Policía del pensamiento

«La idea de libertad se le vuelve en contra a un modelo incapaz de dar soluciones a una ciudadanía cada vez más formada».

Las distintas sociedades vienen funcionando en virtud de la cohesión social, un cierto consenso sobre la verdad, lo bueno y lo realizable, que se materializa en normas, percibidas de interés común. La familia, la educación, los medios de comunicación y el entorno social, son los principales agentes encargados de socializarnos, uniformando, en cierta manera, lo que debemos saber, aceptar y rechazar.

Mantener cohesionada a la sociedad lleva implícito el control de la acción, pero también del pensamiento. A través de creencias y valores somos inducidos hacia lo correcto, y a repudiar, no sólo actos, también pensamientos, sentimientos e ideas, fundamentalmente aquellas que cuestionan el orden establecido (establishment).

La censura social e individual (autocensura), desde la discutible omnipresencia de la normalidad, de lo que las personas deben tener dentro de sus cabezas, sus gustos e identidades sexuales, sus odios, sus deseos, sus temores, sus principios de justicia y bienestar… funciona, pero no es suficiente.

Llegados a un punto en el que el pensamiento crítico se hace peligroso y el miedo es menor que la indignación, las herramientas de control ideológico son sustituidas por las represivas.

Las instituciones encargadas de provocar culpabilidad a quienes se salen del patrón, entre las cuales las religiones han sido, quizás, de las más eficaces, se vuelven inoperantes ante el amplio abanico de posibilidades que ofrece la gran aldea global, que pone al alcance de la mano información e interacciones diversas. El mundo global, manejado por la economía de mercado, ha supuesto limitaciones (la utilización de las tecnologías ha sido fundamental como instrumento de control social), pero también encontramos oportunidades en el plano de las conciencias y las consciencias a través de las nuevos medios de comunicación y relaciones sociales. Llegados a un punto en el que el pensamiento crítico se hace peligroso, sale de la caverna, y se expande, y el miedo es menor que la indignación, las herramientas de control ideológico son sustituidas por las represivas.

La apertura ideológica y la facilidad de expansión facilitada por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, constituye una amenaza para el mantenimiento del statu quo. La idea de libertad, en principio orientada al consumo en una sociedad de la abundancia (Bauman), se le vuelve en contra a un modelo incapaz de dar soluciones a una ciudadanía cada vez más formada, que se hace consciente del crecimiento de las desigualdades, y de la falsa legitimidad de una minoría que mantiene su supremacía sobre la corrupción y la expropiación de los recursos y bienes comunes. El crecimiento se agota, el empleo se reduce y se hace más precario, al tiempo que la libertad de elección permite elección de información, escapando de los controles ideológicos de antaño, lo que cristaliza en protestas sociales, en la ocupación del espacio público (físico y virtual). Cuando esto ocurre, Leyes Mordaza brotan por todas partes como champiñones (en primer lugar en las sociedades más castigadas por las condiciones que impone el sistema), y amenazan las ideas disidentes. Condenas a la libertad de reunión, a la libertad de expresión, expresión de la libertad de pensamiento, toman el relevo: raperos encarcelados, arte y artistas censurados, vecinos multados y amenazados con presencias policiales armadas (por defender sus espacios, por oponerse al «progreso»), concentraciones prohibidas, restricciones a la libertad de información, eliminación de asignaturas orientadas al libre pensamiento…

Sin embargo, es insostenible mantener este estado de control represivo por un lado, mucho menos sutil y elegante que el control ideológico, y seguir insistiendo en que vivimos en una democracia por otro, una democracia capitalista, más capitalista que democrática. La pregunta es… ¿Cuánto tiempo va a mantenerse el control represivo? ¿Cuál será la próxima policía del pensamiento?

*Victoria Aragón García es Profesora de sociología en Universidad de Murcia

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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