¿Por qué Rusia persigue a los cristianos no ortodoxos?

El Gobierno de Putin, aliado a la cúpula de la Iglesia Ortodoxa Rusa, enarbola la bandera del nacionalismo para mostrar una actitud hostil hacia otros grupos cristianos no tradicionales.

 La Alianza Evangélica Mundial, por medio de su Comisión de Libertad Religiosa, ha publicado un documento en el que se analiza la deriva política de Rusia en cuanto a su acercamiento a la Iglesia Ortodoxa y la progresiva discriminación hacia los 'grupos cristianos no tradicionales' – como son denominados por las autoridades – y entre los que se encuentran los evangélicos.

A principios de septiembre, un grupo de hombres que contaban con el consentimiento de la policía demolieron el edificio donde se reunía la Iglesia Pentecostal de la Santísima Trinidad, en un suburbio de las afueras de Moscú. No hubo demasiadas explicaciones para este “incidente” que dejó a la iglesia sin un lugar físico de reunión. Estos días se reúnen sobre las ruinas para orar, alabar a Dios, y también dar testimonio de la continua persecución a los “no tradicionales”, o grupos religiosos desfavorecidos tras el regreso del presidente Vladimir Putin al poder en marzo de este año.

El informe de la Alianza, elaborado por Fernando Pérez, presenta un análisis del tejido religioso ruso. Se estima que el 90 por ciento de los rusos étnicos – y alrededor del 70 por ciento de todos los ciudadanos rusos – se identifican como ortodoxos. Desde el colapso de la URSS en 1991, los rusos ortodoxos han sido asociados con la identidad nacional, en un cambio de paradigma, casi a modo de péndulo, que ha sustituido el sistema socialista por la religión ortodoxa. Sin embargo, la asociación de la población con la Iglesia Ortodoxa Rusa – como sucede en otros países europeos con la religión Católica o Protestante – es aparentemente más simbólica que representativa de su compromiso con la sustancia de la fe. Esta es quizás la razón por la que la asistencia a la iglesia es extremadamente baja.

UNA LEY NO IGUALITARIA
La Constitución Rusa, aprobada en el año 1993, establece que todas las asociaciones religiosas son iguales ante la ley. Sin embargo, en el preámbulo de la Ley de libertad de conciencia y asociaciones religiosas, promulgada en 1997 durante la presidencia de Boris Yeltsin para definir la relación del Estado con la religión, dice que debe darse prioridad a la religión Ortodoxa, quedando el Islam, el judaísmo, el budismo y el cristianismo no ortodoxo en un segundo escalafón.

Los grupos cristianos no ortodoxos son vistos en Rusia como satélites de Estados Unidos en particular y Occidente en general, en competencia con la Iglesia Ortodoxa por la adhesión de fieles. Y por tanto el gobierno, en acuerdo con la Iglesia ortodoxa, se posiciona en contra del avance de otras religiones.

De hecho, el gobierno ruso busca restringir el funcionamiento de las organizaciones independientes que no están aliadas al gobierno o muestran cualquier signo de disidencia, lo que incluye a entidades misioneras extranjeras. Resulta triste pensar que en lugares donde el hermano Andrés arriesgó su vida por llevar Biblias, otra vez se intente limitar la acción misionera, tal y como ha denunciado Russian Ministries, entre otros.

ORTODOXIA Y NACIÓN
La relación entre el Kremlin y la Iglesia Ortodoxa se basa en parte en su ideología nacionalista común, que busca restaurar la fuerza de Rusia después de la caída de la Unión Soviética. La ley de 1997 sobre las asociaciones religiosas, comúnmente conocida como la ley de la religión, se promulgó en un momento en el que los misioneros de las religiones protestantes en Occidente comenzaban a trabajar en Rusia después del colapso de la Unión Soviética.

El escritor Paul B. Anderson explica un artículo de 1961 publicado en la revista Foreign Affairs el trasfondo histórico de esta animadversión rusa hacia lo occidental. La Iglesia ortodoxa rusa nació en el año 988 dC cuando el príncipe Vladimir fue bautizado en el río Dnieper junto a todos los habitantes de Kiev. Sucedió en un momento álgido del conflicto entre el Patriarca de Oriente y el Papa de Occidente, cuando la Iglesia Rusa y el país se posicionó contra la Iglesia de Oriente en Roma. Desde entonces tanto el país como la Iglesia han compartido su aislamiento, de espaldas al Renacimiento, la Reforma y la entrada de conceptos modernos de cristianismo social.

“En cambio, la Iglesia Ortodoxa Rusa entró en el siglo XX con una perspectiva religiosa desarrollada a más tardar el Séptimo Concilio Ecuménico, celebrado en el año 787”, añade Anderson. “Los rusos afirman con orgullo que la Iglesia Ortodoxa es la verdadera Iglesia de los Apóstoles, la Sagrada Escritura, ya que sólo asumen los credos y los cánones aceptados en los primeros siete concilios, y se ven con cautela a todas las demás iglesias que, dicen, se separaron de ella en el momento del Gran Cisma”.

PUTIN Y KIRILL, ALIADOS ESTRATÉGICOS
En un evento en mayo de este año, dentro del Concilio Religioso de Relaciones Exteriores (CFR), Leonid Kishkovsky, director de asuntos exteriores y relaciones intereclesiásticas para la Iglesia Ortodoxa en América, habló sobre las relaciones entre la Iglesia Ortodoxa Rusa y el Kremlin, tal como existen en la actualidad. Señaló que durante las protestas contra la candidatura de Putin a la reelección en febrero, el jefe de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el patriarca Kirill, dijo que “el gobierno debe escuchar a la gente y la sociedad”, poniéndose a sí mismo en un papel de mediación. Pero poco después, el Patriarca apoyó la candidatura de Putin, justificándose en su posicionamiento como el “natural” junto “al candidato presidencial con más posibilidades”. Kirill elogió a Putin por su papel en la “corrección del rumbo de la historia rusa”.

El Patriarca Kirill explicó recientemente que los estrechos vínculos entre la Iglesia y el Estado eran buenos para la sociedad. “La institución del poder apareció en el mundo, en una sociedad proclive al pecado, para salvaguardar esta sociedad, para que la gente pudiera convivir”, dijo el patriarca en un discurso en la Universidad Estatal de Moscú el 28 de septiembre. “El apoyo claro de la Iglesia Ortodoxa por la institución de las autoridades estatales no equivale a una evaluación de tal o cual figura política o estatal por todos los representantes de la iglesia”, agregó, “pero es indispensable entender que la salvaguarda de la institución del poder es una garantía de una sociedad floreciente”.

NO AL DIÁLOGO INTER-CRISTIANO
En el Concilio, Kishkovsky recordó además que la Iglesia ortodoxa está en la plaza pública en la Rusia actual, admitiendo que existen tensiones entre la Iglesia Ortodoxa rusa y los grupos “no tradicionales”. “El extremismo es una característica propia de las actividades de algunas religiones no tradicionales”, dijo. La Iglesia Ortodoxa no aceptará la presencia de los “no tradicionales” en Rusia, ya que estos “han sido muy agresivos en contra de la Iglesia Ortodoxa”, agregó. Es más fácil tener un diálogo con otras religiones que un diálogo interreligioso cristiano”, llegó a decir.

Dentro de la Iglesia Ortodoxa rusa hay cabida para los discursos más duros contra los grupos cristianos no tradicionales. Por ejemplo, Alexander Dvorkin, quien encabeza el consejo de expertos que analiza la evolución religiosa del país, es un opositor de las minorías religiosas y quiere incluir a los neo-pentecostales y otros grupos como “sectas extremistas” y “sectas totalitarias”, según denunció Forum 18.

Es probable que la persecución hacia los grupos nos tradicionales se mantenga o incluso crezca bajo el mandato de Putin. Mientras gobernó Dmitry Medvedev, en el cargo desde 2008 hasta las elecciones de marzo de 2012, la Iglesia Ortodoxa vio fortalecido su papel e influencia en la sociedad. Putin insta al Estado a mostrarse a favor de las “religiones tradicionales”, indica un estudio reciente y detallado de Forum 18. “Sin embargo, después de haber obtenido lo que necesitaba – el apoyo de los líderes religiosos durante el crucial periodo previo a las elecciones – aún está por ver si él (Putin) va a cumplir esas promesas (se refiere a un artículo de Putin escrito en enero en el que explicaba que el Estado y la sociedad deben apoyar el papel de las “religiones tradicionales” en las esferas militares, educativas y sociales). Aunque no lo cumpliese, la posición de Putin sigue siendo la de dar un mayor patrocinio a las 'religiones tradicionales' que durante sus períodos presidenciales anteriores, así como no se ha opuesto a los beneficios conseguidos por el Patriarcado durante su (nominal) ausencia del Kremlin”.

Como dijo Kishkovsky en el CFR, el país debe afrontar un debate serio e intenso sobre varios asuntos, entre ellos la asociación de la Iglesia Ortodoxa Rusa con el Kremlin y el tratamiento de los grupos no tradicionales, lo que mantiene las esperanzas de que se llegue a un espacio de verdadera libertad religiosa para todos en el futuro. La Alianza Evangélica concluye expresando que “desde el ámbito internacional se deberían presionar al liderazgo de la iglesia Rusa para que establezcan un diálogo con los grupos no tradicionales”, algo que al no producirse en estos momentos hace saltar las alarmas entre los defensores de la libertad religiosa.    

Vladimir Putin saluda la Patriarca Kirili, en un encuentro en 2012

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