Política de cero tolerancia con abusadores, puesta en duda tras nombra el Papa a un obispo implicado

Barros, observador y testigo de los abusos de un cura condenado, fue nombrado por el papa Francisco obispo de una diócesis del sur de Chile

Juan Carlos Cruz recuerda cómo, siendo un adolescente, él y otro muchacho se acostaban en la cama del sacerdote Fernando Karadima. Uno apoyaba la cabeza en el hombro del cura y el otro se sentaba cerca de sus pies. Entonces Karadima los besaba y los manoseaba mientras el reverendo Juan Barros observaba.

«Barros estaba presente y veía todo… cuando Karadima nos estaba dando besos a nosotros o nos estaba toqueteando por encima del pantalón», dijo Cruz, hoy un periodista de 51 años, a The Associated Press.

Barros fue nombrado por el papa Francisco obispo de una diócesis del sur de Chile a partir de este mes, lo que provocó una oleada de protestas sin precedente de parte de las víctimas de abuso, de religiosos y de fieles católicos que sostienen que Barros encubrió los abusos sexuales cometidos por Karadima en las décadas de 1980 y 1990, cuando era su mentor y superior.

En 2011, una investigación del Vaticano declaró culpable a Karadima de abuso sexual y lo condenó a una vida de clausura, de «oración y penitencia», lo que hace de este caso, el abuso sacerdotal de más alto perfil ocurrido en Chile.

Barros se ha rehusado a comentar públicamente las acusaciones en su contra.

Aunque no está acusado de abuso, Barros ha sido señalado por tres víctimas de haber atestiguado abusos sexuales en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, de barrio El Bosque y que atiende a una comunidad de católicos de un barrio de ricos de Santiago.

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