Ratzinger pide que haya crucifijos en los edificios oficiales

Benedicto XVI defendió ayer, durante la homilía de la misa celebrada en su residencia veraniega de Castelgandolfo, que el crucifijo permanezca en los edificios oficiales para poner de manifiesto que "Dios está presente en la vida pública".

Ratzinger censuró la creencia actual, muy extendida según él, de que si el ser humano arrincona a Dios y sigue únicamente sus propias ideas y voluntad será libre. "Donde desaparece Dios el hombre no se convierte en algo más grande, sino que pierde la dignidad y pasa a ser el fruto de una evolución ciega", aseguró. Por ello el Papa cree importante que la figura de Dios este presente en casas privadas y edificios públicos a través del crucifijo.
El Papa alemán se adentraba así en una controversia que afecta de lleno a Italia, donde, a pesar de ser un país laico, el crucifijo pende de las paredes de muchas escuelas públicas. Y los intentos de que sean retirados siempre han fracasado.

En el 2003, por ejemplo, el líder de una comunidad musulmana acudió a los tribunales para que las autoridades retiraran uno de esos símbolos de la escuela de su hijo, situada en Ofena, en el centro de Italia. Un juez le dio la razón, pero el funcionario que debía ejecutar la resolución se negó a hacerlo y la alcaldesa de la población cerró el edificio para sortear la sentencia, que está a la espera de un recurso.

UNA SENTENCIA CONTESTADA

Por entonces, el diario de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, reaccionó contra la sentencia judicial, calificándola de "absurda y ofensiva". "A los cristianos –decía el diario– nos pueden quitar muchas cosas, pero la cruz, como símbolo de salvación, no nos la quitará nadie. No permitiremos que pueda ser excluida de la vida pública".
En aquella ocasión, Juan Pablo II también intervino, aunque de forma más velada, destacando el valor social del patrimonio religioso. Y los abogados del Estado se pusieron del lado de la Iglesia y desempolvaron dos decretos de 1924 y 1928 que justificaban la exhibición de crucifijos.

A finales del 2004, el Tribunal Constitucional italiano se negó a admitir a trámite una petición de un juzgado regional que reclamaba la retirada de los crucifijos de las escuelas.

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