Relaciones Estado-Iglesias

Entrevista: Manuel López, periodista español, director de la revista Foto y colaborador de la revista "Protestante Digital". Mariano Blázquez Burgo, secretario ejecutivo de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), estará presente en los próximos días en la cumbre de Quito sobre relaciones Estado-Iglesias. El caso de la experiencia evangélica española será objeto de especial atención.

ML: ¿Qué hay de trasvasable en su opinión de la experiencia de FEREDE a la realidad de las iglesias de América Latina y el Caribe?

MB-Sin duda la asunción por FEREDE de una interlocución evangélico-protestante única, en representación tanto de las instituciones e iglesias históricas como las de nueva implantación. Sólo desde este planteamiento nos está siendo posible en España continuar peleando por un Estatuto más igualitario para todas las confesiones religiosas.

En este sentido, estimo que la fórmula es del mismo modo perfectamente válida y deseable en América. Sólo hay una fórmula instrumental para poder derribar barreras que todavía persisten y que lo que hacen es consolidar desigualdades y  no es otra que la creación de federaciones nacionales, una federación en cada país, que aglutine a todos y cada uno de los colectivos e instituciones.

“Para relanzar y conseguir avances cualitativos en las relaciones Estado-Iglesias es preciso tener una voz única”

Esto implica dejar posicionamientos políticos y doctrinales particulares y centrarse en ellos elementos esenciales de nuestra fe  y práctica religiosa en aras del bien común. La desunión paraliza y sólo beneficia a los enemigos del Evangelio.

Por el contrario, la unión en una interlocución común de todas las iglesias protestantes y evangélicas, permite la convergencia en una acción conjunta y facilita la negociación con las autoridades del Estado diversos asuntos como podría ser el estatuto básico de la libertad religiosa aplicable a todas las confesiones religiosas.

ML-Con la creación de una gran federación de federaciones en cada país que usted propone, ¿no cree que se acrecienta el riesgo de una excesiva profesionalización eclesiástica, que toda la acción institucional protestante acabe quedando en asunto interno de los despachos eclesiásticos? 
 
MB.-Bien al contrario, ese riesgo existe en las instituciones cerradas en sí mismas, en sus propias dinámicas endogámicas. La unión hace la fuerza y la fuerza evangélico-protestante tiene que manifestarse, permítame la redundancia,  forzosamente en intercomunicación de ideas y transparencia informativa bajo la premisa de “luz y taquígrafos”.

En un mundo de comunicación, necesitamos líderes que aglutinen ideas que sean representativas del mundo evangélico y comunicadores que las transmitan a la sociedad de una forma comprensible y coordinada.

ML-¿Cuáles son, en su opinión, las líneas maestras para la creación de federaciones nacionales únicas?

MB-Lo primero, obviamente, es que haya conciencia de que nos necesitamos unos a otros si queremos avanzar en la causa común de eliminar barreras que  impiden la comprensión y el desarrollo del Evangelio.

Lo segundo es que el Estado también demanda o al menos agradece una interlocución única.

A partir de ahí, cabe discutir criterios mínimos hasta definir lo que bien puede llamarse el “mínimo común”. Este mínimo común yo lo fundamentaría en tres pilares: ayudarse las iglesias entre sí, ayudar a la sociedad y ayudar al Estado.

En el primer pilar las iglesias deben aunar criterio sobre el tema básico del termómetro de la libertad religiosa en cada país: grado efectivo de separación Estado-Iglesias, sensibilidad religiosa del Estado, igualdad de trato a todas las confesiones y libertad de las iglesias para el desarrollo de sus fines.

El segundo pilar tiene que ver con la actuación de las iglesias en asuntos de interés público como puede ser la construcción de la paz, la eliminación de heridas del pasado, la discriminación de género o la eliminación de las causas sociales de la pobreza.

Por último, el tercer pilar consiste en la ayuda de las iglesias al Estado para promover leyes más justas, sin que ello implique una politización partidista de las iglesias.

ML-Frente al concepto al uso de “laicidad”, usted aboga en España por la “neutralidad” del Estado en materia de religión. ¿Cree que resultará fácil implantar este criterio en un país como España de una tradición casi ininterumpida de confesionalidad católico romana? 
 
MB-Es cierto que para algunos el Estado Español debería seguir primando a la confesión religiosa que en su día fue la religión oficial del Estado, ya que se considera que esa alianza político religiosa es uno de los elementos de la identidad nacional.

Para otros la religión debe quedar relegada a la esfera de la intimidad personal y de libertad de conciencia, sin que deba existir ninguna conexión con la esfera pública.

Pero existen posiciones intermedias que nos parecen más constructivas. Cuando hablamos de transición desde el nacional-catolicismo hacia un régimen de igualdad y convivencia plural de las religiones nos referimos precisamente a superar estas ideas.

Necesitamos reconstruir la identidad del Estado tamizando nuestra tradición e historia con los valores que se asientan en la Constitución y los Derechos Humanos. Estos valores democráticos, derechos y obligaciones constituyen el marco que debe ofrecerse a todas las confesiones religiosas.

Un marco que incluye cauces tanto para la vida privada como para el libre desarrollo institucional y un ámbito de participación en la función pública, sobre todo en aquellas áreas que tengan que ver con la paz social, la solidaridad etc.

En este marco de referencia, al Estado sólo le cabe ser neutral. Esto es, no tomar partido ni favorecer a ninguna confesión religiosa en particular y respetar y hacer respetar por igual a todas las confesiones con notorio arraigo, tal y como la propia Constitución española establece.

ML-Usted se ha manifestado a favor de la desaparición de la mención a la Iglesia Católica en la Constitución Española ¿Qué opinión le merece la no mención en la Constitución Europea a “raíces religiosas” de ningún tipo? ¿Va a hacer la FEREDE alguna recomendación en la votación en España de la Constitución Europea, y en qué sentido?

MB-Por lo que respecta a la Constitución Europea, hemos constatado que dentro de las iglesias hay opiniones a favor de la mención del cristianismo en el texto constitucional, pero también hay opiniones contrarias.

Mi opinión personal es que la Constitución no es un texto en el que deba mencionase a ninguna confesión religiosa. Esto es aplicable en Europa, España y en cualquier otro lugar.

ML-Por último, ¿qué papel juegan los inmigrantes latinoamericanos en las iglesias evangélicas de España? ¿Puede hablarse de integración en la vida normal de las iglesias?

MB-El fenómeno de la inmigración, con la problemática que conlleva, es sin duda uno de los puntos candentes de actual reflexión de los colectivos evangélicos en España.

En el momento actual nuestro principal objetivo es la necesidad de afrontar una verdadera transición desde un Estado confesional a una sociedad plural, multiétnica y multicultural en la que el principio protestante de la tolerancia sea uno de los valores de referencia.

La inmigración de América Central y América Latina está siendo un elemento vitalizador  para la gran mayoría de las iglesias evangélicas de España. Por primera vez en la historia entra gente en nuestras iglesias sin haber sido llamada y sin prejuicios religiosos.

En líneas generales, la inmigración americana tiene un buen nivel de adaptación, especialmente en aquellas iglesias que tienen una atención pastoral específica a inmigrantes.

Existen diferencias culturales, de pensamiento, de costumbres y también de sensibilidades litúrgicas de los inmigrantes con la población española lo que requiere un gran esfuerzo convergente por ambas partes: de las iglesias evangélicas, en admitir su diferencia, y de los inmigrantes, para aceptar la cultura de la sociedad española, que es una sociedad de acogida.

Si no se hace este esfuerzo, se formarán guetos. Se perdería oportunidad de profundizar en ese elemento clave en el desarrollo de la sociedad española actual  que es la multiculturalidad. Inmigrantes y nacionales nos necesitamos mutuamente. Desde las iglesias no podemos perder de vista que extranjeros… lo somos todos en este mundo mientras vamos camino de la Patria Celestial.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...