Por más igualdad real: ley antidiscriminación y Estado laico

El Estado debe ser totalmente laico y hay que derogar las leyes que le otorgan privilegios económicos a la Iglesia y anular los subsidios a los colegios religiosos y privados.

Esa es la consigna convocante de la XXIII Marcha del Orgullo LGBT, que en Buenos Aires será el sábado 8 de noviembre. Así lo consensuamos en la reunión de la Comisión Organizadora entre unas 30 agrupaciones, entre ellas Libre Diversidad (MST + independientes). Desde ya mismo vamos a preparar nuestra participación en la Marcha.

Como ya lo hizo su antecesor, el Papa acaba de pedir perdón por los abusos sexuales de curas y obispos contra niños y niñas. Según el propio Vaticano, sólo en esta última década hay 3.420 casos registrados de pedofilia clerical. Siempre ocultados y protegidos por la cúpula eclesiástica, sólo hubo sanciones a partir de la dura batalla de las víctimas por justicia.

Esta disculpa papal también es tardía. El Vaticano tardó más de 400 años en reconocer que Galileo Galilei tenía razón al decir que la Tierra gira en torno al Sol. Lo mismo demoró en excusarse por haber quemado vivo al fraile Giordano Bruno, que criticaba algunos “milagros”. En el 2000, cinco siglos después de la conquista de América, Juan Pablo II pidió perdón por las ofensas a los pueblos originarios…

Pero el problema es de fondo. Una institución con dos mil años de historia al servicio del poder dominante, basada en dogmas reaccionarios y hábitos secretos como la confesión, con su moral de “pecados” y “culpas”, verticalista, misógina, homofóbica y de composición masculina excluyente va a seguir reproduciendo los abusos sexuales contra menores.

Basta de bancar a la Iglesia

Hace pocos días el arzobispo platense Aguer insultó a toda la comunidad LGBT, a la que llamó “abominable” y “depravada”. Este personaje, que como bien dijo nuestra compañera Vilma Ripoll “es un fósil digno de un museo de la discriminación”, debería ser procesado por el delito de discriminación.

Sin embargo, en la ley anti-discriminación aún falta agregar la orientación sexual como una de las causales. Por eso éste es uno de los reclamos actuales y concretos del colectivo LGBT.

A su vez, lo peor es que monseñor Aguer cobra su sueldo del Estado. La Iglesia Católica recibe fondos públicos millonarios para los sueldos y jubilaciones de sus obispos, arzobispos y curas; becas de sus seminaristas y -lo principal- subsidios a sus escuelas. También reciben subsidios estatales las escuelas de los otros credos.

Los socialistas respetamos la libertad de cultos, aunque no los compartimos. A lo que nos oponemos es a seguir bancando con plata de todos a una institución retrógrada que pretende imponerle sus prejuicios a toda la sociedad y es enemiga de los derechos de las mujeres y la diversidad sexual. Por eso el Estado debe ser totalmente laico y hay que derogar las leyes que le otorgan privilegios económicos a la Iglesia y anular los subsidios a los colegios religiosos y privados. La mayoría de esas leyes las impuso la dictadura militar, pero los sucesivos gobiernos las mantienen hasta hoy.

Junto a exigir igualdad real e inclusión social, la separación de la Iglesia Católica del Estado es una tarea pendiente para todo sector realmente democrático en general y para el movimiento LGBT y de mujeres en particular.

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