Política y religión

Para el sociólogo Fortunato Mallimaci, el proyecto de la diputada Cynthia Hotton no sale de la lógica catolicocéntrica de larga duración, que el país debería desarticular. “Soy de los que creen que se debe ir hacia un Estado laico, que desvincule la religión del Estado, la sociedad política y el Estado y la sociedad política y la religión, o sea despartidizar las religiones y desreligiocizar los partidos políticos y el Estado”, opinó en un reportaje con Página/12. Investigador de la UBA y del área de Sociedad, Cultura y Religión del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (Ceil-Piette) del Conicet, Mallimaci consideró que no es necesaria la sanción de una ley de libertad religiosa como la propuesta por Hotton.

–¿Por qué cuestiona el proyecto?

–No hace falta hacer nuevas leyes sobre el tema sino más bien hay que desandar y desanudar, material y simbólicamente, la construcción moderna de la Argentina católica-militar y sus privilegios. Un primer y urgente paso es anular las leyes de la dictadura militar hoy vigentes: el Registro Nacional de Cultos, anular el subsidio a los máximos especialistas del culto católico –es decir los obispos activos y retirados–; anular las becas a los argentinos que ingresan a los seminarios católicos y los subsidios a las parroquias católicas de frontera. También se debe anular la creación del obispado castrense hecha por el menemismo. Todo esto no para reemplazarlo por nuevos privilegios y leyes que sumen ahora a las “verdaderas” religiones sino para ir hacia una Argentina de amplios derechos de ciudadanos y ciudadanas, democrática e igualitaria. Hacen falta renunciamientos tanto del campo político como del campo religioso. ¿Pero esto quien lo propone y lo desea?

–¿Qué espíritu subyace en esa iniciativa?

–Está hecha desde los grupos religiosos. No tiene una mirada laica. Parte de la idea de que a la Iglesia Católica no se la va a tocar más que desde una búsqueda de igualar a todas las religiones. Además, presupone que hay “verdaderas” religiones y otras que no lo son. Este proyecto aparece en un momento en el cual los partidos políticos van a buscar legitimidad en la religión. La Iglesia Católica, los grupos evangélicos y parte de la comunidad judía aprovechan el debilitamiento total de los partidos. Históricamente vienen compitiendo clérigos religiosos versus clérigos políticos. Como los partidos no dan respuestas a los problemas sociales, esos grupos religiosos empiezan a tener una mayor presencia. Y adquieren fortaleza por el respaldo de los grandes medios y de cierta conciencia en la sociedad de que son más creíbles que los partidos. Los partidos políticos no se meten con temas vinculados con la sexualidad y al aborto, por ejemplo, porque creen que si no molestan con esos temas van a recuperar credibilidad.

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