Política y superstición

Muchos españoles, inmersos desde que nacen hasta que mueren en una teocracia «y muy sectaria para más señas» ni siquiera son conscientes de ello

Religión, confesionalismo, es decir, superstición, hasta en la sopa. Así estamos los españoles. Aunque muchos ni se dan cuenta, al igual que el gusano de un rábano desconoce que hay algo más, porque se cree que el mundo entero es ese rábano. Hablaba hace unos días con un grupo de amigos belgas y me decían que se sorprendían de que España fuera un país en que la religión lo impregna todo o casi todo. Yo les contesté que es algo obvio para cualquier mente ajena a la superstición religiosa, pero no para una gran cantidad de españoles, inmersos, desde que nacen hasta que mueren, directa o indirectamente, en una cultura, la española, que ha sido casi siempre, a lo largo de la historia, una teocracia, y muy sectaria, para más señas.

Tenemos religión en la enseñanza pública. Con dinero público se financia, incluso, el adoctrinamiento de los colegios religiosos privados, concertados les llaman, lo cual significa que son un negocio financiado por el Estado cuyos beneficios van a manos privadas. Tenemos religión en los hospitales, en los que se paga el sueldo a varios curas por lo que llaman alivio espiritual, que yo llamo manipulación de las mentes y, si se puede, de los bolsillos; faltando el respeto absolutamente, por cierto, a los enfermos, que los hay, y muchos, que no profesan la confesión católica. Y mire usted por donde, me parece de cajón que en los hospitales lo que debe de haber es médicos y profesionales sanitarios, no adoctrinadores ni, en palabras de Fernando Vallejo, captadores de herencias.

Tenemos religión en la política, en cárceles, en los servicios sociales, en las residencias de ancianos, en el Ejército. Tenemos capillas en las universidades. En cada nueva urbanización construida se edifica, a cargo del erario público (eso siempre), una nueva Iglesia. Símbolos religiosos por doquier. Una iglesia en cada pueblo, un arzobispado en cada región. Hasta en muchas mesillas de hoteles, a modo proselitista, uno se puede encontrar una Biblia, libro sagrado para los adeptos al cristianismo y, como dijo Saramago, el mayor catálogo de crueldades jamás escrito.

Mientras media España pasa penurias e, incluso, hambre, la Iglesia católica continúa percibiendo sólo de los Presupuestos Generales del Estado once mil millones de euros anuales, de los que no se ha recortado ni un solo céntimo. Y continúa registrando a su nombre, es decir, a nombre de un Estado extranjero, miles de bienes públicos en todo el país, como viene denunciando desde hace años la Plataforma de Defensa del Patrimonio navarro. Y es que sigue vigente, aunque muchos españoles desconocen el asunto, el Concordato entre España y el Vaticano, que firmó el dictador en 1953, y se refrendó en 1979, lo cual constituye la llave principal de la Iglesia a la hora de acceder a los inmensos y abusivos beneficios de que goza en España.

¿Pero esto qué es? ¿Acaso podemos decir, como se dice, que vivimos en una democracia? ¿O acaso seguimos viviendo en una teocracia, por disfrazada que esté? Porque, como dijo el filósofo y librepensador chileno Sebastián Jans, una democracia es laica o no es democracia. Es así de claro y así de simple.

Pues bien, como sabemos, desde que el PP está en el poder, se ha rizado el rizo hasta lo surrealista e inimaginable (ya sabemos que los del PP son muy cristianos, ellos, quizás porque saben que, como se confiesan, su conciencia queda en un plisplás libre de culpas, por muchas, graves y atroces que sean). Y nos llegan noticias de lo más increíbles, ridículas y dantescas que muestran que la injerencia sempiterna de la religión en la política en España ha llegado a cotas inconcebibles y grotescas. Como que el consejero de Sanidad de Madrid pida salud a la Vírgen, en una ofrenda floral, para ahorrar en gasto sanitario; o como que la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, se encomiende a la Vírgen de la Paloma para que disminuya el paro, como hizo en su día Fátima Báñez con la Vírgen del Rocío, lo cual es muy curioso, porque parece que las Vírgenes no responden a tanta plegaria: el paro ha aumentado casi en un millón de personas desde que gobierna su partido, y España se ha convertido en uno de los países más pobres de Europa. Mejor que pidan un milagro, en los que tanto creen.

Y es que parece que tanto rezo y tanta plegaria hayan trastocado las neuronas de los que nos gobiernan. O no, porque, como bien sabemos, la religión, ya lo decía Marx, es el opio del pueblo, y de ello siempre se han aprovechado los corruptos, los totalitarios y los tiranos. Y porque, parafraseando al gran Simón Bolívar, “más que por la fuerza nos dominan por el engaño”.

Botella y virgen Paloma 2014

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