Que los curas vayan a laburar

En el contexto de la ola verde que se lleva puesto todo y conquistó la media sanción para que el aborto sea legal, conquista que ni Bergoglio pudo opacar con sus rancias declaraciones, se dio a conocer recientemente la propuesta del diputado radical Alejandro Echegaray de un proyecto para que el Estado argentino deje de pagar los sueldos de los obispos. El mismo está en tratativas para ser debatido en la Comisión de Relaciones Exteriores y es co-firmante del mismo el diputado del PRO Fernando Iglesias. Se abre así con la lucha por el derecho al aborto un nuevo capítulo de la crisis del catolicismo como institución principal de adoctrinamiento y control ideológico de las mayorías populares.

Esos verdaderos parásitos que ostenten títulos pomposos como “monseñor” fueron beneficiados por los milicos que secuestraron, torturaron, violaron y desaparecieron a 30.000 compañeros y compañeras y todavía tienen el descaro de comparar el derecho al aborto con los nazis. La legislación de origen militar es la que establece actualmente la “obligación” del Estado de mantenerlos. Firmados por Bignone y Videla el decretos 21.950 asigna una remuneración mensual equivalente al 80% del sueldo de un juez de instrucción de primera instancia para arzobispos y obispos mientras ocupen el cargo. Otros decretos establecían el dinero a recibir por incapacidad de los mismos como el 21.540; para curas y párrocos que se encuentren en zonas de frontera se sancionó la ley 22.162; para sacerdotes seculares incapacitados o jubilados la ley 22.430; así como para pagar a la formación del clero diocesano los genocidas firmaron la ley 22.950.

Para la indignación de cualquier laburante que hoy padece llegar a fin de mes, veamos cuánto cobran estos vagos ocupados en militar contra los derechos de las mujeres, la educación sexual, contra el movimiento LGTBI entre tantas injerencias reaccionarias. En una sesión de Marzo de este año en el Congreso Marcos Peña revelaba que “un obispo diocesano cobra 46.800 pesos mensuales; un obispo auxiliar, 40.950; un obispo emérito, 40.950; y los administradores apostólicos y diocesanos perciben 46.800 -igual que los obispos diocesanos.”[1]

La suma del presupuesto que para este año de brutal ajuste previó el gobierno para la Iglesia a través del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto es de 176,5 millones de pesos que van a sueldos y otros gastos. Hay 140 obispos, 640 sacerdotes y 1.200 seminaristas según el presupuesto. No sólo reciben fondos por sueldos, también se pagan las refacciones a los edificios o su mantenimiento, los mismos perciben jubilaciones y no pagan impuestos como el IVA o impuesto a las ganancias. No podemos dar cuenta de cuánto más reciben en formas de subsidios a sus escuelas privadas porque en el presupuesto educativo no está hecha la distinción y no son cifras que los funcionarios pretendan revelar hasta que se les pida rindan cuenta de tanto despilfarro en la educación privada y religiosa.

Está pendiente la pelea por la separación de la Iglesia y el Estado

El debate por la separación de la Iglesia del Estado nos remite a varios siglos atrás, a la Revolución Francesa y a mirar los aspectos progresivos que la misma contenía en cuanto avance del género humano respecto del yugo del pensamiento religioso. Hoy el movimiento de mujeres cobra fuerza en cada pelea que da en las calles y puede y debe perfectamente ir por más a la hora de enfrentar a los enemigos de sus derechos. Sabemos que tenemos las condiciones para entrar en el siglo XXI en materia de relaciones sociales y sobre todo entre hombres y mujeres.

Es allí donde una pequeña frase de Antonio Gramsci de su artículo “Oprimidos y opresores” resuena.  Vale ver hasta dónde la idea de un dios como voluntad ajena a la acción de los hombres y mujeres en la historia realmente ayuda a pensar en que no vinimos a este mundo a padecer, ni a pagar culpas condenados a la miseria esperando tras la muerte un supuesto paraíso. No es natural el modelo de familia patriarcal, no es natural la desigualdad social entre hombres y mujeres, no es herejía resistir a la opresión y explotación. Será propicio otro artículo para un debate tan profundo. Pero sin más preámbulos van estas palabras para empezar a pensar como el movimiento de mujeres y los de abajo tomamos esta tarea y nuevo desafío en nuestras manos.

“Yo creo, en cambio,  que hay mucho más por hacer: los hombres están sólo barnizados de civilización, y en cuanto que se les rasca aparece inmediatamente la piel del lobo. Los instintos se han amansado, pero no se han destruido, y el único derecho reconocido es el del más fuerte. La revolución francesa ha abatido muchos privilegios, ha levantado a muchos oprimidos; pero no ha hecho más que sustituir a una clase por otra en el dominio. Ha dejado, sin embargo, una gran enseñanza: que los privilegios y las diferencias sociales, puesto que son producto de la sociedad y no de la naturaleza, pueden sobrepasarse.”[2]

 Gala Chilavert

[1] https://www.clarin.com/politica/sorpresa-marcos-pena-responder-ganan-obispos_0_BJXcvq8Yz.html

[2]  Gramsci Antonio, Antologia Vol I 1ra ed, Buenos Aires,  Siglo XXI Editores, (2014), pág 10.

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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