¡Qué vergüenza, monseñor Rouco, qué vergüenza!

El silencio de la mayoría de los jerarcas de la Iglesia española ante la crisis inacabable que padecen, y cada vez más, muchísimos ciudadanos -sobre todo los más débiles- es estruendoso. Es fundamentalmente impúdico.

Rouco Varela, sus cardenales y obispos afines pasan olímpicamente de cuanto está sucediendo al respecto en nuestros país. No son capaces siquiera de evocar aquella impactante parábola de Jesús de Nazaret sobre el rico Epulón y el pobre Lázaro. ¿La recuerda al menos la jerarquía eclesiástica?

Religión de Estado
Sólo  predican estos capellanes -con mando en plaza- cargando contra las bodas gays, el aborto, los condones, el relativismo,  los socialistas y otros partidos de izquierdas. Son represores al máximo desde que el cristianismo pasó a ser una religión de Estado.  Ya lo escribió Miguel de Cervantes en El Quijote: “Con la Iglesia hemos topado [o dado], amigo Sancho”. Conviene, en efecto, no olvidarse de la Inquisición y sus  hogueras asesinas.

Entregado al poder político
Rouco calla para no enojar al Partido Popular y, especialmente, al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Entre el poder político y los indignados -que cada uno de ellos tiene más razón que un santo- el cardenal arzobispo de Madrid, y presidente de la Conferencia Episcopal Española,  está entregado al poder político  conservador.

El pago del IBI
Rajoy le perdonó al jefe de la Iglesia el pago del IBI. Ahora sabemos además que no sólo el Gobierno no ha recortado los dineros, que son millones de euros enviados a la Iglesia, sino que este año se incrementará esta partida de los Presupuestos Generales del Estado.

Los mercaderes del templo
Rouco y sus comparsas se parecen a los mercaderes del templo. Cuando Jesús de Nazaret les echó a latigazos les dijo: “No hagáis de la casa de mi padre un mercado”. Rouco y los suyos lo siguen haciendo. No han condenado, con una carta pastoral, al capitalismo salvaje o al neoliberalismo, que se esparce violentamente por la senda de la crisis. Ni han criticado la política anticrisis de Rajoy ni han condenado a Epulón y sí al pobre Lázaro. ¡Qué vergüenza, monseñor Rouco, qué vergüenza!

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