Por un cementerio musulmán en Euskadi

«En actualidad, si un musulmán muere aquí está creando un serio problema a sus allegados, e indirectamente a la administración»

Si para nosotros, como musulmanes sin emirato o califato, que vivimos bajo la protección de un rey cristiano y una constitución laica, en un estado laico de tradición cristiana, es difícil en vida practicar nuestra religión en plenitud, en el momento de nuestra muerte los problemas se multiplican, para nosotros y para nuestras familias y amigos.
Debemos llamar la atención sobre un tema crucial, especialmente para aquellos musulmanes nacidos en el País Vasco, sean personas que han abrazado el islam en su madurez o hijos de musulmanes vascos o con nacionalidad espa?ola y residentes en Euskadi. Es decir, todos aquellos que al morir deberían ser enterrados en esta tierra tan querida para nosotros.
En la actualidad, que sepamos, y que nos corrijan si estamos mal informados, si un musulmán muere ma?ana (que Allah le reciba en su Jardín y le conceda paz eterna) está creando un serio problema a sus allegados, e indirectamente a la administración.
Algunas de nuestras familias, que son cristianas, poseen panteones y nichos familiares muy bonitos en los distintos cementerios de Euskadi, presididos por unos magníficos sagrados corazones con los brazos extendidos, o por ángeles de mármol, o por crucifijos y lauburus. Allí están enterradas varias generaciones de familiares: abuelos, tíos, sobrinos… Nuestros padres tienen la intención de sepultarnos ahí, algunos incluso quieren incinerarnos. Obviamente para nosotros eso no es lo correcto. Legalmente les corresponde a nuestros familiares directos darnos sepultura, pero algunos de nosotros estamos casados con personas de otras nacionalidades que poseen sus propios cementerios en los países de procedencia. Aunque hayan adquirido la nacionalidad espa?ola conservan el pasaporte y los derechos en sus países de origen, por lo que pueden ser expatriados y enterrados allí. Sin embargo, los que somos de origen vasco y nuestros hijos no podrían en teoría hacer lo mismo. Lo deseable, además, es que la familia esté unida también en la sepultura. Por si fuera poco, todos sabemos lo que cuesta el traslado de un cadáver hasta Marruecos, Senegal o Pakistán, por citar unos cuantos ejemplos. Esa baza la aprovechan las compa?ías de seguros para desarrollar todo un negocio a costa de la muerte, lo que desde el punto de vista de nuestra Sharia es ilegal: nadie tiene por qué pagar para que se le entierre, es un derecho de todo musulmán y una obligación que el resto de la Umma tiene contraída con él. Se le debe limpiar y perfumar, se le debe cubrir con tela natural de lino o algodón, se le debe enterrar en contacto con la tierra (sin ataúd, sin monumentos ostentosos…) y enquiblado (mirando en dirección a Meca) y se le debe rezar la oración para difuntos entre todos los presentes en el momento del entierro. No hacerlo es desobedecer un mandato directo de Allah, el Justo. Y esa obligación es de todos y cada uno de nosotros, no sólo de los parientes o amigos del difunto.
?Qué deben hacer nuestras familias? ?Qué debemos hacer los musulmanes vascos con nuestros hijos y con nuestras esposas o esposos de otros orígenes (que Allah, el Todopoderoso, los proteja) si fallecen? ?Los enterramos en nuestros panteones y nichos familiares cristianos? ?Nos vamos hasta Sevilla, Granada, Madrid u otra capital espa?ola a enterrarlos con el consiguiente gasto y burocracia que esto supone? ?Permitirían las autoridades el enterramiento de una persona de otra comunidad en un cementerio ajeno a su lugar de empadronamiento? ?No estarán saturados en poco tiempo esos pocos cementerios musulmanes espa?oles dado el incremento sustancial que la población musulmana está experimentando? ?No sería deseable para un vasco que le entierren en su propia tierra junto a su familia y no se le trate como un paria que debe ser deportado por motivos religiosos?
Todos los musulmanes deben unir sus esfuerzos para conseguir un cementerio musulmán en Euskadi ya. Todos y cada uno de los musulmanes, especialmente los de origen vasco, debemos implicarnos en la consecución de este derecho y en el cumplimiento de esta obligación. Y las distintas administraciones, ayuntamientos, diputaciones y consejerías del Gobierno vasco deben facilitar que esto sea una realidad lo antes posible.

Ahmad Alhanafi es presidente de ASSABIL -Euskal Herriko Zentro Soziokultural Islamiarra-Centro Sociocultural Islámico del País Vasco- y Abdul Haqq Salaberria es delegado en Euskadi de la Fundación EMU-European Muslim Union

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