Por una escuela pública y laica

La escuela pública ha de educar en valores humanistas, científicos y universales, no sexistas y democráticos comunes a todas las personas, sin dogmas, ni verdades únicas

EL laicismo responde al derecho que tiene toda persona a ejercer la libertad de pensamiento y de conciencia, a no ser discriminada en función de las ideas. El laicismo además de garantizar la libertad de culto impide que las distintas iglesias ocupen espacios y obtengan privilegios que no les corresponden.

En una sociedad laica caben todas las personas y los poderes públicos protegen y amparan la libertad religiosa y los distintos credos y filosofías. Sin embargo, sectores que gozan de fuertes privilegios procedentes de la etapa predemocrática tratan de confundir a la opinión pública relacionando el laicismo con la falta de valores y el anticlericalismo.

La escuela pública ha de educar en valores humanistas científicos y universales, en la pluralidad, en el respeto a los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad, en los valores éticos, no sexistas y democráticos que son comunes a todas las personas, es decir sin dogmas, ni verdades únicas y excluyentes.

La escuela no ha de ser un lugar de exclusión. Niñas y niños no deben ser segregados en función de las creencias o convicciones de sus familiares. No podemos aceptar que se obligue a quienes no asisten a Religión a estar separados de su clase y a adaptarse al horario y exigencias de quienes desean seguir imponiendo esas enseñanzas en el horario lectivo.

Por todo esto, la Religión debe salir del horario lectivo para respetar los derechos de toda la comunidad educativa y para que no se interrumpa el normal funcionamiento de la organización de los centros educativos. Una apuesta decidida por la escuela pública, democrática y laica es una garantía para avanzar hacia un modelo educativo integral, inclusivo, compensador de desigualdades y que eduque en la diversidad y para la convivencia.

Puesto que la escuela no es el lugar adecuado para difundir la doctrina religiosa, pensamos que ya es hora de abrir este debate, aprovechando la campaña de matriculación en la que hay que ofertar obligatoriamente la asignatura de Religión, a toda la comunidad educativa: en los claustros, en los Consejos Escolares, en las Ampas, en las familias… y reivindicar un proyecto educativo laico, que propicie los valores universales comunes a todas las personas.

La asignatura de Religión interrumpe el funcionamiento común e integral del horario lectivo e impide que ese tiempo se dedique a desarrollar otro tipo de áreas y aprendizajes. Según la normativa actual, esta asignatura ocupa una media de 945 horas en el conjunto de las etapas de Infantil y Primaria y de 450 horas en la ESO, una carga superior a la de materias tan importantes como la Educación Física o la Educación Artística.

Además, con la nueva Ley de Educación, Lomce, todo esto se agrava y en vez de retirar la religión del expediente académico y del horario escolar, el Estado se pone al servicio de las demandas de los obispos, introduciendo la obligatoriedad de impartir una asignatura alternativa fuerte a quienes no elijan religión. Además se han salido con la suya de suprimir Educación para la Ciudadanía, asignatura que planteaba cuestiones polémicas para la Iglesia como: libertades sexuales, matrimonio entre personas del mismo sexo, igualdad entre mujeres y hombres, nuevos modelos familiares,…

Por todo esto pedimos que la asignatura de Religión deje de formar parte del currículo y del horario escolar, saliendo de la Escuela.

Josu Zalbidea

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