Quienes tragaron con la Formación del Espíritu Nacional claman contra la Educación para la Ciudadanía

No levantaron, los jerarcas de la Iglesia católica española, la voz contra la asignatura Formación del Espíritu Nacional, obligatoria a lo largo de los cuarenta años de la Dictadura. Se la tragaron, vaya sí se la tragaron. Entraban en las aulas de los colegios o escuelas de la época aquellos profesores falangistas que impartían sin recato la doctrina del 18 de julio, la teoría totalitaria de un Régimen impuesto por la fuerza de las armas.

¿Cómo iban a protestar contra esa asignatura si -en el fondo y aun en la forma- la llamada Formación del Espíritu Nacional era una de sus asignaturas? ¿Cómo iban a protestar, si ellos mismos formaban parte sustancial del tinglado del Movimiento y algunos hasta ocupaban cargo directamente políticos como procuradores en Cortes, por ejemplo?


Intoxicados
Vivían los españolitos de esos tiempos intoxicados, asfixiados, por el nacionalcatolicismo. A los amnésicos o a los incrédulos –o simplemente a los cínicos- habría que recomendarles la lectura de El florido pensil, escrito por el profesor Andrés Sopeña Monsalve, o su otro libro espléndido, La Morena de la Copla. Reflexión pastoral de monseñor Pablo Gúrpide, obispo de Bilbao en los años sesenta, condenando la “inmoralidad” de las películas: “Por esos caminos de inmoralidad, llegaremos, más pronto o más tarde, a las mismas metas y a las mismas situaciones pasadas, que reclamarán de nuevo la puesta en marcha del bisturí potente, que saje el tumor canceroso de la nación”. Bisturí potente: otra oleada de represión sangrienta.


Al menos hasta el codo
El 8 de diciembre de 1943, el obispo de Málaga, monseñor Santos Olivera, dictaba “normas concretas de modestia femenina”. Entre otras, éstas: “Es contra la modestia el llevar la manga corta de manera que no cubra el brazo al menos hasta el codo. Muy dignas de alabanza son las que llevan siempre manga larga (…)” “Es contra la modestia no llevar medias”. “Los bailes modernos (…) por el modo de abrazarse el hombre y la mujer, constituyen (…) pecado grave de lujuria o por lo menos de escándalo”.


No había libertad
Les parecía normal a los pastores de la Iglesia que los falangistas adoctrinaran a los alumnos, como ellos hacían con todos los españoles desde el púlpito. Entre prelados católicos y discípulos fervorosos de José Antonio Primo de Rivera, este país fue transformado en una teocracia: “Voy por rutas imperiales caminando hacia Dios”. No había libertad. La democracia estaba proscrita. La censura más férrea controlaba a periódicos, radios y, más tarde, también a TVE, por supuesto.


Películas “inmorales”
Pero ahora numerosos clérigos de alto rango -desde cardenales a obispos-, sostienen impertérritos que la Iglesia católica, en la España de las libertades, sufre persecución. Exhortan a promover una cruzada con el fin de boicotear la asignatura Educación para la Ciudadanía, a la que le atribuyen probablemente las perversiones más siniestras. Claman contra la nueva asignatura. Deben de pensar que esta asignatura va –como las mujeres malas- sin medias y con la manga corta, presta a bailar con espantosa lujuria al estilo de películas “inmorales”, como Mogambo, Bus Stop o Matrimonio a la italiana.

Aunque lo disimulen
Llaman a la guerra santa contra la Educación para la Ciudadanía. Invocan el relativismo, el agnosticismo, el ateísmo. Actúan como los imanes o los ayotalás más integristas. Sucede que les enoja no poseer el monopolio de la educación de los niños y de los jóvenes. Durante el franquismo llegaron a tener ese privilegio, en parte compartido con los falangistas. Se sienten incómodos en democracia, aunque lo disimulen. Y más con un Gobierno de izquierdas. El Dios al que invocan es de derechas. Como casi todos ellos. La Iglesia a la que representan dice ser católica y apostólica, pero ni siquiera es romana. Más bien es genovesa.

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