Quiebra uno de los negocios del Arzobispado de Santiago de Chile

Columbarios construidos en las parroquias católicas. El precio del servicio fluctúa entre 1.000 y 2.000 dólares, según el servicio contratado

«Dios puede resucitar a aquel cuyo cuerpo se descompuso en la tierra o del que fue cremado»

El lunes 4 de mayo de 2015, la Corte de Apelaciones de Santiago declaró la quiebra de Acoger Santiago S.A., compañía donde participan San Arturo S.A. (de propiedad de Álvaro Fuenzalida, ex gerente de SOCOVESA) y el Arzobispado de Santiago.

Acoger S. A. creó el negocio de los memoriales en las parroquias de Santiago. Para participar en dicha actividad el Arzobispado estableció la Fundación de Cementerios Católicos y puso como presidente al padre Rodrigo Tupper, ahora desplazado de esas responsabilidades precisamente por los problemas financieros derivados de este negocio.

Con el desarrollo de los cementerios parque en los años 80, los cementerios tradicionales perdieron interés comercial. Afectado el Cementerio Católico de Santiago, en el año 2006 el empresario Alvaro Fuenzalida se asoció con el Arzobispado de Santiago para desarrollar un nuevo modelo de negocio, consistente en los servicios de cremación con el resguardo de las cenizas de los difuntos en memoriales o columbarios construidos en las parroquias de la Iglesia. Para ello se creó la Fundación de Cementerios Católicos, dependiente del Arzobispado de Santiago, que entregó la concesión exclusiva de administración, conservación, desarrollo y comercialización de los columbarios a su socio, el Sr. Álvaro Fuenzalida Lizama.

Esto se implementó cuando era arzobispo de Santiago el cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, quien grabó un video publicitario que nunca se difundió, donde explicaba que “En muchas parroquias se van a abrir columbarios, de tal manera que las cenizas puedan reposar ahí y la familia pueda ir a ese lugar a recordar al abuelo, al tío o al papá. Rezar por ellos y sentirse acompañados. Son costumbres nuevas. Son posibles. Lo que importa, naturalmente, es que no se hace por un desprecio del cuerpo o a la vida eterna. O sea, Dios puede resucitar a aquel cuyo cuerpo se descompuso en la tierra o del que fue cremado”. (The Clinic, 21 de agosto de 2008).

El negocio consiste en la venta de un servicio futuro que se realiza con el fallecimiento del “beneficiario contratado” y contempla la venta de la urna, el velatorio, el servicio religioso, la incineración y la custodia perpetua de las cenizas. El precio del servicio fluctúa entre $ 600.000 y $1.200.000 (mil a dos mil dólares), dependiendo del tipo de servicio contratado y la ubicación de la parroquia. La forma de pago contempla un crédito de largo plazo con cuotas mensuales cercanas a los $10.000 (17 dólares).

Algunos memoriales como el de la Parroquia Santa María de Las Condes o el del Santuario del Cerro San Cristóbal tienen una capacidad para 1.300 ánforas, por lo que cada uno de ellos ofrece la posibilidad de generar ingresos por cerca de 2 millones de dólares. Más de 50 parroquias de Santiago suscribieran dicho negocio.

Considerando una capacidad promedio de 500 ánforas por columbario, los ingresos esperados superarían los 40 millones de dólares. Pero, después de siete años de gestión, el negocio no prosperó en los términos supuestos, originando importantes problemas financieros que llevaron a la presentación de cuatro solicitudes de quiebra. Consistente con ello, la Corte de Apelaciones de Santiago declaró recientemente la quiebra de Acoger Santiago S.A, a solicitud de uno de sus acreedores, a saber Corpvida S.A., designando como síndico provisional a María Antonieta Ried Undurraga y como síndico provisional suplente a don Herman Chadwick Larraín.

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