Princesas mutiladas

Mujeres senegalesas explican cómo viven su sexualidad tras haber sufrido la ablación

Se llama Ndeye Ami. Tiene tan solo 6 añitos y una mirada dulce y tierna que me roba el corazon. Hacía días que no la veía cruzar la calle, como de costumbre, haciendo mil y un recados: comprar azucar, té o incluso tabaco para los adultos. La pequeña vive en Kafountine con su tía, Thiebbou Sew, que se ocupa de ella. Su padre reside en otro pueblo, Bignona, y su madre, en Ziguinchor.
Me entristece pensar que esta princesita, obediente y trabajadora como la mayoría de niñas senegalesas, va a crecer sin el calor de sus progenitores. Pregunté a su tía por Ndeye Ami y me dijo: «Verás, durante la época de lluvias, las niñas están de vacaciones, no van a la escuela, y se aprovecha este momento para practicarles la circuncisión». No pude ocultar mi dolor y mi frustracion ante tal revelacion. Solté, sin pensarlo, un «no», a lo que los presentes me respondieron sonriendo: «Es nuestra cultura. No pasa nada. Se encuentra perfectamente».
Permanecí con mis amargos pensamientos en silencio y dejé que las lágrimas rodaran por mis mejillas ante la mirada atónita de la mujer y de mi amigo, Bacary, ambos senegaleses. Ndeye Ami sufrirá en el futuro las nefastas consecuencias físicas y psicológicas de una práctica aberrante, discriminatoria y peligrosa para la salud de la mujer. Por el simple hecho de no ser un varón, tal vez le arrancaron para siempre toda posibilidad de obtención de placer sexual.
En este país del África subsahariana, la ablación, la extirpación del clítoris, está prohibida por ley. Pero, a pesar de ello, la mutilación genital femenina se continúa practicando entre la comunidad musulmana del sur del país, en la región de Casamance.
Se calcula que el 20% de las mujeres senegalesas han sido sometidas a esta práctica, muy arraigada sobre todo entre la etnia mandinga y la diola. «No llores. No pasa nada», insistio Thiebbou Sew. «Ha estado un par de días que no podía caminar bien, pero ahora ya se encuentra perfectamente. Puedes ir a verla si quieres».
La ablación aquí es un tema tabú. Los hombres niegan que comporte múltiples consecuencias negativas para la salud e impida además a sus mujeres gozar de forma sana de las relaciones sexuales. «Y tanto que alcanzan el clímax», se pavonean ellos.
El origen de la circuncisión femenina es la falsa creencia que una mujer mutilada es más fiel, más limpia, tiene menos complicaciones en el parto y es más religiosa para llegar virgen al matrimonio.
La realidad es justamente todo lo contrario. Esta agresión contra el cuerpo femenino puede provocar infecciones, hernias y tumores en las niñas y, en algunos casos, incluso pueden fallecer por complicaciones derivadas de la intervención, que se realiza muchas veces de forma precaria.
Una misma cuchilla o tijera puede ser utilizada para realizar la extirpacion del clítoris de más de una niña y, en muchas ocasiones, ni tan siquiera se anestesia la zona. En el futuro, buena parte de estas mujeres jamás podrán disfrutar de relaciones sexuales placenteras, tan solo dolorosas, además de tener problemas a la hora de dar a luz o patologías diversas relacionadas con la intervención, como fístulas o tumores.
Pregunté a Thiebbou Sew si las mujeres no tienen dificultades en sus relaciones sexuales con el clítoris mutilado. «Para nada. Disfrutamos igual que vosotras. Yo siento mucho placer», contestó a la defensiva. Su amiga Astun, prostituta, asintió.
Aseguró que es duro, porque la intervencion es dolorosa, pero que en el futuro no supone ningún problema para gozar del sexo. No es la misma versión que da Mariama, de 33 años, o Vanesa, de 24. Ambas aseguran que tienen grandes dificultades para alcanzar el orgasmo. «Puedo pasar un año sin tener relaciones sexuales, porque no disfruto. Si accedo, es por mi marido», dice Mariama.

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