Ponerse en la piel de otro: Abogado cristiano

Tras levantarme de buen humor y con la oportunidad de poder salir en bicicleta, he decidido hacer caso  a los que dicen que hay que ponerse en la piel del otro para comprenderlo.

Hoy me toca ser abogado cristiano.

Comienzo mi recorrido bicicletero. Antes de salir de la ciudad me encuentro con dos individuos durmiendo en plena calle. Ninguno de los dos parecía famélico, se les veía bien comidos, seguramente eran extranjeros que además de venir a quitarnos el trabajo y llevarse las ayudas sociales, ocupan el espacio público con sus sacos de dormir de alta gama, desluciendo las vistas de nuestras iglesias.

Antes de salir de la urbe voy mascando mi rencor por las esquinas, en cuanto vuelva de hacer deporte presentaré una demanda contra la ordenanza municipal que permite que estos maleantes duerman tranquilamente a la intemperie.

Cuando empezada a bajarme  el rencor llego a la pedanía bezana  de La Yedra.

Lo que allí observo no se lo deseo a ningún cristiano.Tres pintadas feminazis, una de ellas contra curas y empresarios, otra contra la policía y la última ( no sigáis leyendo si no queréis ofenderos) que decía textualmente que la  virgen María aborte a Cristo y se haga feminista. Empiezo a rezar el rosario y un padre nuestro y a planear una misa de desagravio, esta ofensa no tiene perdón de Dios.

Estoy tan ofendido que casi voy directamente  al ayuntamiento de Baeza y a la comisaria, en bici y sudado, a reclamar cámaras de vigilancia, procesamientos de las feministas locales y la inmediata eliminación de las pintadas. Pero claro, hay que tranquilizarse, ponerse el traje y asearse antes de ir a las instituciones, no vaya a parecer un sucio ecologista, ateo y muerto de hambre.

Bueno, parece que ponerme en la piel de otro e intentar entender como se siente no me ha funcionado, y eso que me había levantado con buen humor.

Arturo Gómez Fernández

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