Que nos dejen morir en paz

El director de «La Ventana» pone el foco sobre el caso de Pilar García, quien después de mucho litigar ha conseguido morir por decisión propia. Francino habla hoy sobre la eutanasia

Hoy les invitamos a compartir una historia de vida relacionada directamente con la muerte. Su protagonista se llamaba Pilar García, tenía 55 años y nos lo contó aquí mismo hace apenas dos meses.

– Yo quiero mantener mi dignidad hasta el final. Y yo no tengo mentalidad de suicida, no voy a suicidarme. Voy a poner el final cuando yo no tenga vida, no voy a poner el final a mi vida. A mi vida desgraciadamente se lo pone una enfermedad. Lo único que no quiero es convertirme en un despojo humano.

Pues lo ha conseguido. Pilar murió –y lo hizo plácidamente, no era ningún despojo–. Murió este fin de semana rodeada de los suyos. Lo cuenta hoy El Periódico de Catalunya, pero revela que casi hasta el final hubo algún momento de tensión porque el equipo médico que la atendía quiso llevarla a un hospital en contra de su voluntad. Pilar sufría un cáncer incurable, ya en fase terminal, y lo único que se hizo finalmente fue administrarle una sedación para evitar dolores y sufrimientos; ni siquiera fue necesario utilizar un cóctel de fármacos para provocarle la muerte ya que la enfermedad se había acelerado en los últimos días.

Este caso, como pueden imaginarse, nos obliga a plantear por enésima vez qué diantres pasa en este país con el derecho a morir dignamente; por qué cuesta tanto avanzar en este terreno, por qué en ocasiones se criminaliza a los médicos que están por la labor y por qué se condena cada año a miles de personas a consumir los últimos plazos de su vida en condiciones lamentables. No es de recibo que España carezca de un sistema integral de tratamientos paliativos donde se le permita al propio enfermo tener capacidad de decisión. Algún día, por cierto, habrá que hablar también de la eutanasia, que ya es legal en Holanda, Suiza, Bélgica, Luxemburgo, algunos estados norteamericanos y Quebec. Ya llegaremos… pero vamos, sabotear la aplicación de esos cuidados paliativos en base a ideas morales o creencias religiosas supone un signo de crueldad y de atraso tan grande que, sinceramente, no consigo entenderlo.

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