¿Qué sabe realmente de la Navidad?

      La palabra Navidad proviene de la palabra «Natividad», que viene del latín «Nativitatem», que significa «nacimiento». El mundo religioso la aplica propiamente al nacimiento de Jesucristo.
A esta fiesta en lengua inglesa se le llama «CHRISTMAS» (Christes Maesse), que quiere decir «Misa de Cristo» y es celebrada en la misma fecha.
Esta enseñanza no es bíblica porque no encontramos nada con relación a la Navidad como una celebración; ni Pedro, ni Pablo, ni Juan, ni ninguno de los apóstoles nos hace mención de dicha fiesta, por lo cual se entiende que no la celebraron, ya que los primeros cristianos nunca celebraron sus cumpleaños.
La iglesia romana con su astucia volvió a poner su «sello de santidad» a una fiesta paganizada. Poco a poco iba engañando a los sinceros cristianos que por falta de la luz de las Sagradas Escrituras no podían discernir el fraude, ni saber que en ninguno de los Evangelios Dios hace mención de que sus hijos celebren los cumpleaños. Los verdaderos cristianos sabían que ésta era una costumbre que observaban los paganos y nunca celebraron un cumpleaños.
Es quizá por esta razón que no se sepa a ciencia cierta Cuando nació Jesucristo.
Los dos cumpleaños que registra la palabra de Dios están mezclados con dos asesinatos:
Génesis 40:18-22 nos dice que para su cumpleaños el Faraón mandó matar al panadero y Mateo 14:6 nos dice que Herodes mandó matar a Juan el Bautista.
Con la instauración de la Navidad también se recuperó en Occidente la celebración de los cumpleaños, aunque las parroquias europeas no comenzaron a registrar las fechas de nacimiento de sus feligreses hasta el siglo XII.
En consecuencia ni la Iglesia primitiva guardó esta fiesta.
Pero entonces surge una incógnita… ¿De dónde proviene la Navidad?

NAVIDAD FIESTA PAGANA
Desde hace miles de años, y para las culturas y sociedades más diversas, la época de Navidad ha representado el advenimiento del acontecimiento cósmico por excelencia, del hecho más fundamental de cuantos podían garantizar la supervivencia del hombre pagano o campesino -pagus significa aldea y paganus aldeano o rústico-, del nacimiento -o, mejor dicho, renacimiento anual- de la principal divinidad salvadora.

La historia nos dice que al aceptar el emperador romano Constantino el grande la doctrina de Jesús(?) [sic], de ahí en adelante empezó a cristianizar muchas festividades paganas. Hasta el semanal día del Señor de los cristianos es una idea que tomaron prestada de los paganos.
Originalmente los cristianos respetaban el Shabat de los judíos, el Sábado, pero Constantino lo modificó para que coincidiera con el día de veneración pagana al sol, el Domingo.
Incluso en estos tiempos el día de descanso para las personas de habla inglesa se sigue llamando «Sunday» o día del Sol.

Este es el origen pagano de los días de la semana:
Sunday (Domingo),como ya hemos dicho día del dios Sol.
Monday (Lunes)día de la diosa Luna.
Tuesday (Martes) día de Marte [Tues en nórdico].
Wednesday (Miércoles) día de Mercurio [Wodan].
Thusday (Jueves) día de Júpiter [el dios Thor].
Friday (Viernes) día de Venus [la diosa Frigga].
Saturday (Sábado):  día de Saturno [del griego: padre de Zeus].

Pero sigamos con este emperador.
Constantino fue pagano toda su vida y lo bautizaron en su lecho de muerte, cuando ya estaba demasiado débil como para oponerse.
En tiempos de Constantino, la religión oficial de Roma era el culto al Sol, el Sol invictus, el sol invencible, y este gran personaje era el sumo sacerdote. Por desgracia para él, en Roma había cada vez más tensiones religiosas. Tres siglos después de la crucifixión de Jesús, sus seguidores se habían multiplicado de manera exponencial. Los cristianos y los fieles de otras confesiones habían comenzado a luchar entre sí, y el conflicto llegó a tal extremo que amenazaba con partir el imperio en dos.
Constantino decidió que había que hacer algo. Así decidió unificar Roma bajo una sola religión: el cristianismo.
Este emperador era muy buen empresario. Veía que la nueva doctrina estaba en gran expansión y, simplemente, apostó por un caballo ganador.
Los historiadores siguen maravillándose de su capacidad para convertir a la nueva religión a unos paganos adoradores del sol.
Sin embargo, y con su gran habilidad, todo parece indicar que Constantino pretendió solamente introducir elementos cristianos en el paganismo para su reforma y vitalidad, así como para solidificar las bases del estado imperial. Es cierto que abolió los oráculos paganos, los sacrificios y cultos groseros, como la prostitución sagrada, pero tampoco dejó de favorecer el culto al sol durante toda su vida. Él mismo mandó construir dos estatuas que le representaban envuelto por los rayos del sol, con una inscripción en su pedestal que decía lo siguiente:
«A Constantino, resplandeciente como Helios».
Así fue como la fiesta del nacimiento de Cristo quedó separada de la celebración de su bautismo, pero también es cierto que a partir de entonces la celebración del nacimiento de Cristo quedó muy marcada por los elementos de la festividad pagana, hasta nuestros días.
Constantino, con la incorporación de símbolos paganos, fechas y rituales a la creciente tradición cristiana, creó una especie de religión híbrida que pudiera ser aceptada por las dos partes.
Los vestigios de otras religiones en la simbología cristiana son innegables. Los discos solares de los egipcios se convirtieron en las coronillas de los santos católicos. Los pictogramas de Isis amamantando a su hijo Horus, concebido de manera milagrosa, fueron el modelo de LAS modernas imágenes de la Virgen María amamantando al niño Jesús. Y prácticamente todos los elementos del ritual católico, la mitra, el altar, la doxología y la comunión, el acto de «comerse a Dios», se tomaron de ritos mistéricos de anteriores religiones paganas.

Consultando algunas enciclopedias con relación al origen de esta fiesta, nos dicen que era conocida no con el nombre de Navidad, sino como «SATURNALIAS», celebrada por los antiguos romanos, de los días 17 al 24 de diciembre y el 25 el nacimiento del dios sol.
LA ENCICLOPEDIA QUILLET dice: «La Navidad no figuraba entre las primeras fiestas de la iglesia antes del siglo V.

El primer lugar donde se menciona una fecha de nacimiento de Jesucristo es en Egipto.
San Clemente de Alejandría se asombró de que algunos teólogos egipcios hablaban no solamente del año, sino también del día en que ocurrió el nacimiento de Jesús, que suponían ser el 20 de mayo. Más tarde se creyó que Cristo había venido al mundo el 28 de Marzo, el 19 o 20 de abril o 6 de enero.
Pero el papa Fabián (236 -250) decidió cortar por lo sano tanta especulación y calificó de sacrílegos a quienes intentaron determinar la fecha del nacimiento del nazareno.
La Iglesia armenia fijó el nacimiento de Cristo el 6 de enero, mientras otras iglesias orientales, egipcios, griegos y etíopes propusieron conmemorar el natalicio en el día 8 de enero.
Finalmente, dado que en el concilio de Nicea (año 325) se declara oficialmente que Jesús es una divinidad, ya que el padre y el hijo son el mismo, se decidió fijar el natalicio de Cristo durante el solsticio de invierno (en el hemisferio norte) o sea, el 25 de diciembre, fecha en que se festejaba el nacimiento de variadas deidades romanas y germánicas.

En el solsticio de verano, desde milenios atrás, había igualmente grandes celebraciones paganas en torno al fuego, pero esa tradición fue ahogada por la Iglesia católica cuando le implantó encima la festividad de San Juan (que en muchas regiones, como en todo el Levante español, aún tiene a las hogueras como rito festivo central).
La Navidad se tomó, por fecha inmutable, durante el pontificado de Liberio (352 -366), la noche del 24 al 25 de diciembre, día en que los romanos celebraban el «Day of unconquered Sun», el «Día del Sol Invencible», (un culto muy popular y extendido al que los cristianos no habían podido vencer o proscribir hasta entonces) y, claro está, la misma fecha en que todos los pueblos contemporáneos festejaban la llegada del solsticio hienal.
A pesar de haberse fijado ya como inmutable la fecha del 25 de diciembre, -o quizá por esa misma razón-, las especulaciones en torno al natalicio de Jesús prosiguieron durante muchos siglos después. El papa Juan I (523 -526), decidido a averiguar la verdad, le encargó una investigación al monje Dionysius Exiguus (Dionisio el Pequeño) que, tras un curioso proceso de razonamiento concluyó que el año de la Encarnación había sido el 754 de la fundación de Roma, y que la Encarnación misma había tenido lugar el 25 de marzo y el nacimiento el 25 de diciembre, eso es después de una gestación matemáticamente exacta de nueve meses.
La peculiar datación de Dionisio el Pequeño también dejó en herencia otra fecha famosa, la de los 33 años de Jesús en el momento de ser crucificado, pero hoy ya está bien demostrado que los cálculos del monje romano fueron errados hasta en lo más evidente y que Jesús tenía entre 41 y 45 años cuando fue ejecutado.

Remontándonos a la mitología griega, Zeus tuvo orgías sexuales con sus concubinas y éstas quedaron en cinta el 25 de Marzo, de manera que los dioses y demiurgos de la mitología helénica nacieron también, aproximadamente, hacia el día del solsticio invernal.
Los Seleúcidas y los Ptolomeos celebraban el solsticio igualmente con orgías sexuales. Y en esa fecha los Sirios y los Seleúcidas fueron vencidos por los judíos en tiempos de los Macabeos, hacia el 175 a.C., expulsando al sanguinario Antíoco Epifanes.

Sabemos por Clemente de Alejandría que los discípulos de Basílides, -un gnóstico que vivió en Alejandría en el siglo II-, celebraban en el 6 de Enero el bautismo de Cristo. Estos seguidores de Basílides creían que Jesús fue hecho Hijo de Dios en su bautismo. Esto es lo que ellos llamaban en griego EPIFANEIA, «manifestación». De ahí el nombre de «Epifanía» para referirse originalmente al bautismo de Jesús. No hablaban del nacimiento de Jesús, sino más bien de su «manifestación», por cuanto para ellos el nacimiento de Cristo tampoco desempeñaba un papel importante.
Ahora bien, ¿por qué celebraban esta fiesta del bautismo de Jesús en el día 6 de Enero?
En Alejandría se decía que en la noche del 6 de Enero las aguas del río Nilo adquirían poderes milagrosos. Probablemente por eso fue que los cristianos de Alejandría escogieron esa fecha para celebrar el bautismo de Jesús.
Pero se dirá, ¿qué tiene todo esto en común con la Navidad?
Pues, sencillamente, la Iglesia Oriental tomó muchas festividades de otras religiones, como la que nos ocupa, y con el paso del tiempo los dos acontecimientos, el nacimiento y el bautismo fueron fundiéndose en una sola celebración. De manera que el nacimiento se unió al bautismo: La noche del 5 al 6 para celebrar el nacimiento de Jesús, y el día 6 de Enero para la conmemoración de su bautismo o manifestación.
La iglesia oriental, la ortodoxa, ha venido celebrando y sigue en la actualidad festejando la Navidad el 6 de enero.

La primera mención cierta del 25 de diciembre aparece en el calendario de Filocalus en el año 354.
LA ENCICLOPEDIA BARSA dice lo siguiente: «Esta celebración se generalizó desde el siglo IV. Como no se conoce la fecha precisa del nacimiento de Jesús, la Iglesia Católica adoptó finalmente el 25 de diciembre y cristianizó festividades paganas, que en diversos pueblos se celebraban como la fiesta del sol y los carnavales de Saturno».
EN LA ENCICLOPEDIA DE RELIGIÓN CATÓLICA, se menciona que no hay fundamentalmente una razón que favorezca la fecha en cuestión, ya que el que reafirmó este día fue el PAPA JULIO I en el siglo IV para limar la enorme discrepancia que había en cuanto al tiempo de nacimiento del Hijo de Dios, porque unos creían que había nacido en mayo, otros en abril, otros en enero, etc.
En el siglo II de nuestra era (100 años después del nacimiento de Cristo), los cristianos conmemoraban la Pascua de Resurrección y algunas otras festividades, pero nunca el 25 de Diciembre, ya que consideraban irrelevante el momento del nacimiento de Jesús y, además, desconocían absolutamente cuando pudo haber acontecido.
EN LA HISTORIA ECLESIÁSTICA DE MOSHEIMS, «se dice que se escogió como fecha de nacimiento de Jesús el 25 de diciembre, porque en esta fecha la Roma pagana ya celebraba la antigua «fiesta del solsticio de invierno» (Dies Natalis Solis Invicti)», que data de la tradición babilónica y que recordaba a Mitra, Baco, Adonis, Horus, Osiris, Júpiter, Hércules y Tammuz, hijo de Nimrod, que habían nacido en la misma época invernal, conocida hoy como Navidad. De ahí surgió la idea de unir el nacimiento de esos dioses con el nacimiento de Jesús.
Esta fiesta junto con otras eran las más viles, inmorales y degeneradas que tanto desprestigiaron a Roma.

A partir de estas fechas del solsticio, los días comienzan a ser más largos, con más número de horas de sol, lo que ayuda al crecimiento del fruto de la tierra y la abundancia de las cosechas. De ahí se desprende que el primer uso de la expresión «DIES NATALIS» entre los primeros cristianos de Roma no fuera para designar el Día del Nacimiento de Jesucristo, sino para referirse al día del bautismo de los conversos a la fe de Cristo, como figura de su muerte a la vida vieja y el nacimiento para la eternidad.
En el uso corriente del latín «DIES NATALIS», de donde proviene, primeramente, la palabra «nativitae» y que luego se convirtió en nuestra voz «Navidad», era la expresión empleada para designar el día y el aniversario del nacimiento de una persona. Correspondería, pues, a nuestro «día de nacimiento» y «cumpleaños».  Ahora bien, en el contexto de la corte del Imperio designaba el día y el aniversario de la glorificación del emperador, de la elevación a la púrpura y de su gran apoteosis.

La fiesta romana de la Saturnalia.

Una de las más ancestrales fiestas que recuerda la historia de la antigua roma es la famosa fiesta llamada la Saturnalia. Esta fiesta se celebraba en honor al dios de la agricultura, Saturno.
Los Romanos creían que cuando Saturno tomó el control de la tierra, ésta había sido un verdadero paraíso poblado de árboles de los que fluía la miel, ríos de leche y néctar. Nadie tenía, pues, necesidad de trabajar, por cuanto los manjares brotaban espontáneamente.
El Saturno romano -equivalente al griego Cronos- fue una antigua divinidad agrícola cuyo nombre está relacionado con satur (saciado, harto) y sator (sembrador, creador), siendo sinónimo de abundancia. Fue un dios agricultor y plantador de vides (vitisator), un arte que enseñó a los hombres cuando, perseguido por su hijo Júpiter, tuvo que refugiarse en Italia; bajo el apelativo de Stercutius presidía el abono de los campos.
La Saturnalia no era una fiesta de un solo día, sino era una temporada. Se celebraba desde el 17 de diciembre al 24. El 25 de este mes llegaba la celebración del cumpleaños del dios Mitra, dios de la luz y el sol y la fiesta se cerraba con la fiesta de las Calendas, o estrenas, el 1 de Enero que era el Año nuevo de los romanos.
La fiesta de las «CALENDAS» se celebraba en el primer día de Enero, que ha pasado a ser nuestro Año Nuevo, como una especie de prolongación de la «SATURNALIA». Se intercambiaban regalos y ofrendas de plantas verdes con las que se decoraban los hogares.
De aquí nos llegan las tradicionales ornamentaciones navideñas con acebo (de los sajones), hiedra y muérdago (de los celtas).
Muchos siglos antes que Jesús-Cristo, el dios Mitra, según su leyenda popular, ya había nacido de virgen un 25 de diciembre, en una cueva o gruta, siendo adorado por pastores y magos, obró milagros, fue perseguido, acabó siendo muerto y resucitó al tercer día…
En la fiesta de la Saturnalia, un pontífice se paraba en frente del templo de saturno y exclamaba: «Saturnalia Ho Saturnalia». La palabra se esparcía de bocas a oídos a lo largo del fórum y a través de las calles y todo el pueblo se daba a una salvaje alegría.
Durante este periodo el pueblo y el senado hacían los preparativos para presentar los regalos a los emperadores.
El periodo de la Saturnalia fue caracterizado por procesiones, imágenes, luces, adornos de las casas con hojas verdes y hojas de laurel, se daban presentes; los hombres se vestían como mujeres o se enmascaraban con pieles de animales.
La legislación romana no permitía que nadie trabajara durante aquellos días, con excepción de los panaderos y los cocineros.
Las diferencias entre los nobles y los plebeyos, los libres y los esclavos, desaparecían durante aquella semana de inusitado desenfreno.
A los esclavos se les concedía una libertad temporal. El trabajo era olvidado, se podía beber, jugar, vestirse como personas libres y comentar lo que en el resto del año no les estaba permitido expresar. Insultos que en otra ocasión le podían costar la vida a un esclavo, en esa fiesta se les permitía increpar a sus superiores impunemente. Comían los mejores alimentos, mientras sus patrones esperaban.
La fiesta, al principio, duraba tres días, después se alargó a siete. Solamente el primer día de la fiesta tenía algún significado religioso, el resto del tiempo se pasaba en orgías y borracheras. Los juegos de azar que eran prohibidos por los romanos, en la Saturnalia se permitían. Nadie en estos días debía cobrar las deudas. Cualquier expresión de resentimiento era olvidada. Las cortes eran clausuradas, los castigos debían esperar. Las escuelas eran cerradas. Se intercambiaban regalos como cirios, imágenes pequeñas y las muñecas eran las preferidas. También se regalaban monedas de oro, plata o cobre, llamadas «saturnalicias», con la imagen del dios Janus.
Las ramas eran símbolos de la vida, salud y vigor. Pero a medida que el imperio romano iba siendo conquistado por los pueblos «bárbaros» del norte, empezó a utilizar las ramas de holly, ivy, rose mary, pinos y mistletoe.
Pero lo mas importante de la fiesta de la Saturnalia era celebrar el 25 de diciembre, el cumpleaños del dios Mitra el dios de la luz y dios del sol. También elegir un «rey» que gobernara sobre los rebeldes. Su gobierno era todo en broma. Este rey en vez de usar una ropa incómoda, se ataviaba con prendas espaciosas y con brillantes colores. Al rey se le aclamaba a gritos: «Ho Saturnalia», y la multitud enardecida en las calles gritaba, saltaba, cantaba, danzaba. Se ponían vestidos extravagantes y se usaban máscaras con figuras de animales.
Se hacían procesiones con antorchas y también juegos bruscos.
Incluso de época tan temprana, nos llegan testimonios de la costumbre del intercambio de los regalos y las felicitaciones, probablemente inspirada también en la práctica romana en el primer día del año, llamada «ESTRENAS», el nombre venía de la diosa de la salud, «Estrenia», de donde nos llega nuestro verbo «estrenar» y el sustantivo «estreno».
La Saturnalia en honor al dios saturno fue el festival pagano de los romanos que dio origen a lo que hoy conocemos como la navidad.
Si nos remontamos mucho más atrás en la Historia, hasta la época en la que los hombres primitivos -que practicaron cultos naturalistas y adoraron a la esfera solar como deidad- comenzaron a desarrollar el concepto divino bajo formas antropomorfas, observaremos que todas las culturas de la Antigüedad pasaron a identificar a su dios principal, o a alguno de los más importantes de su panteón, con el dios Sol y, en lógica consecuencia, situaron la conmemoración y festejo de su advenimiento alrededor del prodigioso evento cósmico que representaba el solsticio de invierno cada 21-22 de diciembre.
El cumpleaños en honor a Mitra o dios sol el 25 de diciembre fue dedicado por la iglesia católica como el cumpleaños de Jesús. De ese modo dejaba contentos a los paganos que aceptaban el cristianismo paganizado.
Hoy los cristianos no están celebrando un cumpleaños ordenado por Dios a Jesús, sino un cumpleaños pagano ordenado por el Papado.
Así pues, los demás días que forman la fiesta de Navidad fueron asimilados para suplantar las saturnalias y otras fiestas paganas.

En el Egipto Antiguo se creía que Isis, la virgen Reina de los Cielos, quedaba embarazada en el mes de marzo y daba a luz a su hijo Horus a finales de diciembre.
El dios Horus, hijo de Osiris e Isis, era el «gran subyugador del mundo», el que es la «substancia de su padre», Osiris, de quien era una encarnación. Fue concebido milagrosamente por Isis cuando el dios Osiris, su esposo, ya había sido muerto y despedazado por su hermano Seth o Tifón. Era una divinidad casta -sin amores- al igual que Apolo, y su papel entre los humanos estaba relacionado con el Juicio, ya que presentaba las almas a su padre, el Juez. Era el Christos y simbolizaba el Sol.
Durante el solsticio de invierno, la imagen de Horus, en forma de niño recién nacido, era sacada del santuario para ser expuesta a la adoración pública de las masas. Era representado como un recién nacido (a menudo recostado en un pesebre) con cabello dorado, que tenía un dedo en la boca y el disco solar sobre su cabeza. Los antiguos griegos y romanos lo adoraron también bajo el nombre de Harpócrates, el niño Horus, hijo de Isis. El dios Osiris, dios de la vegetación y de los muertos, padre de Horus, también había nacido de una virgen en el solsticio hiemal.
Todas las personificaciones de dioses solares acaban por ser víctimas propiciatorias que expían los pecados de los mortales, cargando con sus culpas, y son muertos violentamente y resucitados posteriormente. Así, Osiris nació en el mundo como un Salvador o Libertador venido para remediar la tribulación de los humanos, pero en su lucha por el bien se topó con el mal (encarnado en su propio hermano Seth o Tifón, que acabaría identificándose con Satán), que le venció temporalmente y le mató; depositado en su tumba, resucitó y ascendió a los cielos al cabo de tres días (o cuarenta, según otras leyendas).
Baco, otro dios solar destinado a cargar con las culpas de la humanidad, también fue asesinado -y su madre recogió sus pedazos, tal como había hecho Isis con los trozos del cadáver de Osiris- para renacer resucitado. Ausonius, una forma de Baco (y equivalente a Osiris), era muerto en el equinoccio de primavera (21 de marzo) y resucitaba a los tres días. Idéntica suerte le había estado reservada a Adonis (equivalente al dios etrusco Atune o al sirio Tammuz), a Dionisos o al frigio Atis y a una larga lista de seres divinos que, como Krisna -muerto atado a un árbol y con su cuerpo atravesado por una flecha- o como Jesús-Cristo -muerto en la cruz de madera y lanceado-, fueron todos ellos condenados a muerte, llorados y restituidos a la vida.

EN LA ENCICLOPEDIA HISPANO-AMERICANA, en el artículo de Carnavales dice así: «La fiesta del carnaval es muy anterior al cristianismo, su origen es indudablemente pagano…, los pueblos cristianos se apoderaron de muchos ritos, costumbres y fiestas de otras religiones…
En Grecia y en Roma se celebraban los bacanales o fiestas en honor a Baco, las saturnalias en honor a Saturno y las lupercales que se celebraban en el mes de enero en honor del dios Pan».
EN MÉXICO, la primera Navidad fue celebrada por el monje franciscano Fray Pedro de Gante cuando apenas empezaba a erigirse la Nueva España de entre las ruinas de la gran Tenochtitlán. A partir de allí se integraron a la tradición cristiana elementos del culto indígena prehispánico, como el nacimiento del dios Huitzilopochtli en el mes de diciembre.
Con estos comentarios nos podemos dar cuenta de que esta celebración es una fiesta totalmente pagana, porque la Iglesia romana tomó esta festividad de las culturas paganas.
La Biblia nos dice: «…No sigáis el camino de las naciones… Porque las costumbres de los pueblos son vanidad… vanidad son, obra vana, al tiempo de su castigo perecerán» (Jeremías 10:2,3,15. Este es el castigo de los que siguen mandamientos de hombres y leyes que Dios no ha mandado.
Amado hermano, juzga correctamente y fíjate en que si esta fiesta es bíblica o es una costumbre puesta por la Iglesia romana.
Cristo decía: «En vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, tenéis la tradición de los hombres…» (Marcos 7:7,8).

LAS POSADAS Y LOS VILLANCICOS

Las posadas, también llamadas jornadas o nueve noches, representan un novenario de celebraciones del 16 al 24 de diciembre. Son nueve días que representan los nueve meses del embarazo de María y su búsqueda por encontrar un lugar para que naciera Jesús.
Las posadas en México tuvieron su inicio en el convento de San Agustín Acolman, y se dice que el encargado, Fray Diego de Soria, obtuvo durante su estancia en Roma una bula (permiso) del papa Sixto V para celebrar en la Nueva España unas misas llamadas de aguinaldo, que debían efectuarse del 16 al 24 de diciembre.
La palabra «Aguinaldo» proviene del hebreo «hagnabal», que significa «obsequio, regalo, presente». Esta palabra llegó al léxico cristiano como una curiosa coincidencia entre las fiestas de Janucá y Navidad, en donde precisamente los familiares y amigos se dan regalos mutuamente.

Nota: Janucá (las Luminarias o fiesta de la Dedicación). Es una festividad que se celebra entre el 25 de Kislev y el 3 de Tevet en el calendario hebreo. Se conmemora la purificación del Templo de Jerusalem después de una guerra contra sus enemigos que profanaron el Lugar Santo y prohibieron a los judíos la práctica de su fe. Se encienden velas por las noches.

Al fusionarse las raíces prehispánicas con las europeas, las posadas adquieren un nuevo matiz, donde se organiza una procesión encabezada por las imágenes de María y José mientras se cantan los villancicos al pedir posada ante una puerta cerrada, para posteriormente conseguir el albergue seguido con cánticos para concluir rezando el rosario.
El cantar «villancicos» viene del siglo XIV, de Alemania. Originalmente, la gente cantaba y bailaba alrededor de una mujer y su bebé en una cama, simbolizando a la madre María y al niño Jesús.
La Palabra de Dios denuncia todas estas cosas diciendo: «Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina: antes, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme sus concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas» (2a Timoteo 4:3, 4). Estas son fábulas paganas que han introducido en algo tan sagrado como es el nacimiento del Salvador, pero bien dice el profeta Jeremías 7:8: «He aquí vosotros confiáis en palabra de mentira…», «ciertamente mentira poseyeron nuestros padres, vanidad, y no hay en ellos provecho» (Jeremías 16:19).
YA ES TIEMPO PUEBLO QUE DESPIERTEN A LA REALIDAD, QUE TODO ESTO ES DE ORIGEN PAGANO Y NO TIENE NADA DE DIVINO.

¿CUÁNDO NACIÓ JESUCRISTO?

Aunque la tradición nos ha llevado a creer que Jesús nació en el primer año de nuestra era, lo cierto es que no fue así, ni mucho menos, si nos atenemos a los únicos datos conocidos sobre el particular, esto es a las informaciones vagas y contradictorias reseñadas por sus biógrafos, Mateo y Lucas, que, además, situaron el domicilio habitual de José y María en dos lugares diferentes y muy distantes entre sí: Belén de Judea y Nazaret de Galilea.
El mismo Lucas relata en su texto el nacimiento de Jesús en dos fechas distintas, una en el año 6-7 d. C. y otra en el 4 a. C. De esta forma, un mismo evangelista, en las cuatro primeras páginas de su texto, dató el nacimiento de Cristo en dos fechas separadas entre sí por un mínimo de 10 años.
Mateo fijó el nacimiento de Jesús «en los días del rey Herodes» (Mt 2, 1) y, por tanto, antes del año 4 a. C., durante el cual murió el monarca judío. Y es que los mismos evangelios, como veremos, se contradicen en la fecha del nacimiento. Mateo dice que el nacimiento tuvo lugar cuando Herodes era rey de Judá, pero Lucas dice que el nacimiento ocurrió cuando Cirenio era el gobernador de Siria. Pero esto no puede ser, por que Herodes murió, como hemos dicho,  en el año 4 a.c. y Cirenio, quien en la cultura romana se conoce como Quirinio, fue gobernador de Siria 10 años después de la muerte de Herodes. A Herodes y a Cirenio los separa el reinado de Arcaleo, el hijo de Herodes.
Así pues, entre los evangelistas existe una inperdonable contradicción.
Los principales expertos actuales fechan el nacimiento de Cristo entre el año 9 y 5 a. C., habiendo un gran consenso alrededor del año 7 o 6 a. C.
Si bien el lugar exacto del nacimiento de Jesús no se sabe, ya que los evangelistas callan al respecto, una tradición cristiana tardía dio por cierta la suposición de que el nacimiento tubo lugar en alguna de las muchas cuevas calizas que existen en las cercanías de Belén.
Habiendo sobrevenido el nacimiento de Jesús, según la tradición católica, mientras sus padres estaban refugiados en una cueva que contenía un pesebre por todo mobiliario, y estando aparentemente faltos de medios materiales y de calefacción (era invierno en esa zona), aparecen en escena los dos personajes infaltables en los pesebres, el buey y el asno, que con su aliento calentaron devotamente al niño recién nacido.
Esto es aceptado por la Iglesia, a pesar de que no figura en ninguno de los Evangelios, sino que consta en el evangelio apócrifo (no oficial) denominado Pseudo Mateo, del cuál proviene el relato en el que está basado el pesebre, que suele convivir con todos los árboles de Navidad.
La concepción de Jesucristo nueve meses antes, según lo cuenta Mateo (Mt 1. 18-25) fue así:
María y José estaban desposados, pero todavía no convivían. María, que era virgen, se halló concebida del Espíritu Santo. José, siendo un hombre justo, no quiso denunciarla como adúltera, sino que resolvió repudiarla en secreto. Y, según cuenta Mateo, mientras reflexionaba sobre esto, se le apareció en sueños un ángel y le dijo que no temiera recibir en su casa a María, su esposa, ya que lo concebido en ella era obra del Espíritu Santo. También le informó de que daría a luz un hijo al que deberían ponerle de nombre Jesús, porque salvaría a todo su pueblo de sus pecados. Y José hizo todo lo que el ángel le prescribió.
José el carpintero ha sido uno de los hombres más injustamente tratados por la historia cristiana. En las primitivas representaciones de la familia de Jesús, aparecía como un hombre joven, fuerte y sin barba, pero como consecuencia del inicio del culto a María, la figura del carpintero fue postergada y relegada al papel de encargado de aprovisionar de alimento a la familia. Junto a este proceso también se le hizo envejecer hasta la senectud, de forma que, siendo ya nulo su vigor, no fuese obstáculo ni sombra de sospecha que impidiese proclamar la virginidad perpetua de María.
Las diferencias que aparecen entre los relatos del nacimiento hechos por Mateo y Lucas (Marcos y Juan ni siquiera se ocupan de ello). Esto puede deberse a que ambos no se conocieron jamás y escribieron sus evangelios en tierras muy diferentes (Egipto y Roma respectivamente), por lo que adornaron su narración sobre Jesús inspirándose en leyendas ya existentes pero que gozaban de diferente prestigio en un lugar u otro; por eso Mateo tiñó de orientalismo el nacimiento de Jesús mientras que Lucas se adaptó a tradiciones míticas que eran más creíbles a las costumbres  de la capital del imperio Romano.
Las diferencias más notables son las omisiones en el relato de Lucas de la estrella de Belén, los reyes magos, etc., mientras que esto aparece en Mateo.
Por su lado Mateo omite el canto que los ángeles hacen a los pastores para que fueran a adorar a Cristo.
La narración de Lucas ya tenía antecedentes bien ilustres y conocidos en todo el mundo de entonces cuando el evangelista cristiano incorporó un tipo ya clásico de mito al personaje de Jesús. Así, por ejemplo, cuando nació Buda (c. 565 a.C.), según el texto del Lalita Vistara, la tierra tembló, oleadas de lluvias perfumadas y de flores de loto cayeron de un cielo sin nubes, mientras que los devas -o «divinidades resplandecientes», equivalentes a los ángeles y arcángeles católicos-, acompañados de sus instrumentos, cantaban en los aires: «Hoy ha nacido Bodhisattva sobre la tierra para dar paz y alegría a los hombres y a los devas, para expandir la luz por los rincones oscuros y para devolver la vista a los ciegos.»
En el momento del nacimiento de Krisna todos los devas dejaron sus carros en el cielo y, haciéndose invisibles, fueron hasta la casa de Mathura en la que estaba por nacer el niño divino y, uniendo sus manos, se pusieron a recitar los Vedas y a cantar alabanzas en honor de Krisna y aunque nadie los vio, según apunta la leyenda, todo el mundo pudo oír sus cantos; después del nacimiento, todos los pastores de la región le llevaron felicitaciones y regalos a Nanda, el criado encargado de cuidarle.
Durante el nacimiento de Confucio (551 a.C.) aparecieron dos dragones en el aire por encima de su casa y cinco venerables ancianos, que representaban a los cinco planetas conocidos entonces, entraron en la habitación del parto a honrar al recién nacido; una música armoniosa llenó los aires y una voz proveniente del cielo exclamó: «Éste es el hijo del cielo, el divino infante, y es por él por lo que la tierra vibra en  melodioso acorde.» Cabe señalar que las tradiciones relacionadas con Buda, Krisna y Confucio se habían desarrollado entre pueblos agrarios y en un momento en que el «hijo del cielo» aún presidía cada año la sagrada ceremonia de la siembra.

Algunos cristianos, en el transcurso de la historia, han tratado de calcular denodadamente la fecha del nacimiento de Jesucristo.
Uno de los cómputos más curiosos nos llega de Cipriano, uno de los Padres de la Iglesia, o al menos a él se le atribuye, y está fechado en el año 243. En este cálculo se afirma que Jesús nació el día 28 de Marzo. El autor se basa en el texto del capítulo 1 de Génesis, versículo 4, que dice: «Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas».
De este texto podemos deducir que la luz y las tinieblas formaban dos partes iguales. Por lo tanto, la Creación del universo debió ocurrir en una fecha en la que el día y la noche tuvieron la misma duración. Comoquiera que el calendario romano fijaba ese día, el equinoccio de primavera, en el 25 de Marzo, ese tenía que haber sido el primer día de la Creación; y si el Señor, según el mismo relato de Génesis, había creado el sol en el día cuarto, es decir, el 28 de Marzo, entonces el Mesías, nuestro «Sol de Justicia», según Malaquías 4:2, debería, necesariamente, haber nacido el 28 de Marzo.
Hemos de reconocer que al autor de este cómputo pudiera faltarle rigor, pero no imaginación.
En el siglo XVI, un erudito como José Scaligero aún se ocupó del asunto y afirmó que Jesús había nacido a finales de septiembre o principios de octubre.
Más prudente, el gran sabio y teólogo Bynaeus (1654 -1698), después de analizar todo lo escrito al respecto, concluyó que «puesto que la Escritura calla sobre esto, callemos también nosotros».
Pero la postura más aceptada por muchos es la siguiente:
En Daniel 9:27 se dice: «Y en otra semana confirmará el pacto a muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda: después con la muchedumbre de las abominaciones será el desolar…» (Versión católica Torres Amat).
Jesucristo a la edad de 30 años fue bautizado (Lucas 3:22), y realizó su ministerio durante tres años y medio, cumpliéndose así lo que Daniel profetiza; la semana tiene siete días y la mitad de la semana son tres días y medio, días proféticos (Números 14:34).
Cristo, después de sus tres años y medio de predicación muere a la edad de treinta y tres años y seis meses. Muere el día 14 de Nisán o Abib (primer mes del calendario religioso judío), que corresponde a aproximadamente a abril. Si contamos los seis meses que faltan para que Cristo cumpliera sus treinta y cuatro años, nos lleva al mes de octubre, pero jamás al mes de diciembre.
No se sabe el día, pero la Biblia sí nos indica aproximadamente el mes de su nacimiento.

ASUNTOS PARA REFLEXIONAR

En el libro de Lucas 2:8 dice: «Y había pastores en la misma tierra que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado». Según el pasaje que se acaba de citar, en esa época había pastores que estaban al cuidado de su ganado en la noche. Comentaristas, hombres conocedores del clima en Israel, afirman que a finales de noviembre, los pastores recogían sus ganados por causa de las lluvias y el frío tan fuerte que hace en el mes de diciembre.
En el libro de Esdras 10.7, 9, 13 dice: «E hicieron pasar pregón por Judá y por Jerusalén y todos los hijos de la transmigración, que se juntasen en Jerusalén… Así todos los hombres de Judá y de Benjamín se reunieron en Jerusalén dentro de tres días a los veinte del mes noveno; [se habla del noveno mes del calendario judío, que se llama KISLEU y que, de acuerdo con la versión de Scofield, dice corresponde a diciembre] y sentose todo el pueblo en la plaza de la casa de Dios, TEMBLANDO POR MOTIVO DE AQUEL NEGOCIO Y A CAUSA DE LAS LLUVIAS… Mas el pueblo es mucho y EL TIEMPO LLUVIOSO, Y NO HAY FUERZA PARA ESTAR EN LA CALLE…»
LOS PASTORES Y SU GANADO NO SE PODÍAN MANTENER A LA INTEMPERIE en esta época del año, cuanto más el niño Jesús, que lo acostaron en un pesebre en pañales (Lucas 2:12).
Jesús mismo atestigua la rigidez del invierno de la tierra de Israel, tanto que dice: «Orad pues, que no acontezca vuestra huida en invierno» (Marcos 13:18).
Por lo tanto Cristo NO NACIÓ EN DICIEMBRE, nació en otoño 3ª estación.
Por todos estos datos, volvemos a reiterar que las fiestas de LA NAVIDAD Y LAS POSADAS tienen su origen en el paganismo.
La Biblia nos aconseja: «Salid de ella, pueblo mío, porque no seáis participantes de sus pecados y no recibáis de sus plagas» (Apocalipsis 18:4).

ORIGEN DEL ÁRBOL DE NAVIDAD

Dicen algunas fuentes que antiguamente había un hombre llamado NIMROD. Este nació precisamente el 25 de diciembre, y se cuenta que dicho hombre es el mismo que aparece en el libro de Génesis 10:8-10. Se unió con su madre que se llamaba Semiramis, de esta relación nació un hijo que se llamó Tammuz (Ezequiel 8:14).
Cuando Nimrod murió, su «madre-esposa» fue quien lo sepultó. Pero con el paso del tiempo creció un árbol en donde este había sido sepultado. Semiramis comenzó a enseñar que su «hijo-esposo» había encarnado en ese árbol y cada día de su natalicio visitaba su tumba y llevaba un sinnúmero de dones, colgándolos en el árbol. Esta doctrina se propagó por todos los pueblos, siendo uno de ellos Babel y la tierra de Sinar, que posteriormente se llamó Babilonia. De esta forma vino a existir el «árbol» del natalicio de Nimrod.
Lo que hoy se hace en el mes de diciembre es recordar indirectamente el nacimiento de este hombre que fue un malvado y pecador (Génesis 10:8-10).
La decoración del árbol se puede rastrear en los romanos, que ponían máscaras de Baco en las ramas de los árboles, creían que las máscaras los protegían. También colgaban chucherías en los árboles para celebrar el Saturnal, el festival del dios de la cosecha.
Las campanas, las frutas y otras decoraciones que se emplean en la actualidad han evolucionado a lo largo de los siglos demostrando con esto que esta fiesta está fundada en tradiciones de hombres y no en lo Divino.
Se cuenta otra leyenda de tres árboles que estaban cerca del pesebre: el olivo, la palmera y el pino. Para honrar al recién nacido, el olivo dio su fruto, la palma dio sus dátiles, pero el pino no tenía nada que dar. Unas estrellas, que observaban desde arriba, bajaron de los cielos y se posaron sobre sus ramas para servir de ofrenda, este es supuestamente el origen del árbol decorado.
En las primeras fiestas de Navidad, los romanos usaban árboles de pino por doquier, para representar el calor del nuevo nacimiento del dios sol en forma de fuego. Esto se basaba en una vieja leyenda babilónica: Durante una noche, un árbol verde se desarrolló de un tronco muerto. Esto significaba que el dios sol Nimrod (tronco seco) reencarnó en Tammuz (árbol verde) cuando su madre Semiramis lo dio a luz en esa noche.
Otro nombre que los babilonios daban a Tamuz era Baal-Bereth, que significa «Señor del Pino» (Lord of the Fir Tree).
Según los Babilonios, Nimrod había sido cortado o asesinado en el vigor de su juventud, en todo su poder y gloria. Su muerte debía ser vengada por la encarnación de su hijo Tamuz nacido el 25 de diciembre.
Nimrod, el gran dios sol de los babilonios, fue simbolizado como un inmenso árbol despojado de todas sus ramas, y cortado casi al ras de suelo. Pero la gran serpiente, el símbolo del restaurador de vida, Aesculapius, se enrolló alrededor del tronco muerto, allí, a su lado, brotó un árbol joven, un árbol completamente diferente, que según la leyenda está destinado a nunca ser cortado por el poder del enemigo. Este árbol es la palmera y llega a ser el símbolo de Tamuz, el mesías pagano, símbolo de victoria. Esto explica la costumbre pagana de colgar las cabezas de sus enemigos en sus sagrados árboles. Porque esto no solamente explicaba un signo de victoria, sino también de venganza no solo de Nimrod, sino también de Tamuz, porque según la mitología babilónica ambos habían sido muertos cuando eran jóvenes y llenos de vigor.

La historia nos dice que Ninus, el primer rey de Nínive, fue Nimrod, el bisnieto de Noé. Nínive significa «la habitación de Ninus» y la Biblia nos dice que fue Nimrod quien construyó Nínive. Ver Génesis 10:11. Nimrod fue el primer rey que unificó al mundo después del diluvio en ciudades. Bajo su supervisión la torre de Babel, en desafío a Dios, fue construida y también las antiguas ciudades de los Babilonios y Asirios , Génesis 10:10-12.
Nimrod, el primer rey Nínive, fue el primer mortal al que se le deidificó a su muerte, y fue el actual padre de los dioses. Esta creencia pagana de que los reyes fueran deidificados a su muerte fue adoptada desde Mesopotamia a Egipto y desde allí a Norte y Sudamérica.
Autoridades de Mitología y Arqueología aseguran lo que la Biblia revela, que fue en Babilonia donde toda la idolatría tuvo su origen y que los dioses de los Asirios, Egipcios, Hindúes, Griegos, Romanos y Mejicanos derivaron de la astrología. Así, todos estos dioses antiguos fueron solamente procedencia de un dios, el sol, el que rige el Zodíaco.
También, según la creencia de los babilonios y los asirios, Nimrod, el bisnieto de Noé, había muerto en plena juventud, dejando a su reina Semiramis. Al morir Nimrod, su espíritu voló al sol, tomando posesión de él, y logró ser inmortal. Así él llegó a ser
Bel-saman o «Señor del Cielo» o dios sol.
Semiramis, según la creencia, quedó embarazada. Ésta proclamó a sus súbditos que siendo todavía una virgen, el espíritu de Nimrod había bajado a ella y había entrado a su matriz a través de un rayo de sol. Esto dio por resultado el nacimiento del legendario dios niño, llamado Tamuz, cuyo nacimiento ocurrió el 25 de diciembre.
Tamuz no solo fue adorado por los paganos bajo diferentes nombres, sino también por el pueblo de Dios, el antiguo Israel. Vea Ezequiel 8:14.
Para los primeros habitantes del mundo después del diluvio, Nimrod el primer rey de Babel, su reina Semiramis y el milagroso nacimiento de su hijo Tamuz (hijo del sol) constituyeron la primera trinidad pagana.
Según la filosofía de estas religiones, cuando Semiramis murió, al igual que su esposo, su espíritu voló a la luna y tomó posesión de ella y llegó a ser la diosa de la luna; la madre de los dioses y la Reina del cielo. Y cuando su hijo dios Tamuz falleció, los paganos también aseguraban que su espíritu había volado a la estrella del Este (Venus) y que en primavera aparecía toda la familia unida: Nimrod, Semiramis y Tamuz.

Yule Log.

Los troncos usados para ayudar al sol a madurar eran llamados «Yule Log» por los celtas y eran considerados sagrados, porque eran un símbolo de su gran dios el Sol. Los adornaban con flores y cintas de colores, manzanas doradas, etc., etc. y para encenderlos, los sacerdotes Druidas hacían un gran ceremonial.
Como parte del gran festival navideño -o «Festival Yulie»-, los adoradores de baal le presentaban sus regalos para que el dios sol les perdonara sus pecados. Mientras que inocentes niños eran lanzados vivos ante los altares de fuego para agradar a baal; los adultos caminaban sobre las cenizas calientes. Vea 2 Reyes 17:16-17.
El Yule log o tronco de Yule, es un tronco de árbol de pino o cualquier otra madera, al cual se le dibuja o talla un sol. Este tronco luego se quemaba como una ofrenda al señor sol, y además se le enviaba energía para que este brillase nuevamente.
Entre los antiguos pueblos de Escandinavia, las actuales naciones de Noruega, Suecia y Dinamarca, también se celebraba el solsticio invernal. Su festividad se denominaba «Yule». Pero para los pueblos del norte se trataba de un tiempo de temor asociado a historias de espíritus malignos que aprovechaban la debilidad solar para acercarse a la tierra.  Por esta razón los pueblos escandinavos prendían hogueras para ayudar al sol y ahuyentar a los espíritus inmundos. Ese era el momento que el dios Odín aprovechaba para cabalgar por el cielo sobre su caballo de ocho patas para repartir regalos a quienes le obedecían. De ahí que algunos antropólogos y etnólogos vean en Odín un claro antecedente de la figura de Santa Claus.

Los romanos colgaban del árbol cerezas rojas que después fueron esferas, como símbolo del dios sol. A estas costumbres se agregaron las de los germanos y celtas, que aportaron a las fiestas sus abetos y luminarias, que tradicionalmente habían servido para ahuyentar a los espíritus malignos en las llamadas «noches rigurosas» (25 de diciembre al 6 de enero).
De los países sajones se adoptó la costumbre de colgar toda suerte de regalos y golosinas. Esta tradición estaba muy arraigada en Alemania, donde el misionero inglés Bonifacio, sustituyó en el siglo VIII los sacrificios que se hacían en la encina sagrada de Odín, por un pino adornado en homenaje al niño Jesús.
También se cuenta que fue Winfrido, quien después sería conocido como San Bonifacio, el que dio un sentido cristiano por primera vez a un árbol de Navidad. Esto aconteció, como ya hemos dicho, en lo que actualmente es Alemania:
Un día se encontró en el corazón de un bosque a un grupo de paganos que en torno a un gran roble se disponían a hacer un sacrificio cruel al dios Thor, el dios del trueno.
La leyenda cuenta que un fuerte viento partió el roble secular en dos mitades. Al caer al suelo, cada parte quedó a un lado de un pequeño abeto que no sufrió ningún daño. Winfrido les explicó a los paganos que aquel era el árbol de Cristo, y símbolo de la vida eterna, por su hoja perenne, así como de esperanza y de paz. Winfrido les animó a aquellas gentes a celebrar el nacimiento de Cristo en sus hogares en torno a un abeto joven, y que bajo sus ramas no volvieran a realizarse sacrificios crueles, sino actos de amor y bondad.
Con el paso del tiempo, las bayas del bosque se convertirían en las bolas multicolores con que actualmente se decoran los árboles navideños.

Holly

El Holly y el Ivy se usaron durante siglos para diferentes propósitos decorativos, especialmente en los festivales de invierno. Debido a que su fruto se produce en esta estación llegó a ser para los paganos un símbolo de la inmortalidad. El Holly también fue una planta admirada por los Druidas, porque pensaban que sus hojas siempre verdes atestiguaban que el sol nunca los abandonaba y por lo tanto eran hojas sagradas. También se creía que el holly espantaba los espíritus malos y a las brujas, de ahí la costumbre de ponerlo en las ventanas y puertas de sus casas.

La cabeza de un puerco.

En algunos países de Europa, uno de los platos mas apreciados para el tiempo de navidad es servir la cabeza de un puerco. Su valor no es solamente apreciado como un exquisito alimento, sino también tiene un valor simbólico. El puerco fue desde los albores de la civilización reverenciado porque enseñó a la humanidad el arte de arar, ya que arranca las raíces dentro de la tierra con sus colmillos. Pero muchos creen que la costumbre vino de las tribus Celtas. Sus sacerdotes, los Druidas, mataban un puerco y bendecían su cabeza y la ofrecían como sacrificio en honor de la diosa Freya en el tiempo de las cosechas.
Enrique VI celebró su coronación sirviendo la cabeza de un puerco en su gran fiesta.
Como un exquisito plato de Navidad fue establecido por primera vez  por Enrique VIII.

LOS NACIMIENTOS (O LOS BELENES)

La idea original de montar un nacimiento fue de San Francisco de Asís, cuando en 1223 en el bosque de Greccio, juntó a hombres y animales para escenificar la natividad de Jesús en vivo.
Los «belenes» o nacimientos se popularizaron en España a principios del siglo XVIII, de donde pasan a México.
Hacia 1878 aparecen los primeros árboles de Navidad, con lo que decaen los pesebres; estos resurgen durante la década de 1930 a 1940, cuando se revitaliza la tradición casi abandonada.
¿LA BIBLIA NOS AUTORIZA ESTA ENSEÑANZA?
¡No! La Biblia no nos autoriza esto, ya que en el libro de Deuteronomio 16:21 dice: «No plantarás bosques, ni árbol ninguno cerca del altar del Señor Dios tuyo».
El propósito actual del árbol de Navidad no es otra cosa que «adoración» y no tiene ninguna relación con el nacimiento de Cristo. Como ya dijimos, esta costumbre vino de la madre de Nimrod llamada Semiramis y así pasó de Babilonia a muchos otros países, como: Egipto y Roma. En estos lugares le llamaban también «Baal-Tamar», de manera que a los verdaderos hijos de Dios se les tiene prohibido por el mismo Dios poner este árbol.
Jeremías 10:2 dice «No sigáis el camino de las gentes… Porque tu eres pueblo sabio y entendido…» (Deuteronomio 14:2).
En todo lo que hemos considerado, no hemos leído nada en la Biblia en relación a esta fiesta pagana, esta fiesta lleva una relación con la mentira y que a continuación exponemos.

EL DIOS ODÍN, SAN NICOLÁS, SANTA CLAUS Y PAPÁ NOEL

De las tribus Celtas y Teutónicas del norte de Europa, Para los escandinavos el dios Odín era el que regía el mundo. Él era el patrón de todas las ciencias; el inventor de la poesía y la magia.
Los escandinavos creían que el dios Odín poseía un maravilloso caballo de ocho patas , llamado Sleipner. También manejaba una lanza mágica y tenía un anillo talismánico. Bebiendo en las fuentes de Mimir o las fuentes del infierno, él había perdido un ojo, pero llegó a ser el dios más sabio y el más grande de todos los dioses.
Durante la fiesta del Yule Log de los Celtas y Teutónicos, se suponía que el dios Odín no podía faltar, ya que tenía que presidir la reunión para dar los premios o castigos a quienes  se lo merecían. Él se presentaba a la fiesta luciendo su hermosa barba blanca y su elegante chaqueta azul y un sombrero ancho con un ribete, que le tapaba su único ojo.
Los adoradores pre-helenos de la diosa Madre asimilaron a los jonios, que se convirtieron en hijos de Io; dominaron a los eolios, pero fueron arrollados por los aqueos. Los caudillos helenos primitivos, quienes se convirtieron en reyes sagrados de los cultos del roble y del fresno, adoptaron los títulos de «Zeus» y «Posidón» y  les obligaban a morir al final de su reinado establecido. Esos dos árboles tienden a atraer el rayo y, por lo tanto, figuraban en las ceremonias populares para conseguir la lluvia y el fuego en toda Europa.
En Grecia, Las ninfas del fresno fueron las tres Furias en estado de ánimo más benigno: El rey sagrado estaba dedicado al fresno, empleado originalmente en las ceremonias para provocar la lluvia. En Escandinavia llegó a ser el árbol de la magia universal; las Tres Normas, o Parcas, dispensaban la justicia bajo un fresno del que Odín, al reclamar la paternidad de la humanidad, hizo su corcel mágico.
El dios Odín tenía muchos hijos y era considerado el padre de todos los dioses nórdicos.

San Nicolás.

No es ni más ni menos que el dios Odín con vestiduras de un obispo católico.
Se han tejido tantas historietas fantásticas acerca de este personaje y se le han atribuido tantos milagros que los europeos lo tienen casi a la altura de Jesús.

Dicen algunos que en el siglo V existió un hombre llamado «San Nicolás». Este hombre era un obispo de Myra, el cual era honrado por los latinos y griegos el 6 de diciembre.
Una leyenda cuenta que San Nicolás era un hombre muy caritativo, el cual llevó juguetes en secreto a tres niñas cuyo padre quería lanzarlas a la prostitución por no poderlas mantener.

San Nicolás vestido de obispo.

Otros afirman que  San Nicolás nació alrededor del año 280 en Patara, una ciudad del antiguo distrito de Licia, en Asia Menor, en el sudoeste de la actual Turquía. Era hijo de una familia adinerada y gozó de una buena educación. Tras la muerte de sus padres regaló todos sus bienes y se encaminó hacia la vida religiosa, ingresando en el monasterio de Sión.
Fue ordenado sacerdote a los 19 años por su tío, el arzobispo de Myra, al que muy pronto sustituyó en el cargo tras su deceso.
Gran defensor de los dogmas católicos, falleció siendo arzobispo de Myra cerca del año 350.
Fue llamado obispo de los niños, por su amor a los pequeños, y se hizo muy popular por su gran generosidad y amabilidad para con los más necesitados y los pequeños, a quienes hizo beneficiarios de su fortuna personal.
Su fama se extendió mas allá de las fronteras de su región y comenzó a ser protagonista de gran cantidad de leyendas, atribuyéndosele desde salidas nocturnas para repartir regalos entre quienes lo necesitaban, hasta milagros como el de calmar una tempestad y resucitar a un marinero egipcio.
De entre todos los relatos legendarios acerca de san Nicolás destacan dos historias: una, conocida como la de las tres hermanas, es la base sobre la que se construyó el mito que le convertirá en generoso repartidor de regalos; la otra, llamada de los tres hermanos, le hizo acreedor al título de patrón protector de los niños.
La primera leyenda cuenta lo siguiente:
En la ciudad de san Nicolás, Patara, había tres niñas que no se podían casar, ya que su padre estaba arruinado y no tenía dinero para sus dotes, razón por la cual el hombre había decidido venderlas a medida que alcanzaran la edad de ser desposadas. San Nicolás se enteró de esto y corrió a darle una bolsa llena de monedas de oro en secreto a la mayor, para su dote. Otro tanto sucedió con la segunda y, como no, con la tercera, a medida que llegaron a la edad matrimonial.
Según la leyenda san Nicolás, para mantener el secreto, arrojaba la bolsa con el oro a través de una ventana y la colocaba en uno de los calcetines que la niña en cuestión colgaba para que se secasen en la chimenea. Sin embargo, la tercera de las niñas lo reconoció, con lo que se hizo famoso por ello.
En la segunda leyenda, la de los tres hermanos, san Nicolás, que iba de viaje, se detuvo en una posada a pernoctar y, mientras descansaba, soñó que se cometía un terrible crimen en esa hostería: Tres hermanos muy jóvenes y ricos que estaban alojados allí también, habían sido asesinados por el dueño con el fin de robarles y apoderarse de sus pertenencias.
Al despertar, san Nicolás, se encaró con el posadero y lo obligó a confesar su crimen, que no era el primero, por lo visto había hecho lo mismo con otros clientes a los que había troceado y puesto en salmuera, para, finalmente, servirlos a sus huéspedes como salazón de cerdo.
Los tres niños, que todavía no habían sido troceados, fueron al fin resucitados felizmente por el santo.
Estas dos leyendas y muchas mas le dieron fama en Europa.
Los vikingos lo adoptaron como santo patrono, y de ellos pasó a Rusia donde se convirtió en santo nacional a principios del siglo X. Este personaje llegó a ser en este país el patrón de los niños, las vírgenes, pescadores, viajeros y los estudiantes. Es el protector de las doncellas y hay que pedirle a él para poder encontrar un buen esposo.
Pero su fama se extendió sobremanera cuando sus huesos fueron robados de Myra por unos marineros que lo llevaron a la ciudad italiana de Bari, y puesto en la Iglesia de san Esteban. Apenas había llegado, ya empezó a obrar milagros y su fama corrió como el viento por toda Europa.
Desde mediados del siglo XIII, san Nicolás repartía los regalos y juguetes durante la noche del 5 al 6 de diciembre, pero tras la Contra Reforma católica (1545-1563), surgió otro personaje, Christkind, el niño Jesús, que repartía regalos en el día de Navidad. El avance de la tradición de los regalos del niño Jesús forzó a que san Nicolás pasara a entregar sus regalos el día 25.
La adorable misión de repartir regalos a los niños en Navidad fue adoptada por toda Europa, y el personaje encargado de hacerlo fue desarrollándose a partir de la figura básica del san Nicolás medieval mezclada con diferentes leyendas locales (como los gnomos, el padre invierno nórdico, la bruja buena italiana, y otros mas). Así nacieron, por ejemplo, los legendarios Kolya de Rusia, Niklas de Austria y Suiza, Pezel-Nichol de Baviera, Semiklaus del Tirol, Svaty Mikulas de la ex Checoslovaquia, Sinter Klaas de Holanda, Father Christmas o padre Navidad de Gran Bretaña, Santa Claus de Estados Unidos, Père Noël o padre Navidad  de Francia… y otras muchas variantes del mismo mito básico.
Pero al gordinflón de barba blanca y vestido con un traje rojo ribeteado de blanco, que conduce por el aire un trineo de ocho renos transportando un saco lleno de juguetes, se lo debemos a las tradiciones holandesas y a los escritores y dibujantes de Nueva York, EE.UU.
La Tradición de san Nicolás arraigó de forma especialmente intensa en los Países Bajos a partir del siglo XIII. Se lo llegó a nombrar santo protector de Amsterdam.
Por aquellos días se lo representaba vestido con ornamentos eclesiásticos, con barba blanca, montando en un burro, y llevando un saco o cesta con regalos para los niños buenos y un manojo de varas para los desobedientes. Más tarde, hacia el siglo XVII, solía llegar en un barco que se llamaba Spanje (España), con un caballo blanco, siempre acompañado de su fiel sirviente moro Zwarte Piet (Pedro el Negro), un siempre sonriente personaje que lleva un saco lleno de golosinas que es lo suficientemente grande como para que, cuando se quede vacío, pueda meterse en él a todos los niños que se han portado mal durante el año; y se los llevaba a España (un castigo horrible para la época, ya que estaban enemistados con la península).
Esta tradición familiar de san Nicolás traspasó el Atlántico, en el siglo XVII, junto a los colonos holandeses que fueron a instalarse en la prometedora costa este de Norteamérica. Los holandeses fundaron Nueva Amsterdam en la isla de Manhattan, que luego sería Nueva York. En este traspaso, Pedro el Negro se quedó en el viejo continente, ya que desaparece de los festejos posteriores.
El escritor norteamericano Washington Irving, -autor de los cuentos de la Alhambra-, y fervoroso amante del folclore europeo, escribió su historia de Nueva York en 1809, «Knisckerbocker’s History of New York», en la que describe la supuesta llegada del santo cada víspera de San Nicolás. Lo describe ya sin ropas de obispo y también dejó de montar un caballo blanco para trasladarse en un corcel volador. En esta obra Washington Irving relataba cómo San Nicolás volaba sobre los tejados de la ciudad, dejaba caer sus regalos por las chimeneas, y misteriosamente llenaba los calcetines y las medias puestas a secar sobre las chimeneas con regalos para todos.
En el cuento de Washington Irving el bueno de San Nicolás era un hombrecillo con sombrero que fumaba parsimoniosamente su pipa. Fue tan popular a raíz de este relato que todos, incluso los colonos ingleses, festejaron la celebración holandesa.
El nombre fue derivando de san Nicolás, Sinterklaas o Sinter Klaas hasta acabar siendo pronunciado como Santa Claus por los angloparlantes. Había nacido un nuevo personaje, al que todavía le faltaba un poco más para convertirse en el actual gordo bonachón.
El siguiente paso en la transformación definitiva de san Nicolás en Santa Claus ocurrió el día 23 de diciembre de 1823, cuando apareció un poema en un diario de Nueva York, titulado Un relato sobre la visita de San Nicolás, «A Visit from Saint Nicholas». El autor había escrito el poema para su hija Charity, que tenía a la sazón seis años de edad. En el año 1862 se supo que lo había escrito Clement C. Moore, profesor de estudios bíblicos en Nueva York.
En este poema se ensalzó el componente mágico del Nicolás de Irving y lo hizo más creíble. Transformó el trineo tirado por un caballo volador por uno tirado por renos. Lo describió como un tipo alegre, gordo y de pequeña estatura, asimilándolo a un gnomo. Y lo mas decisivo fue que Moore situó la llegada de Santa en la vigilia de Navidad, en lugar de suceder el 6 de diciembre. Gracias a este empuje, Washington Irving creó una sociedad literaria en honor al santo en 1835.
La imagen del gordo Santa Claus la detalló al máximo el dibujante Thomas Nast, que por Navidad publicó ilustraciones de Santa Claus en la revista Harper’s de 1860 a 1880. Nast añadió detalles como su taller en el polo norte y su vigilancia sobre los niños buenos y malos de todo el mundo, a los cuales observaba con su gran anteojo desde el Polo Norte. Él le dio el color rojo y su vestuario de pieles.
A fines del siglo XIX y principios del XX, la costumbre del san Nicolás reinventado en Nueva York, se fue extendiendo por casi toda Europa. Fundó sus bases en Gran Bretaña como Father Christmas o Padre Navidad, y de ahí pasaría a Francia bajo el nombre de Père Noël o papa Navidad, del cual derivaría Papá Noél, como se lo conoce en España, Argentina y gran parte de América latina. En realidad no hizo mas que readaptarse a las antiguas costumbres de san Nicolás u otros repartidores de regalos.

El Santa Claus de Thomas Nast

Pero finalmente fue la Coca-Cola la que le dio su actual aspecto en 1931. Para la campaña publicitaria de la Navidad de ese año, la Coca-Cola le encargó a Habdon Sundblom que remodelara el Santa Claus de Nast. Éste creó un Santa Claus más alto, todavía más gordinflón, aunque más simpático, con un rostro bonachón, de ojos pícaros, chispeantes y amigables, con pelo cano y luenga barba y bigote, también blancos, sedosos y agradables. La vestimenta mantuvo los colores rojo y blanco, que son los de la compañía, pero su traje se hizo más lujoso y atractivo.
A la imaginación de todas esas personas se debe nuestro actual repartidor de regalos. En realidad no hizo mas que readaptarse a las antiguas costumbres de san Nicolás u otros repartidores de regalos, que se barajaban en los diferentes países del mundo.
Actualmente se lo hace oriundo de Hveragerdi, según los islandeses, los noruegos dicen que vive en la ciudad de Drammen, mientras que los finlandeses (la mas aceptada) juran que e nació y vive en Rovaniemi. Todas estas son localidades turísticas.
Según los finlandeses, hace siglos, un primitivo Santa Claus (que ellos llaman Julemand) vestido con pieles de reno, dejaba los regalos tallados en hueso o madera en la puerta de cada casa donde viviera un niño. Pero ahora ese gigante generoso vive, desde hace 400 años, en un monte cercano a la ciudad de Rovaniemi.
Todos sabemos que vive en el Polo Norte con muchos duendes que lo ayudan a fabricar todos los regalos que le piden los niños del mundo, y que reparte los regalos en un trineo volador tirado por los siete renos a los que llama Bailarín, Saltador, Zalamero, Bromista, Alegre y Veloz, todos ellos liderados por Reno Rudolf, el de la nariz roja, que fue el último en integrarse al grupo. Otros dicen que son ocho y se llaman Doner y Cupid, que están cerca de Papá Noel, Blitzer y Comet, Vixen y Prancer, y por ultimo Dasher y Dancer.
De este personaje es de donde se originó Santa Claus, Papa Noel o Viejo Pascuero, es una leyenda proporcionada por Holanda y estos a la vez lo obtuvieron de Demre Turquía (antes Myra) y lugar donde comenzó la fábula y también lo de los regalos en secreto.
También se afirma que antes de morir, San Nicolás  pronunció las mismas palabras de Jesús: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».
Como ya hemos visto, Con el paso del tiempo fue transferido a CHRISTMAS y de ahí la asociación de Santa Claus y la Navidad.
Todo esto es mentira, con lo cual las personas envenenan la mente de sus hijos, ya que quieren asociar así que a Cristo le llevaban juguetes. Sin embargo, leyendo los primeros capítulos de Mateo y de Lucas no encontramos nada acerca de esta tradición.
En Éxodo 23:7 se dice «…no matarás al inocente…». Sin embargo, con todas estas mentiras se está matando la fe de muchos niños por su ingenuidad, ya que se les engaña con las falsedades que son costumbres de los padres, como: «duérmete, porque en esta noche viene Santa Claus en un trineo lleno de regalos y te va a traer tus regalos y los juguetes que le pediste». Ahora bien, cuando un hijo miente, el padre le castiga y le hace ver que es una falta grave. Empero, todos los padres engañan a sus hijos y el Padre de las luces también castigará aquel mentiroso padre, ya que el libro de Apocalipsis 21:8 dice: «Mas a los temerosos e incrédulos, a los abominables y homicidas, a los fornicarios y hechiceros, y a los idólatras, y a todos los MENTIROSOS, su parte será en el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda». De manera que no hagamos tal cosa para no ser destruidos. Así nos podemos dar cuenta de las tradiciones que el mundo está guardando, que tienen apariencia de muy inocentes, pero la consecuencia es grave.
Ídolo de chicos y grandes es el mismo cura Seinte Klass que los americanos le sacaron sus vestimentas sacerdotales y le pusieron un hermoso traje rojo, botas negras; le quitaron el caballo y le dejaron el trineo del dios Odín. Con la única diferencia de que el trineo del dios Odín, según la mitología Escandinava, es tirado por caballos, y la de Santa Claus movido por renos.
También, como hemos dicho antes, al curita la Coca-cola lo hizo subir de peso. Y así luce cada año gordo y sonriente y en común acuerdo con los padres engaña a los niños diciéndoles que los visitará llevándoles todo lo que ellos le pidan en noche buena, que de buena no tiene nada ya que está llena de paganismo.

Conexión con Berta la diosa del hogar.

Los antiguos alemanes consideraban a Berta la diosa del hogar. Berta era la diosa de las tierras nórdicas y se creía que ella llegaba a visitar las casas durante el solsticio de invierno. Así los hogares eran decorados con hojas verdes y pinos, para darle la bienvenida.
Cuando la familia y los siervos se renían a comer se erigía un gran altar hecho de piedras lisas y allí se preparaba un gran fuego con pinos. Berta descendía y en medio del humo guiaba a aquellos sabios en ciencia a predecir el futuro a aquellas personas que se encontraban en la fiesta. El altar preparado para la diosa Berta llegaba a ser la chimenea de la casa.
Nosotros aprendemos de esta historia, también, la razón de porqué Santa Claus, entra por la chimenea en vez de entrar por la puerta.
En Alemania se hacen queques con la forma de zapatillas de levantarse. Son las zapatillas de Berta. Estos queques son rellenados con pequeños regalitos y ellos conceden a grandes y chicos la cualidad de la virtud.

Año Nuevo.

¿Por qué se celebra el año nuevo con ruidos?
La alegría que hoy provoca el esperar el año nuevo con ruidos de cornetas, pitos, sirenas, fuegos artificiales, etc., no es otra cosa que la manera ahora más sofisticada de la costumbre que tenían los pueblos paganos de esperar su año nuevo. Ellos prendían fogatas y hacían grandes ruidos porque creían que de ese modo podían espantar los malos espíritus y dar lugar a que los buenos entes volvieran a la tierra y trabajaran en forma mágica en sus vidas.

El dios Janus.

Nosotros le debemos a la Roma Pagana la costumbre de observar el nuevo año el primer día del mes primero del año.
Durante el primer siglo A. C. el emperador Romano Julio César, confeccionó un nuevo calendario, conocido como el calendario Juliano. Este calendario designaba a Enero como la fecha para empezar el año. El nombre para el primer mes del año, también vino de Julio César. Él le dio al primer mes el nombre de Janus, en honor al dios Janus, considerado por los romanos el «dios de las puertas y los portales», de aquí viene el nombre del mes inblés January.
Los romanos creían que Janus era el dios que cuidaba las puertas del cielo y de la tierra, por eso lo pintaban sosteniendo en su mano derecha una gran llave con la que puede cerrar la puerta del viejo año y abrir las puertas del nuevo. También a Janus se lo pintaba sosteniendo un cetro en su mano izquierda, como un símbolo de su poder.
Al dios Janus se lo pintaba con dos caras. Debido a que los portales se abren hacia adentro y hacia afuera, Janus miraba con una cara atrás hacia el año viejo y con la otra hacia el año nuevo.
Para el primero de Enero los romanos celebraban a Janus con un gran festival. Frente a las grandes puertas del templo edificado en su nombre, los romanos se divertían, se alegraban y hacían grandes procesiones en su honor. Regalos especiales eran traídos al emperador en esa fecha, con los deseos de buen augurio. También se intercambiaban regalos entre los amigos.
De los tiempos de la Roma pagana nos llega a nosotros la costumbre de dar regalos y desear buena suerte para el año nuevo.

¿Fue el año nuevo celebrado siempre como un festival por los antiguos cristianos?
Los verdaderos cristianos, guiados por el Calendario de Dios, tenían su calendario dividido en año civil y año religioso. Siguiendo los consejos de Dios recibían el año nuevo civil con un espíritu de recogimiento y humildad hacia EL Señor, con sus semejantes y arrepentimiento por las faltas cometidas durante el año. Esta preparación empezaba en la fiesta de las Trompetas y culminaba con un ayuno obligatorio en el día más sagrado del año, el día de la Expiación. Pero poco a poco con el correr del tiempo y a medida que los fieles seguidores de Jesús iban muriendo las verdades puras del Evangelio también iban desapareciendo e iban dando lugar a la tradición y al paganismo.
En el siglo IV después de Cristo, con la aparente conversión de Constantino al cristianismo, la iglesia de Cristo, que una vez fuera pura en sus enseñanzas y en celebrar solo las fiestas que Dios había ordenado, se fue contaminando con las festividades paganas que se introducían al culto verdadero de Dios.
Es muy triste saber que hoy los seguidores de Jesús desconocen por completo las Fiestas Sagradas de Dios, las cuales tienen el plan de la salvación y participan celebrando las fiestas paganas, que están camufladas con un supuesto manto de santidad.

LOS TRES REYES MAGOS

Los armenios, en el siglo III, introdujeron la creencia en los reyes magos.
La iglesia católica tomó como fundamento bíblico Salmos 72:9-11, para afirmar que eran reyes y además que eran tres (!!!). También toman como base bíblica lo escrito en Isaías 60:3-6 para asignarles los animales donde venían montados. Sin embargo, en el evangelio de Mateo 21:1, 2 dice: «Y como fue nacido Jesús en Bethlehem de Judea en los días del rey Herodes, he aquí unos MAGOS vinieron del oriente a Jerusalem, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle». En este pasaje no nos menciona nada con relación a cuántos eran, ni tampoco que eran reyes.
El término griego «MÁGOI», transliterado «Magos», puede inducirnos fácilmente al error. Se trata de una traducción de equivalencia lingüística, no semántica, pues los denominados en griego «MÁGOI» eran los filósofos y sacerdotes persas, de la religión de Zoroastro. Las versiones inglesas de la Biblia vierten este término por «wise men», es decir, «hombres sabios», con lo que evitan el fácil malentendido.
Otra mentira, los nombres de estos: Gaspar, Melchor y Baltasar. ¿Quién les diría los nombres de estos personajes? Ya que el Nuevo Testamento no registra nada de esto.
Al leer esto sólo se sabe que los magos eran varios, no sabemos el número exacto, y que adoraron al niño Jesús ofreciéndole presentes y después de un sueño se volvieron a su patria. ¿Cómo entonces pasaron de magos a reyes?, ¿magos de que?, ¿reyes de dónde y por qué?
En el texto de Mateo no se responde a nada de ello, tampoco en el resto del Nuevo Testamento.
En un principio su número era indeterminado. Las representaciones artísticas son las que le fueron dando sus actuales detalles y apariencia. En el siglo III se los representaba como dos, en las catacumbas romanas, hasta el siglo IV aparecían dos o cuatro magos, según los casos; la media docena tampoco faltó en algunas pinturas. En la iglesia siria y armenia se defendió la docena de magos puesto que, según ellas, los magos prefiguraban los doce apóstoles y representaban a cada una de las tribus de Israel. Para la iglesia copta (de Egipto) eran sesenta y citaban los nombres de mas de una docena de ellos.
Finalmente, en el primer cuarto del siglo III, Orígenes afirmó que los magos habían sido solo tres, después de todo Mateo solo cita que a Jesús le entregaron tres presentes. En el siglo IV, de modo progresivo, comenzó a prevalecer el número de tres.
Durante los dos primeros siglos solo fueron magos, el «reyes magos» vendría después.
Como la práctica de la magia estaba prohibida por los textos bíblicos y el concepto de magos adquirió rápidamente un significado peyorativo, no se consideró edificante que sujetos de tan dudosa reputación deambulasen por el portal de Belén. Ya en el siglo III, esta imagen fue abolida por el teólogo Quinto Tertuliano (c. 160 -220), que fue el primero en denominarlos reyes, él dijo «se ha sostenido que los Magos eran reyes de Oriente». Nadie había sostenido tal cosa antes de él, pero eso era un detalle sin importancia para un cristiano consciente de su deber.
Sus nombres no aparecieron antes del siglo VI. Se reflejan en un mosaico bizantino del 520 aproximadamente localizado en Ravena, Italia. En él figura una leyenda sobre los tres magos que dice:
«+SCS BALTHASSAR +SCS MELCHIOR + SCS GASPAR», esto es, sacratísimus o veneradísimos Baltasar, Melchor y Gaspar.
El primero es Baltasar, de 30 a 40 años, con barba oscura, lleva en sus manos un recipiente para mirra; Melchor, como de 20-25 años y sin barba, transporta una bandeja para incienso; y Gaspar de mas de 50 años, con pelo y barba largos y blancos, presenta una canasta con oro. Todos son blancos, ninguno se ha convertido en negro.
Otra descripción de los Reyes Magos da el erudito teólogo anglosajón Beda el Venerable (675 -735) dice así:
«El primero de los magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera blanca y luenga barba (…) fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honró a Jesús ofreciéndole el incienso, símbolo de la divinidad. El tercero llamado Baltasar, de tez morena» (no negro)», testimonió ofreciéndole mirra, que significaba que el Hijo del hombre debería morir».
Los tres nombres que se les asignaron son tan arbitrarios y ficticios como los que se les dio en otra parte del orbe cristiano:
Apellicon, Amerim y Serakin entre los griegos;
Kagpha, Badalilma y Badadakharida en Siria;
Ator, Sater y Paratoras en Etiopía, etc…
Sus supuestas edades no fueron menos irreales y cambiaban sustancialmente en función de los gustos particulares de cada artista que los representaba. Finalmente, en el siglo XV, Petrus de Natalibus fijó que Melchor tenía sesenta años, Gaspar cuarenta y Baltasar veinte. Baltasar no fue negro hasta el siglo XVI. En esta centuria las nuevas necesidades ecuménicas de la Iglesia católica llevaron a implantar un simbolismo inédito, identificando a los tres magos con los tres hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet) que, según el Antiguo Testamento, representaban las tres partes del mundo y las tres razas humanas que lo poblaban, según se creía en esos días. De este modo, Melchor, el anciano de cabello y barba canos, pasó a simbolizar a los herederos de Jafet, esto es a los europeos, y ofreció al Niño divino el noble oro; Gaspar, rubio y lampiño, representaría a los semitas de Asia y su don era el preciado incienso; Baltasar, negro y barbado, personificaría a los hijos de Cam, los africanos, participando de la adoración universal con su entrega de la mirra. A los americanos a los chinos y japoneses, hubo que ignorarlos porque no se podían inventar nuevos reyes y menos inventarles nuevos hijos a Noé. El único intento fue el de una pintura portuguesa en la cual se remplazaba al rey negro Baltasar por un jefe indio amazónico.
El festejo de los reyes magos no se conmemoró plenamente hasta el siglo V en Occidente. Se eligió el día 6 de enero para conmemorar la Epifanía, la manifestación de Jesús al mundo a través de los reyes magos, su bautizo en el Jordán y el milagro de las bodas de Canaán.
La tradición de los Reyes Magos como generosos proveedores de juguetes y regalos a los niños es relativamente reciente y solo fue adoptada por algunos países latinos.
Los reyes no comenzaron a traer juguetes a los niños hasta mediados del siglo XIX, con anterioridad sus regalos se limitaban a cosas relacionadas con la vida cotidiana. Gaspar era el encargado de repartir golosinas, miel y frutos frescos; Melchor tendía más a lo práctico y su fuerte eran la ropa o zapatos; Baltasar jugaba el más desagradable papel al tener que ocuparse de castigar a los niños traviesos dejándoles carbón o leña por todo regalo…, símbolo del pensamiento racista.
Para poder llevar a cabo su labor con justicia, los reyes magos disponían de la ayuda de unos pequeños duendes que espiaban a los niños y les contaban a sus jefes hasta los más mínimos detalles de su comportamiento durante el año. La costumbre exige a los más jóvenes poner los zapatos limpios la noche de Reyes para recibir junto a ellos, durante la madrugada, los regalos de los magos. Y también tienen que dejarle paja o pasto y agua para los camellos.

LA ESTRELLA DE BELÉN

El único que menciona la estrella de Navidad o de Belén, es Mateo. Nos relata que la estrella precedía a los reyes magos hasta que se detuvo encima del lugar donde estaba el niño Jesús.
Ya en la antigüedad se defendía a la estrella como verdadera. El antes mencionado teólogo Orígenes (c. 185 -253) decía que estaba próxima a la naturaleza de los cometas.
Muchas hipótesis aparecieron para explicar el «milagro de la estrella de Belén», tratándolo como un fenómeno astronómico real. Unas teorías apuntan al brillante planeta Venus, pero este planeta ya era conocido en aquellos tiempos, así que difícilmente pudo ser tomado como algo extraordinario. Otros señalan el paso de un cometa, concretamente del Halley, pero éste ya había transitado por nuestro sistema solar el año 11 a.C., bastante antes del nacimiento de Cristo. Los hay también que atribuyen la «estrella» a una supernova (explosión de un gran sol, cuya brillante luz puede verse durante meses, incluso de día), pero no hay registros históricos de esa época al respecto, pese a que si lo hay de novas observadas en el 135 a. C. y en el 173 d. C.
La opinión más razonable y aceptada la propuso el astrónomo Johanes Kepler en 1606. Para Kepler, la estrella de los magos no fue otra cosa que la rara triple conjunción de la Tierra con los planetas Júpiter y Saturno, estando el Sol pasando por Piscis. En esta conjunción los planetas se ven como uno solo, lo que los hacen aparentar como una única luz muy intensa y brillante. Los cálculos de Kepler determinaron que la conjunción se dio en el año 7 a. C., lo que resulta compatible con las fechas asignadas al nacimiento de Jesús.
Un evento como este se dio en 1940-41 y no se volverá a dar hasta el 2198.
Kepler conocía los comentarios que sobre el profeta Daniel había escrito en 1497 Arbabanel, un sabio judío. Según Arbabanel la conjunción de Saturno y Júpiter en la constelación de Piscis había tenido lugar cuando se produjo el nacimiento de Moisés, y tendría lugar otra vez cuando naciera el Mesías. Arbabanel creía que la liberación traída por el Mesías se efectuaría de acuerdo con el versículo (24, 17 Números) de la Biblia que dice «Y de Jacob se levantará una estrella y de Israel surgirá un cetro».
Tal vez el redactor del evangelio según Mateo no hizo más que aprovechar, con intención mítica este suceso cósmico.
La explicación mas simple consiste, naturalmente, en creer que Dios creó una estrella que guiase a los Reyes Magos y una vez cumplida su misión desapareciera tan rápida y misteriosamente como había sido creada. Pero el Señor usa muchas veces para sus milagros las causas naturales, y el milagro consiste en que estas se realicen en el momento y lugar adecuados.
Toda una serie de mentiras aceptadas por la iglesia romana. Pero el mundo sigue la tradición del hombre y deja el mandamiento de Dios.
El nacimiento tuvo lugar en Belén y ante dicho acontecimiento, apareció una estrella en el firmamento que tres magos de oriente vieron. Guiados por esa estrella, los tres magos, llegaron a Belén y le dieron a Jesús, como regalo, oro, incienso y mirra. Pero antes de llegar ante Jesús, hicieron una parada en el palacio del rey Herodes; preguntando por él. Por cierto que a la deidad oriental Krishna le regalaron también oro, incienso y mirra.
Como Herodes no supiese dar contestación siguieron su camino hasta que la estrella se detuvo; pero el rey se llenó de miedo y ordenó matar a todos los niños menores de 2 años que vivían en Belén y sus alrededores. Jesús sobrevivió, gracias a que su padre, José, se lo llevó a él y a María, madre de Jesús, a Egipto. (Mateo 2:1-18).
Se dice también que, la razón por la cual Jesús nació en Belén, es por que, en aquellas fechas se pasó un edicto de Augusto César; que todo el mundo (registran los evangelios) debía ser empadronado, cada persona según su lugar de nacimiento. José, que vivía en Galilea, parte de la ciudad de Nazaret, se dirigió a Belén; donde él había nacido. Cuando llegó, su esposa María dio a luz en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. Justo en ese preciso instante, un ángel se le apareció a unos pastores y les anunció el nacimiento de Jesús, y les dijo también dónde lo podían encontrar.
Los pastores dejaron sus rebaños y se fueron a buscar a Cristo; encontrándolo envuelto en pañales, en un pesebre, junto a María. Al ver que era cierto lo que el ángel les había dicho, pasaron la voz y contaron todo lo que había sucedido. (Lucas 2:1-20). Pero… ¿Será cierto eso? Esta es una buena pregunta, por que: ¿Qué caso tiene celebrar la «navidad», si los hechos que se relatan, o son mentira o han sido alterados?
Pero vayamos por partes y juzgue usted, si es verdad o falso.
No hay ni un solo registro del edicto de Augusto César, ni tampoco de los resultados del censo. Además de que suena ilógico realizar un recuento haciendo regresar a todas las personas a su lugar de nacimiento. Ni siquiera hay un registro de una migración masiva de las personas que iban a ser empadronadas. Ni tampoco de la matanza de niños, ni siquiera una explicación por parte de Herodes al César justificando dicho genocidio. No hay nada registrado, ni en Roma, ni en ninguna otra cultura de aquel entonces, solo en el Nuevo Testamento.
La narración de Mateo no tiene desperdicio ya que muestra a un Herodes profundamente estúpido que, aún «turbado» al saber del nacimiento del rey mesías que podía destronarle (Mt 2,3-5), es incapaz de mandar a sus soldados a Belén, situado a poca distancia de su palacio, para prenderle y, en lugar de enviar, al menos, a alguno de sus muchos espías de la corte para que le informasen con diligencia, se quedó esperando las noticias de tres magos desconocidos que se habían declarado adoradores del recién nacido. Un «recién nacido» que, según refiere Mateo, podía tener hasta dos años, con lo que es obligado preguntarse: ¿pasó Jesús sus dos primeros años en un pesebre esperando a los magos?, ¿estuvo Herodes aguardando a los magos durante dos años y no tomó medidas hasta después de pasado ese plazo?, ¿eran tan idiotas los soldados de Herodes que éste les tuvo que mandar asesinar a todos los nacidos de «dos años para abajo» por si no sabían distinguir a un recién nacido de un niño algo mayor?
Los datos históricos reales nos dicen que Herodes no era el rey pasmarote y sanguinario que presenta Mateo, sino todo lo contrario, y denuncian que este suceso es mentira dado que, por ejemplo, no fue reflejado por el historiador judío Flavio Josefo (c. 37 -103 d.C.) en sus Antigüedades judías o en cualquiera otra de sus documentadas obras; este autor, que luchó contra los romanos en la guerra judaica, nunca dejó de dar noticia de las persecuciones o masacres cometidas contra su pueblo, resultando del todo imposible que no recogiera -en un relato minucioso, como todos los suyos-, la noticia de la matanza de los niños si ésta hubiese acontecido de verdad.
Las contradicciones y la falta de concordancias referentes al nacimiento de Jesús. Donde, en el relato de Mateo no mencionan a los pastores, ni al ángel; y en el relato de Lucas no menciona ni a Herodes, ni a los magos, ni a la estrella.
Queda una duda, sólo los tres magos vieron la estrella: ¿Por qué nadie más la vio? Los pastores estaban en el campo abierto, de noche, cuidando sus rebaños; ¿Por qué no vieron la estrella?
Por último, estos supuestos magos venían del oriente; de una cultura diferente a la de Jesús. Cultura que tenía sus propios dioses, sus propias creencias y costumbres. ¿Cómo es posible que supieran de las «profecías» y de cuando nacería «el Mesías»? Es muy poco congruente que estuvieran siquiera interesados en el Mesías de una cultura que era considerada en oriente como un cero a la izquierda. Ahora bien, que en las profecías del elegido o ungido de Jehová se menciona que este hombre traería la destrucción del mundo, la caída de Babilonia, etc.: ¿Cómo iban a estar contentos estos magos por el nacimiento de una persona que destruiría su civilización?

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