Ratzinger ataca laicidad en España

El sr. Ratzinger llegó el sábado a España en su primera visita oficial a este país con el compromiso de promover y defender a la familia «fundada en el matrimonio». La visita está marcada por la clara línea ultraderechista, eclesiásti

La visita que el papa Benedicto XVI realiza a España este sábado y el domingo, durante la cual clausurará el Encuentro Mundial de las Familias, está enmarcada por  las críticas que le formula la izquierda y las organizaciones de homosexuales.

La iglesia se posiciona como defensor de la vida humana, pero llama pecadores a aquellas personas que prefieren defenderse de la muerte causada por el SIDA, utilizando un preservativo. Así condenan a la muerte lenta a millones de personas en países dónde aún goza de mucha influencia y donde la población vive en la miseria tras siglos de explotación brutal estimulada y justificada desde la  Santa Sede”.  Álvaro del Portillo, el primer prelado del Opus en España, definió la posición de esa organización al presentar un libro en esta cita católica, al señalar que en España "la familia es atacada con odio por toda una corte de becerros del poder, del dinero y del placer que no toleran que sea un dique de contención ante quienes van contra la ley natural".
Otro asistente al Encuentro, Kiko Argüello, fundador del Camino Neocatecumenal, fue más allá porque, según expresó, el problema no está solo en España ya que "toda Europa se dirige al desastre, está andando hacia la apostasía dentro de un cambio global". La concepción de la familia sustentada por los organizadores del Encuentro, la Iglesia Católica, el PP y grupos afines es diferente y hasta se podría decir opuesta a la de la mayoría de la población española y de su gobierno, que aprobó leyes que legalizan el matrimonio homosexual y apoyan el derecho al divorcio. Producto de esa legalización se incorporó al Código Civil un artículo que dice que "el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio conforme a las disposiciones de este Código. El matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo".
No es novedad que el sr. Ratzinger encabece este tipo de debates oscurantistas, lo cuales son muy respetables en su forma de pensar, lo que es reprochable es que quiera imponer su pensamiento oscurantista a los demás desde un Estado teocrático, El Vaticano, a un gobierno democráticamente electo y laico como el de España. En un documento borrador (“Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación”, 1984) que se filtró a la prensa y que finalmente fue cambiado por las presiones recibidas, Ratzinger definió la teología de liberación como “la gran herejía de nuestro tiempo” y estipuló que “La teología de la liberación constituye un peligro fundamental para la fe de la Iglesia, porque se trata de una nueva forma de comprensión global y de realización del cristianismo en su totalidad, y que por esto cambia todas las formas de la vida de la Iglesia, su constitución jerárquica y sacerdotal, la liturgia, la catequesis, las opciones morales. Se trata de una nueva interpretación del cristianismo, cuya gravedad no se valora suficientemente porque no entra en ninguno de los esquemas tradicionales de herejía”. La arremetida dirigida por Ratzinger contra este movimiento rebelde dentro de la iglesia fue acompañada por una campaña sistemática (en varios estados) de asesinatos a decenas de religiosos y laicos ‘herejes’. Cinco años después del borrador de Ratzinger, por ejemplo, cayeron asesinados 6 jesuitas, ‘culpables’ de promover esta teología que ponía en duda la validez de una iglesia que no se pusiera del lado de los pobres.

A los religiosos que entran en la política desde la izquierda, se les aparta de su parroquia o de su profesión como teólogos, por ejemplo. A los obispos que no cesan de meterse con la política desde la derecha más conservadora, se les premia con ascensos en la carrera religiosa. Mientras en el estado español se inicia un proceso de paz que pueda acabar con decenas de años de conflicto, a la Conferencia Episcopal no se les ocurre pedir a los católicos rezar por la Paz, no, se les pide rezar por la unidad de España. Ese estado que sólo pudo formarse a base de sangrientas conquistas y de la limpieza étnica de la mano del la misma Iglesia. Nada ha cambiado en los últimos 500 años.

Respetables las posturas de este ser humano como cualquiera de los que habitamos este bello planeta, sin embargo, hay que tener cuidado con exaltar fundamentalismos y totalitarismos del pasado, cualquier extremo es dañino y si gustan debatir públicamente vamos a hacerlo, la historia no se ha equivocado y ya sabemos el resultado.

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