«Quieren darles facilidades para que maten o hagan matar a sus hijos»

El arzobispo de Pamplona plantea pena de cárcel para los médicos que practiquen abortos

El arzobispo emérito de Pamplona y Tudela, Fernando Sebastián, se ha pronunciado sobre la reforma de la Ley del Aborto que prepara el Gobierno y, como la mayoría de las veces, sus declaraciones están cargadas de dureza. El prelado, además de calificar la reforma como un “escarnio” y el aborto como un crimen, acusa al Ejecutivo de querer darles a las madres “facilidades para que maten o hagan matar a sus hijos”.

No es la primera vez que las declaraciones de Sebastián provocan polémica. En su currículo cuenta con peticiones de voto para la Falange Española en 2007, comparar la muerte digna con la crucifixión de Cristo o asegurar que “los católicos vieron a Franco como un liberador”. Su ataque contra la reforma del aborto lo realiza ahora desde la columna que le brinda Libertad Digital, el diario de Federico Jiménez Losantos.

Licencia para matar
“A estas horas toda persona medianamente culta sabe que un aborto voluntario es un homicidio premeditado y alevoso”, asegura Sebastián en su blog. Para quien “abortar voluntariamente es destruir violentamente una vida humana en el seno materno”. Afirma que la intención de “nuestro gobernantes” no es otra que dar a las mujeres españolas “facilidades para que maten o hagan matar a sus hijos”.

“Es siempre un crimen”
Sebastián también lanza un llamamiento a “todas las personas honestas y decentes de España, creyentes y no creyentes” para que hagan ver que “la mejor ley de aborto es la que prohíba cualquier forma de aborto voluntario, sencillamente porque es siempre un crimen”.

Otro punto de vista
Sebastián asegura que el principal problema es ver el aborto desde el punto de vista de los adultos, en lugar de usa la visión del feto sobre el que se aborta: “Eso es como interpretar el robo desde el punto de vista de los intereses de los ladrones”, dice el arzobispo, y añade que “el primer afectado por el aborto es el niño rechazado, troceado, asesinado”. Acusando a los abortistas de usar sofismas, él mismo utiliza un planteamiento que, cuanto menos, es discutible: “¿Si no es lícito matar a un niño recién nacido, por qué va a ser lícito matarlo unas cuantas semanas antes de que nazca?”

Cárcel para los médicos
Se esfuerza también en recordar que “los antiabortistas queremos que las mujeres que abortan vayan a la cárcel”. Aunque en seguida matiza: “No digo lo mismo de los profesionales que practican los abortos”. “Lo que queremos es que el aborto sea considerado como lo que es, como un crimen inhumano y destructor, en vez de presentarlo como un derecho y una solución”, explica. A lo que tienen “derecho” las mujeres es “a no tener hijos”, y para ello el arzobispo les pide que pongan “los medios morales y congruentes”, sin nombrar, obviamente, los medios anticonceptivos.

El amor como solución…
Pero no todo el lenguaje de Monseñor Sebastián gira en torno a palabras como “muerte”, “crimen” y “asesinar”. El arzobispo pide“amor” como solución al aborto. “Fomentar el amor y el servicio a la vida en el marco de un amor personal y estable, esa es la mejor ley contra el aborto, señora ministra”, recomienda Sebastián. Además, pide para las mujeres embarazadas “respeto y cariño”, así como “subvenciones, residencias, facilidades en el trabajo y la vivienda”. “Eso es progreso”, asegura, “lo otro es egoísmo, inhumanidad, corrupción, nihilismo”.

…junto a la castidad
Sin embargo, el amor no es la única solución que ofrece Monseñor Sebastián. Otro remedio efectivo sería “la educación de la castidad en los jóvenes”. Según el arzobispo, se está implantando en nuestra sociedad una “exaltación del sexualismo salvaje” gracias al “silencio cobarde de casi todos”. Por ello recuerda a “las familias católicas, los colegios católicos, las parroquias, los intelectuales y los educadores en general, que quieran ser fieles y honestos”, la necesidad de “dar un paso al frente y reaccionar”.

“El abortadero de Europa”
Monseñor Sebastián concluye su discurso pidiendo “un debate sereno y de altura”, parafraseando a la ministra Aído. Un debate en el que “todos los católicos y todas las personas honestas sean capaces de hablar y de manifestarse con claridad y libertad”. “Todo, para no ser cómplices de esa matanza silenciosa, hipócrita y cruel, de los cien mil abortos anuales” pide el arzobispo, asegurando que la permisividad ante el aborto “está haciendo de nosotros una nación degradada y corrompida”, además de convertirnos en “el abortadero de Europa”.

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