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Polémica por el encuentro entre el Papa y Cristina Fernández

Por quinta vez desde que asumió el papado, en marzo de 2013, el papa Francisco recibió a la presidente argentina, Cristina Fernández. La mandataria argentina, que gusta alardear de ser la primera en todo, podrá presumir de ser la mandataria que más audiencias ha tenido con el papa. La proximidad de las elecciones y el uso político que se dio a las entrevistas anteriores, llevó a algunos dirigentes políticos opositores a expresar su disconformidad con la decisión del Vaticano de habilitar una nueva audiencia de Francisco a su compatriota.

Hace unos meses, el papa se había quejado del manoseo de su imagen por parte de los políticos argentinos. “A veces yo me he sentido usado por la política del país”, dijo a la televisión mexicana, después de anunciar que no recibiría por un tiempo a más dirigentes políticos argentinos. En dos encuentros previos con Cristina Fernández, fue muy burdo el aprovechamiento político. En septiembre de 2014, la presidente se presentó en el Vaticano con una comitiva de más de 30 personas, incluyendo a jóvenes de La Cámpora que le regalaron una camiseta de la agrupación al papa, y que se ganaron una foto del momento.

En julio del 2013, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, la presidente logró presentar al papa a Martín Insaurralde, el principal candidato en las elecciones de ese año, aunque no estaba previsto que el pontífice saludara más que a la mandataria. La foto del momento sirvió para empapelar inmediatamente las calles del país, como propaganda política.

En esta ocasión el encuentro fue de casi dos horas, mucho más tiempo del previsto e inusual en estos casos. Se desarrolló en la sala de audiencias en el propio Vaticano, no en la residencia de Santa Marta, como en ocasiones anteriores. Según la versión de Cristina Fernández, hablaron de temas internacionales y solo dos cuestiones relativas al país de origen: la remodelación de la Basílica de Luján y el traslado del sable del libertador, el general San Martín, al Museo Histórico Nacional. Es decir, no habrían hablado de política interna y muchos menos de la cuestión electoral.

Aunque se pensaba que ésta sería la última ocasión en que ambos se encontrarían siendo Cristina presidente, fuentes de la comitiva argentina en Roma dijeron que todavía habrá dos oportunidades más, ambas en el mes de septiembre. Es decir, días antes de las elecciones generales argentinas. La primera, cuando el papa visite Cuba, con invitación ya cursada de Raúl Castro. La segunda en Estados Unidos, donde el papa también estará ese mismo mes. Las mismas fuentes aseguraron que también hay ya una invitación del presidente Obama, pero habría que tomar esta afirmación con pinzas ya que la relación con los EEUU es gélida, y la del presidente americano con la mandataria argentina es prácticamente nula.

La repentina devoción de la presidente por el papa argentino contrasta con la fría relación que tuvieron mientras Bergoglio era el arzobispo de Buenos Aires. Néstor Kirchner lo llegó a calificar como “jefe espiritual de la oposición política”. Tanto Néstor como Cristina boicotearon los tradicionales Te Deum de las fiestas patrias, para no escuchar sus homilías, que consideraban hostiles.

El gobierno argentino acusó a Bergoglio de colaboracionista de la dictadura. El diario El Cronista aseguró que el Vaticano había confirmado que la diplomacia argentina en Italia había redactado y distribuido entre algunos cardenales un dossier sucio sobre Bergoglio para impedir que fuera elegido como sucesor de Benedicto XVI. Ya en 2005, Néstor Kirchner tenía la gran preocupación de que el elegido fuera el arzobispo de Buenos Aires y habría dicho: “si lo eligen, ¡nos va a gobernar desde Roma!”.

Previamente a esta nueva visita al Vaticano, tuvo gran repercusión la carta que le envió al papa un conocido periodista, y la respuesta del papa. El periodista es Alfredo Leuco, que le pidió que no recibiera a Cristina: “ella es una mujer poderosa desde todo punto de vista y mostrarse a su lado es una ayuda muy grande que se suma a la utilización del aparato del Estado en beneficio propio que hacen los Kirchner”, le escribió. También sostenía que la foto que lograría la mandataria no ayudará “a los que quieren alternancia democrática y más república”.

El pontífice, inesperadamente, le respondió agradeciéndole la misiva. “El tono sereno manifiesta la voluntad de comunicarse frontalmente y las disidencias se dicen con paz, con fluidez. No hay allí una sola agresión o alguna expresión altisonante. Y esta actitud edifica, une, es constructiva”. El papa, además, autoriza al periodista a hacer pública la misiva.

La precandidata presidencial Elisa Carrió (Coalición Cívica), señaló por su parte que el papa cometía “un error enorme al recibir a Cristina”. Consideró que era una interferencia indeseable para muchos creyentes, a una semana del cierre de las listas electorales.

Desde que se produjo la reconciliación del papa con el gobierno, Francisco siempre les dijo lo mismo a todos los políticos que lo visitaron, fuera cual fuera su signo político: “cuiden a Cristina”. Porque, más allá de las diferencias que hubieran tenido, el papa está decidido a influir de cualquier forma para que el final de su mandato no se parezca al que conocieron todos los que se sucedieron desde la recuperación de la democracia. Alfonsín, Menem, De la Rúa, todos se fueron en medio de crisis sociales y episodios de hiperinflación salvaje.


COMENTARIO: Seguro que esta alianza político religiosa de ambos personajes encierra un mutuo beneficio: electoral para Cristina, y beneficios del Estado argentino para una iglesia católica en declive en Latinoamérica. Lamentable este uso de la política y la religión para la ciudadanía y los creyentes, en detrimento de la democracia y la soberanía.

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