Por una escuela laica

Copérnico, Galilei, Servet, Kepler, Descartes son sólo unos pocos ejemplos de hombres eminentes dedicados a la ciencia que fueron perseguidos por la religión

La historia de la Educación está enmarcada en la apropiación que de ella siempre hizo, de manera secular, la Iglesia, convirtiéndola desde la Edad Media en su propio monopolio y horneándola a su beneficio. Sin duda, controlar la información que llega a las personas es controlar a esas personas, muy especialmente si ello ocurre desde la infancia. Y también la historia de la Educación está enmarcada en la lucha de hombres prominentes por liberarla del poder clerical, y por rescatarla de las garras de la superstición, la irracionalidad y el dogmatismo.

Es muy curioso que hayan ostentado el poder sobre la Educación los que se dedican a imponer y difundir dogmas, porque no hay nada más acientífico y lejano al conocimiento que la dogmática. Los dogmas son verdades reveladas, es decir, leyendas indemostrables, cuando no directamente mentiras. Para conocer la verdad hay que investigar, razonar, buscar, analizar, comprender y demostrar; justamente todo eso que la irracionalidad religiosa considera pecado o herejía. No es ajeno a nadie el hecho de que el cristianismo y la Iglesia católica llevan 20 siglos persiguiendo a científicos, investigadores, sabios y, en general, a todo aquel que haya buscado evidencias que contradigan sus indemostrables doctrinas. Del Islam mejor no hablar, porque a día de hoy siguen persiguiendo y condenando a muerte a escritores y pensadores que les molesten en sus delirios y absurdeces. Recordemos por ejemplo a Salman Rushdie, Oriana Fallaci, el director de cine holandés Theo Van Gogh, o el terrible atentado en Paris a la revista satírica Charlie Hebdo.

Copérnico, Galilei, Servet, William Tyndale, Kepler, Descartes son sólo unos pocos ejemplos de hombres eminentes dedicados a la ciencia que fueron perseguidos, torturados y acosados por la religión que, o bien perdieron sus vidas, o se retractaron de sus descubrimientos si querían conservarla. Eran “herejes”, porque finalmente la ciencia busca la verdad y el progreso; y la verdad y el progreso son, como decía el gran Charles Baudelaire, la gran “herejía” para el pensamiento oscuro y decadente.

Movimientos culturales como el Renacimiento en el siglo XVI, la Ilustración y el Racionalismo del siglo XVIII, el naturalismo y el Krausismo del XIX han perseguido, como componente importante del humanismo y del derecho a la libertad, la independencia de la enseñanza respecto de cualquier componente religioso. En España, entre 1876 y 1936, se hizo un esfuerzo enorme que dio lugar a una institución maravillosa: La ILE, Institución Libre de Enseñanza que, gestada por Azcárate y Giner de los Ríos y basada en un modelo de Educación universal, racional y científica, se convirtió en el foco de la vida cultural del país, y en un ejemplo de pedagogía laica y moderna que ya quisiéramos tener hoy. En una España en la que la mayor parte de la población era analfabeta y no tenía posibilidad de acceso a la enseñanza reglada, la ILE, para empezar, proponía una profunda renovación pedagógica, siempre hasta entonces en manos del clero, y promovía la escolarización de toda la población española.

Mucho ha llovido desde entonces y las cosas, en esencia, no han cambiado. En pleno siglo XXI, en la era de los avances tecnológicos y de la cibernetia, el pensamiento dogmático e irracional de la religión sigue estando implantado, con mucha fuerza, en el sistema educativo español, y mucho más desde el empuje de los gobiernos de la derecha neoliberal. Los conciertos educativos, además, consiguen que todos los españoles, creyentes y no creyentes, estemos financiando los colegios privados religiosos, que son casi todos, y se han convertido en un gran negocio, financiado, repito, con dinero público. Y se sigue adoctrinando en ideas dogmáticas, misóginas e intolerantes. Y se sigue difundiendo en las aulas españolas el antropocentrismo cristiano que considera a los animales y a la naturaleza como “un regalo de dios para uso y disfrute del hombre”, lo cual es el germen ideológico del apego a la crueldad y al desprecio a la vida animal.

En este contexto, la asociación laicista Europa Laica promueve, como hace todos los años, una campaña, “por una escuela pública y laica” en la que exige sacar la asignatura Religión del horario lectivo para despojar a la Educación española de la profunda carga confesional que ahora tiene, y para que el Estado deje de financiar a los centros concertados “que promueven el adoctrinamiento religioso”.

Los participantes en la campaña, que son asociaciones de padres, sindicatos de enseñanza, alumnos, profesores e incluso la organización Redes Cristianas, denuncian los Acuerdos vigentes con la Santa Sede, en base a los cuales se establece la obligatoriedad de que haya clases de Religión en horario lectivo, y exigen al nuevo Gobierno que promueva una reforma de la Ley educativa que sitúe a la religión fuera de la escuela. Porque, recordando al gran erudito mexicano Ignacio Ramírez, quien fue uno de los grandes artífices del Estado laico mexicano, decía en referencia a la laicidad en la Educación que “el crimen más grande que puede cometerse contra cualquier ciudadano es negarle una educación que le libere de la ignorancia y de la miseria”.

Coral Bravo es Doctora en Filología

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