Rajoy y la estupidez «interplanetaria»

La semana pasada fue noticia en los medios que la actriz Cayetana Guillén ofrecía a su pequeño hijo una «bienvenida civil», o , en términos administrativos, una «ceremonia civil de otorgamiento de ciudadanía»; dicho de otro modo, esta madre no bautizó a su hijo mediante el rito católico; es decir, no le adhirió, sin su consentimiento, a las filas de una organización religiosa que pretende poseer el monopolio de todos los ritos sociales (además del monopolio de casi todo, incluídas las conciencias). Bodas, bautizos y comuniones se convierten en este país en, además de en un enorme negocio, en una exclusividad de la confesión católica.

Conozco, incluso, a ateos y agnósticos racionalistas que, por unas cosas u otras, acaban casándose en ceremonias religiosas y bautizando a sus hijos. Las ideas y las convicciones personales suelen replegarse, para muchos, ante la presión de las tradiciones y los hábitos sociales impuestos secularmente por la tiranía del poder religioso. Es desalentador que haya gente que «milite» en religiones por ignorancia, pero lo es aún más que lo hagan por estupidez, por mimetismo o por desidia.

No ha sido éste el caso, y a este niño afortunado se le ha dado la bienvenida entre lecturas de los artículos de la Carta Magna de los Derechos Humanos y de los Derechos del Niño, entre el humanismo y la grandeza de los versos de Benedetti (..se leyó su poema «No te salves»), y, lo que es más importante, entre la complicidad de sus padres, familiares y amigos, quienes desean para él, estoy segura, que sea un ciudadano feliz, tolerante y libre, y que le queden muy lejos los miedos impuestos, las culpas prefabricadas, los dogmas irracionales y los sectarismos que promueven la anulación de los derechos humanos y el rechazo a la libertad y la felicidad.

Pues bien, al líder del PP, señor Rajoy, le parece muy mal este acto de coherencia, de libertad, y de lucidez; y se apresuró, raudo y veloz, a catalogar públicamente este acto civil y laico como «una ridiculez interplanetaria» (…). Le reconozco al señor Rajoy el mérito de encontrar adjetivos calificativos surrealistas y cuyo significado nada tienen que ver con el concepto que pretenden calificar…; pero le recuerdo que era en la dictadura franquista cuando la confesión católica era una obligación impuesta en la vida política y social española…. ¿acaso pretende el PP lo mismo?

Le recuerdo que existen valores que se llaman «plu-ra-lis-mo», «res-pe-to», «lai-cis-mo» y «to-le-ran-cia», que son la esencia misma de lo que significa la palabra «de-mo-cra-cia»; que no sirve saber sólo deletrear estas palabras como un papagayo que ignora lo que dice, que hay que conocer su significado, y que hay que asumir esas ideas magnánimas en los idearios propios si se quiere vivir en un Estado democrático, máxime si se aspira a ser Presidente del mismo.

Le recuerdo que el pensamiento único no es democrático, es despótico y dictatorial, y que, al igual que los católicos son muy libres de cumplir con los ritos que crean convenientes, los no católicos tienen, igualmente, el mismo derecho a ejercer su libertad que, por cierto, suele estar fundamentada en el conocimiento y en la reflexión, y no en la estupidez supina de los que se creen lo primero que les cuentan sin pararse a cuestionarlo.

Como demócrata convencida aplaudo iniciativas de los ciudadanos para ejercer la libertad de pensamiento y de creencias. Y, como demócrata convencida, intento ejercer la tolerancia ideológica, aunque reconozco que me es tremendamente difícil ser tolerante con los intolerantes, con aquellos que ofenden y difaman a los que no piensan o actúan según sus apolillados y «ridículos e interplanetarios» pre-supuestos. Como demócrata convencida, deseo que la tolerancia y la libertad de conciencia en este país sea un hecho real; aunque percibo, atónita, que es algo que no se contempla en la ideología de esta derecha del PP, que parece añorar la inhumana teocracia que sometió vilmente la libertad de los españoles durante cuarenta años.

Coral Bravo es Doctora en Filología y miembro de Europa Laica

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