sabemos que no podemos dejar de estudiar y aprender, porque sabemos que «es mejor morir aprendiendo que nacer sabiendo». No obstante sabemos bastante.

  Acabamos de aprender de los Objetores a la “Educación para la ciudadanía” dos fundamentos para su objeción: Las fuentes de la Educación y el analfabetismo religioso.

 Para  nosotros las fuentes de la Educación no pueden ser otras que la convivencia, que es la que ha dirigido las relaciones humanas a través de los siglos, de ahí que tenga más fundamento por su carácter secular el laicismo, ya que ha sido anterior a cualquier inventario religioso. La religión con todos sus valores, no puede hacer dejación del respeto, que para todos va siendo un gran valor. No nos hablen de raíces cristianas de Europa, cuando las religiones de nuestro entorno han elevado sus copas (y capas) sobre las raíces “paganas” de Europa. No sería oportuno alegar las barbaridades llevadas a cabo por los humanos que no tenían religión, ya que la historia nos ha completado la nómina de los autores de tantos sinsabores a través de la historia. Son muchos de estos autores los que han contado con una no despreciable guarnición de creencias incluso religiosas.

 No nos vale, tampoco, la prueba de fuego del analfabetismo religioso, ya que tantos sacerdotes que dejaron sus ministerios y también sus creencias no tienen nada de analfabetos religiosos. 
 Es más, conocemos maestros de Religión que no iban a misa ni los domingos, como hacen muchos que piden la Religión para sus hijos. También sabemos que hay profesores de Religión (seglares, laicos) que no son ni maestros ni licenciados, y dudamos que sean una autoridad en materia religiosa. Como muestra cada dos por tres nos llegan opiniones de las jerarquías que no se sostienen ni con los evangelios abiertos de par en par. Pues eso, no digamos del profesorado que cuenta con un curso de Teología. Todo el mundo, lo reconozco, tiene derecho a creer lo que quiera, pero cada día son más los que se han dado cuenta de que toda la “ciencia religiosa” no pasa de ser unos buenos comentarios de textos.
 Gente buena y maravillosa la hay en todos lados y nos consta. El tema no está en llegar el primero a adoctrinar para asegurarse la afiliación, sino en dejar margen a la educación y el respeto para que la libertad construya una ciudadanía respetuosa con todos y respetable.

  No es de extrañar, en los tiempos que corren, que muchos nos demos cuenta de que la infalibilidad le patine al actual Papa como le traicionaba al anterior.

 La laicidad tiene un oportuno efecto resaca, que va quitándoles la arena de debajo de los pies a muchos, y es ese el temor de las jerarquías que temen quedarse sin clientela.
    José Mª. Maestro de Primer Ciclo de Primaria

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