¡Que paren este mundo, que yo me bajo!

Lo del Vaticano empieza a parecerse peligrosamente a lo que ocurre en el PP. Se hacen códigos éticos de conducta que todo el mundo conoce pero que todo el mundo ignora. Y lo más peligroso es la simbiosis que tienen el PP y los “iluminados de la Iglesia Católica”.

Ha sido el pensamiento al leer ciertos pasajes informativos en los distintos diarios de información. Claro, que luego me lo he pensado un poco y he llegado a la conclusión de que no soy yo la que se tiene que bajar, porque, en realidad, yo soy de las que vivo y dejo vivir, con lo que, con su permiso, he decidido cambiar la frase y que quede algo así como: “que frenen el mundo que unos cuantos tienen que apearse”.

Y es que llevamos unas semanas de lo más estresante. La semana pasada era un cura adscrito al Arzobispado de Valladolid el que salía a la palestra porque tuvo a bien considerar que la red social twenty era un buen modo de ver y piropear a chicas en bikini, aunque se le fue la cabeza y decidió hacerlo con una cría de 14 años. Ricardo Blázquez, actual Arzobispo de Valladolid, tras muchas deliberaciones y rezos consultivos al Más Allá ha decidido suspenderle.

Por cierto, deberían llamar a la empresa que les suministra la tecnología de los rezos, oraciones y demás comunicaciones porque el sistema tiene fallos garrafales. ¿Se pueden creer que con todo lo que ha salido en los medios de comunicación, con todo lo que ha rezado, orado y meditado el Arzobispo Blázquez y las disertaciones hechas por grandes pensadores como Carlos Amigo, Arzobispo de Sevilla, restando importancia a la “anécdota”, su mandamás absoluto, el más de lo más, el que todo lo sabe porque es el que más cerca está de la divinidad –sí, Rouco Varela- no se ha enterado de nada?

Y ahora ¿cómo le hacemos llegar la noticia de que un jesuita está imputado por presuntos abusos sexuales de un adolescente en un centro de menores?

¿Cómo le hacemos saber que el anterior Arzobispo de Valladolid –actualmente en Toledo- decidió pasarse por el arco de la sotana las normas de “tolerancia cero” del Vaticano y lo que hizo fue trasladar al presunto abusador a Palencia para alejarlo de la investigación?

He pensado en palomas mensajeras, halcones peregrinos e incluso en alondras sureñas, pero creo que la mejor manera es una notificación informándole que el Estado deja de financiar sus “actividades” por ser contrarias a “sentido común y mínima decencia”. Seguro que de esa sí se da por enterado al instante. Si ya lo digo yo, que hay que hacer buen uso de las “nuevas tecnologías”.

Y por otra parte: si el Arzobispado de Valencia edita una guía en la que afirma que la homosexualidad es una disfunción, ¿habrá pensado Rouco Varela en erigir una clínica para miembros de la Iglesia Católica que sufren una severa e irreversible disfunción mental y cerebral? Porque, no es malo que sus discípulos mantengan relaciones homosexuales, lo aberrante es que lo hagan abusando de menores, en lugares de acogida o en aquellos en los que cuya misión era protegerlos y no violarlos.

Lo del Vaticano empieza a parecerse peligrosamente a lo que ocurre en el PP. Se hacen códigos éticos de conducta que todo el mundo conoce pero que todo el mundo ignora.

Y lo más peligroso es la simbiosis que tienen el PP y los “iluminados de la Iglesia Católica”.

Me asombra la poca claridad mental de aquellos que hacen suyas las proclamas de la Iglesia.

Si admiten aplicar en las aulas las teorías “iluminadas” que sostienen que la homosexualidad es una disfunción y que la masturbación puede a llegar a considerarse un “vicio”, se supone que es porque hacen suyos dichos asertos. Pero que consientan en admitir en que no se deben utilizar los medios anticonceptivos, porque ninguno funciona, es hacer uso de una irresponsabilidad que adquiere tal grado que debería contemplarse como una tara. Sin más. No cabe en la cabeza de ningún ser inteligente educar a los jóvenes en la teoría de que los preservativos no previenen. Es irreal, ilógico, y además, mentira.

Es el inconveniente de dejar aplicar teorías educativas a quienes no saben educar, sólo saben adoctrinar.

Y salvo que hayamos considerado la opción de equiparar los dos términos, habrá que hacer todo lo posible para que estos “iluminados” prediquen, única y exclusivamente, en sus Iglesias.

Y a poder ser que se autofinancien sus locuras, porque ya está bien de tirar de la ubre del Estado para esa autocomplacencia ideológica que luego son incapaces de llevar a la práctica.

Leire Díez Castro – Presidenta de Red Laica para la Igualdad y la Diversidad

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