Puente Ojea: «Ser laicista no es aprobar los matrimonios gays o la ley del Aborto»

El diplomático, embajador ante la Santa Sede entre 1985 y 1987, pone en tela de juicio la transición española

Irreverente y políticamente incorrecto. Gonzalo Puente Ojea, embajador de España ante la Santa Sede entre 1985 y 1987, ofreció ayer una conferencia sobre laicismo y república en el Club de Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA, que le sirvió para poner en tela de juicio la Transición española, el sistema sociopolítico nacido en esa etapa y, de paso, criticar con dureza a figuras de esa época como el Rey, Adolfo Suárez, Felipe González o Santiago Carrillo. También puso en evidencia el talante laicista del actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero: «ser laicista no es aprobar los matrimonios gays ni una nueva ley del Aborto; nunca la Iglesia ha recibido tanto dinero del Estado como ahora», criticó el diplomático en el primer acto público de la Semana Republicana, organizada por la Asociación Isidoro Acevedo, el PCA, la Juventud Comunista y ASCIZ.

«La crisis actual es de sistema. Se hunde la configuración de España como Estado importante». Con esta carta de presentación, el discurso de Puente Ojea se ceñía al guión iconoclasta que se presume en este diplomático español, nacido en Cienfuegos (Cuba) y autor de 16 libros, el último bajo el título «La religión, vaya timo», según destacó el concejal ovetense Roberto Sánchez Ramos, ante un salón de actos que rozaba el lleno. «La serie de crisis superpuestas desde la muerte del general Franco han dado a luz a un estado inviable. Estamos ante una crisis muy grave porque no es una simple epidemia, es una crisis de constitución», manifestó Puente Ojea para, acto seguido, rematar: «España es un país mal hecho».

El origen de todos los males estuvo, según el diplomático, en la debilidad de los partidos de la izquierda española, especialmente el PSOE y PCE, durante la Transición. A juicio de Puente Ojea, la constitución de la Segunda República, en 1931, fue mucho más lúcida que la de 1978, en la resolución de cuestiones como la relación entre Iglesia y Estado, entre otras. «La Iglesia cuando oye hablar de laicismo se pone a temblar, porque supone retirarle privilegios».

El diplomático, ya retirado, criticó al Rey Juan Carlos I. Reveló que durante su etapa como encargado de negocios en la Embajada de Atenas, «antes de que fuera nombrado Príncipe de España, tuve un contacto muy directo con él durante tres meses y cuando le pregunté por el sistema falangista, me respondió que no había problema, que Franco era un gran Caudillo, el creador de una España nueva, que había superado rencores y desarrollado el país». Puente Ojea también aseguró que le preguntó a un entonces joven Juan Carlos si era partidario de instaurar una monarquía sin un referéndum previo: «me dijo que no era necesario, que aceptaba al dictador como artífice de la resurrección de España, algo que, me dijo, no comprendía su padre».

Tras poner en duda la legitimidad de la proclamación del Monarca, responsabilizó al PSOE «con sus votos» y también al PCE de «hacer viable la trama del Movimiento Nacional del franquismo». Denunció la existencia en la actualidad de «una oligarquía de partidos, protegida por la Corona» y el papel desempeñado por los medios de comunicación: «no cumplen su función».

En medio de esa interpretación, calificó a Rodríguez Zapatero de «señor esperpéntico, que no tiene formación ninguna, con una mente desestructurada, caótica y protector de la Iglesia». Y más tarde precisó, en alusión al actual Gobierno del PSOE, que «ser laicista no consiste en aprobar los matrimonios gays o una nueva ley del Aborto, que afectan al sistema de libertades; Zapatero le ha dado más dinero que nadie a la Iglesia y la vicepresidenta De la Vega ha tomado decisiones sin consultar a nadie, entregándole nuevos privilegios».

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