Ratzinger y Sarkozy quieren una Francia confesional

La visita del Papa a París reabre el debate sobre la laicidad

La foto tiene algo de absurdo, pero el entramado es perfectamente lógico. Es absurdo que el papa Ratzinger se reúna con Carla Bruni, símbolo de todo lo que el catolicismo aborrece. Pero es lógico porque el papa Ratzinger necesita reconquistar una Francia donde ya nadie va a misa, y Nicolas Sarkozy quiere reconfesionalizar a las clases populares de su país y combatir así lo que él llama "el desierto espiritual de nuestras barriadas".

La visita pastoral iniciada por Ratzinger ayer a Francia es, en muchos sentidos, la visita de la última oportunidad. Lo es para los militantes de la causa laica, que llevan encajando golpes bajos desde 2002, cuando Sarkozy, al frente del Ministerio de Interior y Cultos, empezó a aumentar los fondos destinados a la religión católica.

Última oportunidad, también, para la Iglesia, que intenta conservar el control de lo que colaboradores del presidente llaman "un país con un amplio manto de Iglesias".

Las organizaciones laicas han suscitado un debate sobre la visita de Ratzinger. Marc Blondel, ex secretario general del sindicato Fuerza Obrera, destacó ayer que "se está ocultando el coste de la visita" asumido por el presupuesto público francés.

Protegido como un presidente

Blondel puso en duda la legalidad de financiar el despliegue policial para proteger a Ratzinger. Señaló que, al estricto pie de la letra del derecho internacional público, el Vaticano no es un Estado, y por lo tanto Rat-
zinger no tiene por qué gozar de la protección acordada por Francia a los presidentes en visita oficial.

Ese grito de lo que aquí se llama los 'laicards' (defensores a ultranza de la laicidad) tiene algo de canto del cisne frente al dispositivo Sarkozy, que cuela goles por todas partes a la República laica.

Tras una reunión privada con el papa, el presidente insistió ayer en la "laicidad positiva" como "una invitación al diálogo, la tolerancia y el respeto". Aseguró que para las democracias sería "una locura" privarse de las religiones.

En realidad, la laicidad positiva es algo mucho más perverso. Es una auténtica reconfesionalización de la sociedad, con un trato diferencial a cada religión: judaísmo, cristianismo y budismo, bienvenidos; islam y animistas, fuera. Contraviniendo el principio legal que dice que la República "no reconoce, ni emplea ni da salario ni subvenciona a ningún culto", Sarkozy permitió en 2007 multiplicar por dos los fondos públicos concedidos a confesiones cristianas y hebreas .

El presidente también dio su plácet al aumento de fondos para los institutos de secundaria católicos concertados. Y, al mismo tiempo, presiona contra la concesión de permisos de construcción de mezquitas y apoya los vetos administrativos a la apertura de institutos de secundaria musulmanes concertados.

Una agenda apretada

El pontífice pronunció ayer un discurso ante el mundo de la cultura y se reunió con representantes de la comunidad judía francesa. Ante ellos, declaró que la Iglesia se opone a cualquier forma de antisemitismo y recordó las palabras del papa Pío XI en 1938: "Espiritualmente todos somos semitas". Ratzinger añadió que siente "el deber de rendir homenaje a todos aquellos que han muerto injustamente y a todos los que han trabajado para que los nombres de las víctimas no se olviden".

El papa viajará hoy a Lourdes y participará en los actos conmemorativos del 150 aniversario de las apariciones de la Virgen.

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