Rajoy, el monaguillo de Rouco Varela

Mariano Rajoy vaticinó ayer un panorama económico y social muy sombrío para 2012. El paro –según señaló el presidente del Gobierno en el Congreso de los Diputados – crecerá más aún a lo largo del año en curso. Entre los argumentos utilizados en su defensa, incluyó “la pésima herencia recibida”. “Es difícil imaginar –subrayó el jefe del Ejecutivo- un punto de partida peor”.

En poco tiempo, apenas dos meses, Rajoy no parece haberse dado cuenta de que ha perdido dos puntos, conforme ha desvelado el CIS. Eso es muy significativo y poco habitual. Quiere decir que no sólo no se ha consolidado como presidente del Gobierno, sino que su imagen política ha empezado de nuevo a devaluarse.  Al fin y al cabo, Rajoy siempre había aparecido muy por debajo de José Luis Rodríguez Zapatero.

El vendaval de la crisis
Fue la estruendosa caída de Zapatero -en medio del vendaval de la crisis- la que acabó con el presidente socialista y abrió las puertas de La Moncloa a un Rajoy  que subió como la espuma a base de no hacer nada  y de culpar de todos los desastres al PSOE y al jefe del Ejecutivo. El responsable era, sin duda,  Zapatero –clamaban los voceros mediáticos de los populares-, como si la crisis hubiera sido una simple ocurrencia del leonés. Ahora, sin embargo, se lamenta, alude a la “herencia recibida” y sostiene que no ha habido “un punto de partida peor”.

¿Confianza a los ciudadanos?
Ahora Rajoy dice estas cosas. Pero, mientras tanto, olvida o desecha acordarse de que él y los suyos habían reiterado en muchísimas oportunidades y en voz alta que, una vez retirado Zapatero y con un Gobierno popular  transmitiendo confianza a los ciudadanos, a los mercados, a las agencias de calificación, a la Unión Europea y a los organismos financieros más relevantes,  la coyuntura cambiaría de inmediato. Se nos repetía que iban a recuperarse paulatinamente, aunque con firmeza, la prosperidad y el número de empleados.

El portavoz ahora mudito
En septiembre, a dos meses de las elecciones generales, Esteban González Pons -ese portavoz actualmente mudito, que ya no habla- se instaló en el número circense del “más difícil todavía”, augurando que el Gobierno del PP crearía tres millones y medio de puestos de trabajo. Ayer, Rajoy tuvo que reconocer la “crítica” y “grave” situación en la que se encuentran los parados, advirtiendo  que  se incrementará el desempleo.

Ejecutivo tambaleante
Rajoy, por lo demás, preside un Ejecutivo tambaleante y en absoluto cohesionado, donde cada cual da la impresión de que va a lo suyo. Si se hubiera producido en el Gobierno socialista la mitad de las meteduras de pata que se observan fácilmente en  algunos integrantes del Consejo de Ministros, habría rugido la marabunta amarillista insultando a Zapatero. De hecho no pararon de insultarle a él y, sobre todo, a sus ministras, martirizadas por la caverna desde tan sólo minutos después de haber prometido el cargo.

Y RTVE, tampoco
Lo único que ha hecho Rajoy es subir los impuestos, plegarse a la CEOE con la reforma laboral, provocar probablemente  una huelga general y convertirse en el monaguillo del cardenal Rouco Varela al grito de aborto, no; homosexuales, no, feministas, no, y RTVE, tampoco. COPE, Alfa&Omega, Intereconomía y el resto, sí, ¡aleluya!

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