Por una muerte digna

Es importante hablar y pensar sobre la eutanasia. Lo solemos rehuir como si no nos afectara. Había un hombre, en el pueblo que nací en León, que con sus casi 90 años cuando moría alguien siempre más joven que él, decía: «vamos a quedar muy pocos». Siempre pedía seguir un año más, al parecer el último año se le olvido pedir prorroga. La muerte es una realidad que iguala a todas las personas. De momento, nadie puede comprar su existencia indefinida.

Al nacer no podemos decir ni pío, y al parecer cuando morimos es como si el tema no fuera con nosotros. Se constata que preparamos con más tiempo y mejor unas vacaciones con el Inserso, o una semana a cualquier destino, que el último viaje definitivo. No obstante, algo va cambiando pues cada vez hay más grupos a favor de «muerte digna».

Sin embargo, en el estado español NO laico de hecho, donde todavía retumban los golpetazos con el crucifijo y espada de la conquista de América, la Inquisición, la quema de «sorginak», Franco bajo palio, una Iglesia católica misógina, una negación del reconocimiento de que las mujeres son las únicas que tienen derecho a decidir sobre su propio cuerpo… Con estos antecedentes pensar que se va a aprobar el derecho a la eutanasia es pura quimera.

Pero tenemos que seguir dando la batalla y dar pasos en ese camino. No partimos de cero, hemos conseguido algunos avances y cada vez hay más personas que no queremos seguir la inercia. Algo está en nuestras manos como:

1º. Podemos hacer el documento de voluntades anticipadas. Ahí podemos decir qué trato médico queremos, si queremos que experimenten, que nos alarguen los días a base de tubos y máquinas, que se nos dé asistencia espiritual, que la familia cargue hasta el final aunque no nos enteremos de nada… En una palabra, decir claramente lo que queremos en el tema médico, cuidados paliativos y últimos días para que la pareja, familia y/o amistades lo tengan claro. Quitémosles esa responsabilidad que es sólo nuestra. Se puede hacer ante la persona que lleva «El Registro de Voluntades Anticipadas».

2º- Allí mismo podemos decir si queremos donar órganos y/o el cuerpo a la Universidad. (Al parecer esta donación ha aumentado mucho con la crisis, pues el morirse sigue siendo caro, ya que en este negocio la clientela está asegurada.) Si no aceptan la donación del cuerpo, o debido a los muchos tratamientos médicos, no es apto para la donación, sólo queda incineración o enterrar. También en este caso tenemos que decir cómo lo queremos. Debemos nombrar a una o dos personas que serán quienes tienen la responsabilidad de que se cumplan todos nuestros deseos.

Si entráis en internet y ponéis «Documento de Voluntades Anticipadas» tenéis la información y veréis que hay varias formas de hacerlo. Una es el registro Vasco que depende de Osakidetza y hay que pedir cita previa, pero hay mas opciones.

Pero aquí no acaba todo. ¿Y después qué? Si no decimos nada y aunque seamos ateos por no desairar a la amuma o a la amabitxi… ¿dejaremos que nos metan en la iglesia para rezar por nuestra salvación? Pues, si no lo disponemos, ese peligro siempre existe. De nuevo tenemos qué decir lo que queremos. He leído en Gaur8, del día 31 de Octubre, el artículo de Amagoia Mujica sobre el libro escrito por Iñaki Olaizola Eizagirre «Muerte, ritual funerario y luto en Euskal Herria». Artículo interesante. Da diferentes opciones a la hora de hacer la despedida. Todas deben ser opciones voluntarias, pero también la de hacerlo en locales dignos, no iglesias. Habla de combinar en la misma iglesia rituales religiosos y laicos. Yo para mí esa opción no la quiero a no ser que la iglesia esté desacralizada, y por tanto ya no sea iglesia. Manifiesta que un frontón no es un sitio «apto». Pues como en pueblos no hay opción de desacralizar iglesias, en las capitales sí, ahí tenemos Bilbo Rock, para mi prefiero en un frontón que en una iglesia en uso con todos los símbolos que no comparto.

Esto supone que debemos decir alto, claro y por escrito lo que queremos para la despedida.

Pongo un ejemplo: 

– No quiero un tanatorio donde expongan mi cadáver maquillado y el personal comente “que guapo o guapa está”. 
– No quiero esquelas de ningún tipo, pues se repiten los textos y continúan marcando diferencias después de muerte.
– No quiero que se haga ningún encuentro con caras serias, frases de condolencia, panegíricos de toda la trayectoria vital, etc. Mucho mejor que los reconocimientos, las frases bonitas, nos las digamos ahora y lo compartamos todo durante la vida. Aprovechemos ahora, querámonos más y no esperemos a que la hayamos palmado, no nos enteremos y sea un acto social más. 
– Sólo deseo que se realice un encuentro en el que el personal que quiera se junte para comer y beber algo a mi salud y pagado con los ahorritos que dejaré para ese evento. (Es muy estimulante que se mezclen personas diferentes, que hablen, se conozcan, quizás algunas hasta se enamoren y todas puedan comentar sin temor a que les oiga «era majo pero qué pelma, ¡siempre estaba dando la vara!» o cosas por el estilo).

El pasado día 12 jueves hicimos una cosa muy bonita a un amigo. Se habían echado las cenizas en el Embarcadero de Algorta, pero muchas no pudimos ir. Le preparamos un Tour (txiki). Recorrido por 7 tabernas del Kasko de las muchas que frecuentaba. Pusimos 3 bares salteados a lo largo del recorrido con «avituallamiento» y otras 4 «metas volantes», sólo con bebida, rogando al personal que viniera con sed. Los avituallamientos los pagó el difunto. No lo había dejado escrito, pero sabíamos lo que quería. Resultado: «super ondo» me dijo su compañera al preguntarla. Ambiente estupendo, tristeza mezclada con alegría, brindis a su nombre, sorpresa de conocernos cuadrillas diferentes y antiguos compañeros y compañeras de curro. Armonía y buen ambiente en todo el recorrido. Al acabar ya había propuestas de hacerlo el próximo año para seguir viéndonos.

Como conclusión, todo esto lo tenemos que dejar bien escrito y encomendar a las personas que más nos quieren que hagan cumplir todo según nuestros deseos. Haciéndolo así, evitaremos dudas y discusiones de cómo deben hacer. Dar copia a compañero o compañera, familia y amistades para que sepan a qué atenerse y que nadie se salga del guión dando la nota para sobresalir. Sólo así estaremos seguras y seguros de lo que se hará.

Soluciones sin duda las hay. Tenemos que currarnos la página y exigir a los Ayuntamientos que pongan a disposición de la ciudadanía locales adecuados para hacer despedidas dignas laicas. Tener oportunidad de hacerlo con facilidad, con infraestructura, gratuito o muy barato para que nadie quede marginado o marginada. Hay personas que lo tenemos claro y no queremos ni iglesias ni tanatorios. Vale de disculpas para acabar haciendo siempre lo mismo diciendo que es lo más cómodo, lo que hay, que ya está todo montado y meter en iglesias a personas que han sido ateas o no han querido nada con la iglesia… Por eso tenemos que decirlo, romper las tradiciones. Hay tradiciones que cuesta quitarse de encima, se llamen Alarde misógino o que la iglesia siga mandando en nuestra muerte.

La muerte es una fase imprescindible de nuestras vidas. Las ausencias de quienes se han ido antes nos van marcando, diariamente lo notamos y sentimos más. Afrontemos la nuestra con naturalidad, hablemos de ella. Siempre recuerdo lo que cuentan de algunos pueblos indígenas donde las personas que consideraban cubierto su ciclo vital se adentraban en el bosque para esperar la muerte con tranquilidad. ¡Que lección! Siempre me ha dado envidia sana. ¡A ver si logramos cambiar esta no tradición sino TRAICION a nosotros y nosotras mismas! ¡Que nos vaya bonito hasta en la despedida!

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