Por qué la sábana santa tiene 700 años

Lo ha «demostrado» un profesor italiano. Tras estudiar tejidos y tintes, ha fabricado una réplica con técnicas medievales. Dice lo que ya estableció el carbono 14: la tela no puede ser anterior al siglo XIII

Desde hace al menos 600 años, un trozo de tela de lino puro de gran calidad, color amarillo ocre, forma rectangular, tejido a mano con trama cruzada, 2.450 kilos de peso y sobre el que se aprecia difuminada la efigie de una figura humana es objeto de encendidas disputas. Para algunos se trata del sudario en el que fue envuelto el cuerpo de Cristo tras ser crucificado, quedando impresa de forma milagrosa su imagen en esa pieza de tela. Para otros, sin embargo, la supuesta reliquia es absolutamente falsa y fue fabricada por manos humanas en la Edad Media.

Las controversias, las polémicas y los debates siempre han acompañado a la Sábana Santa. «Si es verdad que es una falsificación, ¿cómo es posible que hasta la fecha nadie haya conseguido realizar una copia idéntica de la misma?», es uno de los clásicos argumentos que los defensores de su autenticidad acostumbran a esgrimir. Pero ya no podrán seguir utilizándolo. Porque, por primera vez en la historia, un investigador italiano ha conseguido llevar a cabo una reproducción idéntica del venerado lienzo. Y utilizando exclusivamente materiales disponibles en la Edad Media, cuando se supone que fue fabricada la Sábana Santa.

«Me ha llevado un par de años investigar qué tipo de materiales se utilizaban en la Edad Media y dar justo con aquellos que podrían haber sido los que se emplearon para realizar la Sábana Santa. Pero una vez que conseguí identificarlos, realizar la copia de la Sábana Santa ha resultado un proceso muy sencillo. Tanto que podría hacer una cada tres días», asegura a Crónica Luigi Garlaschelli, profesor de Química en la Universidad de Pavía.

Otros muchos antes que él habían intentado clonarla sin conseguirlo. Del medio centenar de copias que aproximadamente se conocen de la reliquia ninguna aguanta la comparación visual con el original. Ni siquiera la más famosa, la que data del 1516 y se atribuye al artista Alberto Durero.

Garlaschelli no tiene el más mínimo problema en revelar la receta que ha aplicado para calcar la Sábana Santa, y que se basa en las teorías enunciadas hace 20 años por Joe Nickell, un investigador estadounidense que, como él, está especializado en desmontar mitos, derribar supuestos fenómenos paranormales y desvelar las bases científicas que se ocultan bajo presuntos milagros. «Los análisis que se han realizado de la Sábana Santa revelan que no hay en ella pigmentos, sólo restos de ellos. Así que Nickell aventuró que quizás había sido fabricada utilizando un bajo relieve, apoyando la tela sobre él y aplicando con una borla el color en polvo. Con el paso del tiempo el pigmento se habría caído, lo que explicaría que hoy sólo queden restos. Pues bien: yo lo único que he hecho ha sido llevar a la práctica esa hipótesis, algo que sin embargo nunca había hecho nadie. Y el resultado habla por sí solo…».

Pero, además, Garlaschelli se ha cuidado muy mucho de utilizar única y exclusivamente materiales al alcance de un artesano de la Edad Media (los tres exámenes de Carbono 14 realizados a la Sábana Santa en 1988 dieron como resultado que la misma databa de entre 1260 y 1390) y de reproducir lo más exactamente posible las condiciones originales. Lo primero era procurarse una la tela lo más parecida posible a la de la Sábana Santa que se guarda en la catedral de Turín y que, a partir de la primavera próxima y tras de 10 años bajo llave, se exhibirá al público.

2.500 EUROS LA TELA

Como la Sábana Santa tiene como base un trozo de tela de lino tejida a mano en cruzado, Garlaschelli se hizo con una similar. La tuvo que pagar a precio de oro: unos 2.500 euros. Pero lo más difícil, sin duda, fue conseguir la medida justa de sales y acidez del pigmento para lograr la composición de los usados en la original.

«Luego fue todo bastante sencillo», admite. «Cogí un voluntario, le cubrí el rostro con una máscara en bajo relieve y apliqué directamente el pigmento en polvo. Después, y dado que no podía esperar 500 años para comprobar cómo envejecía, aceleré el proceso: la lavé y la sequé en un horno varias veces. Y ya está».

El dinero para financiar este experimento ha salido de las arcas de una asociación italiana de ateos y agnósticos, aunque Garlaschelli asegura que eso no ha condicionado el resultado del mismo. Inevitablemente, su trabajo supone una prueba más de la falsedad de la reliquia, determinada ya por otros análisis científicos.

Sin embargo, este investigador también sabe que siempre habrá gente que ponga en duda los resultados de esos tests y que continuará creyendo a pies juntillas en la autenticidad de la Sábana Santa. «Si hay gente qué desconfía del resultado de las pruebas de carbono 14 realizadas por los tres laboratorios más prestigiosos del mundo y que demuestran inequívocamente que la Sábana Santa data de la Edad Media, cómo no van a cuestionar mi trabajo».

Pero no será la Iglesia la que se atreva a poner en duda el resultado de las investigaciones de Garlaschelli. El Vaticano siempre se ha resistido a pronunciarse oficialmente sobre la autenticidad o no de la Sábana Santa.

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...