¿Qué legitimidad tiene Rouco para presionar al Congreso y cuál muchos católicos de EEUU para atacar a Obama?

Los neofariseos ven una paja en ojo ajeno y no una viga en el propio

¿Pero quién es Rouco Varela para inmiscuirse una vez más en el ámbito de la política, presionando al presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, con el fin de que en el Parlamento no sean reprobadas las infumables palabras de Benedicto XVI en África sobre los condones y el sida? El Parlamento de Bélgica ya lo hizo y los jerarcas de la Iglesia belga protestaron enérgicamente por ello.

Repito la pregunta. ¿Quién es Rouco Varela? Lo sabemos. Claro que lo sabemos. Es arzobispo de Madrid, cardenal de la Iglesia católica, apostólica y romana y presidente de la Conferencia Episcopal Española. Introduzco otro interrogante. ¿Qué avales democráticos tiene este señor -o monseñor en el lenguaje curial- para dirigirse al presidente del Congreso, tratando de evitar que la propuesta de Iniciativa per Catalunya Verds sea debatida en el hemiciclo? ¿Por qué los diputados españoles no pueden discutir sobre una frase del Sumo Pontífice que ha levantado un vendaval de críticas, muchas de ellas formuladas hasta por creyentes?

Supuesta corte celestial
Carece Rouco Varela –como todos sus colegas, incluido el Papa- de legitimidad democrática. De hecho, el único Estado europeo no democrático es el del Vaticano. La llamada Santa Sede es una teocracia, no una democracia. El jefe de Estado –que es el Papa de turno- es cooptado por la casta cardenalicia, a su vez designada a dedo por el antecesor en el cargo. ¿Cuál es la Constitución del Vaticano? ¿Qué libertad de expresión hay en ese peculiar Estado? ¿Qué papel se les reserva a las mujeres? El Vaticano esta gobernado por un dictador y su corte supuestamente celestial.

Dictablanda
Durante siglos, esa dictadura ha dispuesto de ejércitos y de instrumentos monstruosos como el Tribunal del Santo Oficio o la Santa Inquisición, que imponían el catolicismo por la vía de la represión, de las torturas y de la pena de muerte, a menudo ejecutada en una hoguera. En la actualidad, la dictadura pontificia no juega a la guerra y, en este sentido, hasta puede afirmarse que es una dictablanda.

Bajo palio
Pero no estamos ante un régimen basado en la declaración universal de los derechos humanos, sino todo lo contrario. No fue casual que, a lo largo del siglo XX, la mayoría de los jefes de la Iglesia católica mostraran su adhesión a un tirano sanguinario como Franco, que los obispos paseaban bajo palio. Ni fue casual que firmaran el concordato con el Estado Italiano –o los pactos de Letrán- Pío XI y Benito Mussolini, otro despiadado dictador.

Visiblemente emocionado
Ni tampoco fue casual que los obispos aprobaran que, por ejemplo, el 18 de noviembre de 1936, “un Franco visiblemente emocionado –afirma Paul Preston en su biografía del Generalísimo– aparecia en Salamanca ante las multitudes que aclamaban febrilmente a Hitler y Mussolini. Les dijo que la Alemania nazi y la Italia fascista eran el baluarte de la cultura, la civilización y el cristianismo en Europa`”.

¿El cardenal Franco?
En diciembre de 1957, una serie de reconocidos prohombres del régimen, católicos fervorosos todos ellos, llegaron a proponer que a Franco se le hiciera cardenal. En su escrito lo definían del siguiente modo, literalmente: “Caudillo de España por la gracia de Dios, Jefe del católico Estado Español, Generalísimo de los ejércitos cristianos de Tierra, Mar y Aire, Centinela de Occidente, verdadero Defensor de la Fe, hombre de la Providencia, señalado con el dedo de Dios para regir al pueblo escogido”.

Jurisdicción espiritual…en teoría
¿No quiere entender Rouco Varela -52 años después del disparatado intento de que se le concediera a Franco el capelo cardenalicio- que la soberanía en España pertenece, desde 1978, a sus ciudadanos y ciudadanas y que no radica ni siquiera en el Rey? La jerarquía eclesiástica, aquí y fuera de aquí, es insaciable e infatigable. Continúa erre que erre multiplicando sus ingerencias en asuntos ajenos –en teoría sólo- a su jurisdicción espiritual que debiera empezar y acabar en los católicos. Hay que tener en cuenta, por otra parte, que cada vez hay más católicos que se llevan las manos a la cabeza al comprobar que las actuaciones de los mandamases de su religión apenas coinciden con la doctrina de Jesús de Nazaret, reflejada en los evangelios.

Sencillamente, canallas
Estos días, la oleada integrista apunta a Barack Obama. Los líderes fundamentalistas del catolicismo norteamericano –siguiendo las consignas de Benedicto XVI- la han emprendido con Obama, como vienen haciendo cada dos por tres con Zapatero. Se entendían a las mil maravillas con George W. Bush, un ultraconservador. Y ya están cargando contra un presidente progresista. Le acusan de abortista y, por ello, de estar al lado de la muerte. Son sencillamente canallas. Aplaudían a Bush, el mismo que ordenó una guerra en la que han muerto y siguen muriendo miles y miles de personas. Estos neofariseos ven una paja en ojo ajeno y no una viga en el propio.

Enric Sopena es director de El Plural

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