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¿Por qué Israel quiere silenciar la llamada a la oración en Jerusalén?

Cuando era pequeño siempre me tranquilizó el sonido del muhadin llamando a la oración en la mezquita principal de nuestro campo de refugiados en Gaza. Cada vez que oía la llamada muy temprano en la mañana, anunciando con voz melódica que el tiempo para la oración del ‘Fajr’ (amanecer) estaba encima nuestro, sabía que era seguro ir a dormir.

Por supuesto, la llamada a la oración en el Islam, como el sonido de campanas de la iglesia, simboliza un profundo significado religioso y espiritual, que ocurre cinco veces al día, durante los últimos 15 siglos, sin interrupción. Pero, en Palestina, tales tradiciones religiosas también llevan un profundo significado simbólico.

Para los refugiados en mi campamento, la oración del alba significaba que el ejército israelí había salido del campamento, poniendo fin a sus incursiones nocturnas, terribles y violentas, dejando a los refugiados detrás, algunos llorando a sus muertos, heridos o detenidos, y liberando al ‘Muadhin’ para abrir las viejas y oxidadas puertas de la mezquita, y anunciar a los fieles que había llegado un nuevo día.

Era casi imposible ir a dormir durante esos días del primer levantamiento palestino, cuando el castigo colectivo a las comunidades palestinas en los Territorios Ocupados cruzaba todas las líneas tolerables.

Eso fue antes de que la mezquita en nuestro campo -el campo de refugiados de Nuseyrat en el centro de la Franja de Gaza- fuera allanada junto con otras mezquitas, y el Imam fuera detenido. Cuando las puertas de la mezquita fueron selladas por órdenes del ejército, la gente común subió a los techos de sus casas durante el toque de queda militar y anunció el llamado a la oración, como siempre.

¡Incluso nuestro vecino “comunista” – un hombre, que, según nos dijeron, nunca había puesto un pie dentro de una mezquita durante toda su vida- lo fizo!

Ya no era sólo una cuestión religiosa, sino un acto de desafío colectivo, lo que demuestra que incluso las órdenes del ejército no silencian la voz del pueblo.

La llamada a la oración significaba la continuidad; supervivencia; renacimiento; la esperanza y el abrigo un gran abrigo de significados que nunca fue verdaderamente comprendido, pero siempre temído por el ejército israelí.

El ataque a las mezquitas nunca se terminó.

De acuerdo con informes de gobierno y de los medios, un tercio de las mezquitas de Gaza fueron destruidas en el año 2014, durante la guerra de Israel contra la Franja. 73 mezquitas fueron totalmente destruidas por los misiles y las bombas y 205 fueron demolidas parcialmente. Esto incluye la Mezquita de Al-Omari en Gaza, que data de 649 dC.

Está incluida la mezquita principal de Nuseyrat, donde el llamado a la oración durante toda mi infancia me dio suficiente paz y calma para ir a dormir.

Ahora, Israel está tratando de prohibir la llamada a la oración en varias comunidades palestinas, empezando por la Jerusalén oriental ocupada.

La prohibición se produjo sólo unas pocas semanas después de que la Unesco, la organización encargada de la cultura y la educación de las Naciones Unidas, pasó dos resoluciones de condena a las prácticas ilegales de Israel en la ciudad árabe ocupada.

La Unesco exigió que Israel cese este tipo de prácticas, que violan el derecho internacional e intentan alterar el statu quo de una ciudad que es el centro de todas las religiones monoteístas.

Después de organizar sin éxito una campaña para contrarrestar los esfuerzos de la ONU, llegando al extremo de acusar a la institución internacional de antisemitismo, los funcionarios israelíes están tomando medidas de castigo: castigar colectivamente a los residentes no judíos de Jerusalén, por el veredicto de la UNESCO.

Esto incluye la construcción de más viviendas judías ilegales, la amenaza de demoler miles de casas árabes, y, en los últimos tiempos, la restricción de la llamada a la oración en varias mezquitas.

Todo comenzó el 3 de noviembre, cuando un pequeño grupo de colonos del asentamiento ilegal de Pisgat Zeev se reunieron frente a la casa del Alcalde de Israel de Jerusalén, Nir Barakat. Exigieron que el gobierno termine con la “contaminación acústica”, que emana de las mezquitas de la ciudad.

La “polución acústica” – de esta manera se refieren los colonos europeos que llegaron en su mayoría a Palestina sólo recientemente – son los llamados a la oración que se han hecho en esa ciudad desde el 637 dC, cuando el califa Umar entró en la ciudad y ordenó el respeto para todos sus habitantes, independientemente de sus creencias religiosas.

El alcalde israelí fácil e inmediatamente se sintió obligado. Sin perder tiempo, los soldados israelíes comenzaron a asaltar mezquitas, incluyendo al-Rahman, al-Taybeh y al-Jamia, mezquitas en la ciudad jerosolimitana de Abu Dis.

“Las autoridades militares llegaron antes del amanecer para informar a los muecines, los hombres responsables de la llamada pública a la oración a través de los altavoces de las mezquitas, de la prohibición y excluía a los musulmanes locales de llegar a los lugares de culto”, informó el International Business Times, citando a Ma’an y otros medios de comunicación.

Rezar cinco veces al día es el segundo de los cinco principales pilares en el Islam, y el llamado a la oración es la citación de los musulmanes para cumplir con ese deber. También es una parte esencial de la identidad intrínseca de Jerusalén, donde las campanas de la iglesia y la llamada a la oración de las mezquitas a menudo se entrelazan en un recordatorio de que la coexistencia armónica es una posibilidad real.

Pero no hay posibilidad de tal coexistencia con el ejército israelí, mientras el gobierno y el alcalde de la ciudad de la ocupada Jerusalén la transformen en una plataforma para la venganza política y el castigo colectivo.

La prohibición de la llamada a la oración no es más que un recordatorio de la dominación de Israel sobre la agraviada Ciudad Santa, y un mensaje que el control de Israel supera a la existencia concreta, y a todas las demás esferas.

La versión israelí del colonialismo casi no tiene precedentes. No se limita a buscar el control, va por la supremacía completa.

Cuando la mezquita en mi antiguo campo de refugiados fue destruida, y poco después algunos cuerpos fueron sacados de debajo de los escombros para ser enterrados, los habitantes del campamento oraban encima y alrededor de los escombros. Esta práctica se ha replicado en Gaza, en otro lugar, no sólo durante la última guerra, sino en las anteriores también.

En Jerusalén, cuando se impide a los palestinos llegar a sus lugares sagrados, a menudo se concentran detrás de los puestos de control del ejército israelí y rezan. Eso, también, ha sido una práctica asistida por casi cincuenta años, desde la caída de Jerusalén por el ejército israelí.

Ninguna fuerza de coerción ni órdenes de los tribunales son capaces de revertir esto.

Mientras que Israel tiene el poder para detener a los imanes, demoler las mezquitas y evitar las llamadas para la oración, la fe palestina ha mostrado una fuerza mucho más impresionante, porque, de una u otra manera, Jerusalén nunca dejó de llamar a sus fieles, y éstos nunca cesaron de orar. Por la libertad y por la paz.

Ramzy Baroud hescribe sobre el Oriente Medio desde hace más de 20 años. Es un columnista internacionalmente reconocido, consultor de medios, autor de varios libros y fundador de PalestineChronicle.com. Su último libro es My Father Was a Freedom Fighter: Gaza’s Untold Story (Pluto Press, London).

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