Rafael Gallego. Granada Laica: «España no es aconfesional; es confesional de forma oculta»

«A los sacerdotes y los obispos no les preocupa lo que piensan los católicos porque cobran del Estado», afirma el catedrático de la Universidad

-¿Qué es Granada Laica?

-Es una asociación que defiende la libertad de conciencia y lucha contra la discriminación religiosa y por el laicismo, no entendido como ir contra ninguna religión, sino contra que el Estado se inmiscuya en la religión y viceversa.

-Piden la equiparación entre las creencias religiosas y la ausencia de creencias religiosas. Sin embargo, en España parece no tener mucho arraigo esa postura: parece que la religión es 'necesaria'.

-Las encuestas no dicen eso. Todo el mundo tiene convicciones, que proceden de su educación religiosa, política… Pero no pedimos la equiparación en el sentido de que en las escuelas haya clase de humanismo ateo, como en Bélgica o en Suecia. Para ello habría que crear una organización a nivel nacional que negociara los temarios, y eso es lo contrario a un derecho individual de los padres a que se respeten sus creencias religiosas o convicciones morales. Porque nosotros también tenemos convicciones morales.

-Son partidarios de que la educación religiosa sea impartida de forma privada por las iglesias o confesiones fuera de la escuela.

-Sí, como ya ocurre con la catequesis. Así se organiza en países que consideramos muy religiosos, como Estados Unidos. Sería impensable que se diera religión en las escuelas. No puede haber crucifijos, ni rezos. El Estado no financia las actividades de culto.

-El Gobierno de Zapatero ha tomado algunas decisiones que han disgustado a la Iglesia Católica. Pero no se ha atrevido a dar un paso más, por ejemplo, revisando los acuerdos con la Santa Sede o el sistema de financiación de la Iglesia.

-La financiación de la Iglesia la van a revisar ahora, al parecer, pero nos tememos que van a aumentar el tanto por ciento en la casilla del IRPF. Los obispos quieren que en vez de el 0,52% sea el 0,8% para que les cuadren las cuentas. Cuando se obtuvo el 0,52% se calculó en función del número de católicos. Pero en la práctica no hay tantos católicos. Y el número va bajando.

-A veces, en el intento de disimular el apoyo estatal a la Iglesia Católica, se presta una atención especial a la religión musulmana. ¿Está de acuerdo con ese mecanismo de compensación?

-Eso es empeorar el problema. Primero porque enquista la situación con la Iglesia Católica dándole carta de naturaleza a la ayuda del Estado a la promoción religiosa. Pero incluso influye en la propia organización de las religiones. Los musulmanes o los protestantes, que no tienen una jerarquía, han tenido que organizarse, adaptarse al patrón de la Iglesia Católica. Hay un proceso de selección natural: si el Gobierno pone una cierta cantidad de millones, alguien los va a coger, y quien los coja tendrá el poder para difundir su visión del Islam o del protestantismo. Es una política muy perniciosa.

-¿A qué país debería imitar España para convertirse en un estado realmente aconfesional?

-El modelo europeo es Francia, donde una ley de 1905 estableció la separación entre el Estado y la Iglesia. A mí en concreto me gusta el modelo estadounidense. Aunque es un país muy religioso, la Constitución establece esa separación y se respeta. En parte porque hay tal diversidad de credos…

-También la Constitución española dice que el Estado es aconfesional….

– La Constitución española es un batiburrillo. Por una parte dice que ninguna religión tendrá carácter estatal y a continuación dice que el Estado tendrá en cuenta las creencias de los españoles y colaborará con la Iglesia católica. España no es un Estado aconfesional, sino, como lo denomina Puente Ojea, 'criptoconfesional', es decir, de forma oculta, confesional: recauda los impuestos de la Iglesia; si no hay suficiente le da más; obliga a los colegios públicos a ofrecer la religión católica; paga a los profesores… En España el modelo es el alemán, y Alemania es un país confesional donde hay iglesias de Estado: la católica y la luterana.

-Tanto la Iglesia como el Gobierno aseguran a menudo que la mayoría de los españoles son católicos. ¿En qué datos se basan? Teóricamente, ¿no es el propio hecho de contar a los católicos una intromisión en la libertad de conciencia?

-El artículo 16.2 de la Constitución dice que nadie puede ser obligado a declarar sobre su ideología o su religión. Pero el 16.3 convierte la religión en un hecho sociológico, donde no hay que preguntar sino hacer encuestas: 'El Estado tendrá en cuenta las creencias de la sociedad española'. Pero no hay luz y taquígrafos, yo no sé qué números manejan los obispos, los imanes o los pastores protestantes a la hora de negociar con el Gobierno. Es imposible conocer las creencias de la sociedad española. Argumentan que el 80% de los niños escoge Religión: claro, porque durante años la alternativa ha sido 'aparcarles' en las salas de estudio o la biblioteca, y muchos padres han preferido que aprendan algo en una clase que no les parece perjudicial. Eso no prueba que sean católicos.

-La Iglesia ha perdido su liderazgo en cuestiones morales, pero mucha gente sigue siendo reacia al laicismo. ¿Por qué?

-La gente educada en la religión católica una de las cosas que tiene más inculcadas es el respeto a la jerarquía. Si sus sacerdotes critican el movimiento laicista, ellos no buscan más información sobre qué es lo que de verdad propugna: no que se le quite nada a la Iglesia católica, sólo los privilegios, lo que no es suyo. Muchas veces se ha dicho que Jesús fue el primer laicista al decir aquello de 'a Dios lo que es de Dios y a César lo que es del César'. Esa desconexión procede de que los sacerdotes y los obispos no tienen que rendir cuentas a sus parroquias, porque sus sueldos los reciben del Estado. Ellos pueden seguir predicando en su torre de marfil, sin preocuparse de qué piensa la gente que tienen enfrente, porque si el cepillo está vacío, van a recaudar más por parte del Estado.

-Una encuesta reciente revelaba que Andalucía es una de las comunidades con más católicos…

-En Andalucía está muy arraigada la religiosidad popular. Muchas romerías y peregrinaciones han sido resucitadas por los ayuntamientos de la democracia: tradiciones medio moribundas se han convertido en fiestas populares. Es muy fácil tirar de esas cosas en vez de inventar una fiesta popular en la que pueda participar todo el mundo, desde el que lleva diez años allí hasta el inmigrante que acaba de llegar. La gente no tendría por qué ir detrás de una virgen para celebrar la fiesta de su pueblo. Tengo un amigo ateo practicante al que le gusta mucho la Semana Santa: para él es una expresión festiva, emotiva… forma parte del folclore popular. Eso no implica que esa gente haga caso a los sacerdotes o que los obispos puedan hablar por ellos. Ni mucho menos.

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