Poesía vs. palabra de Dios

Andrés Rubio reúne en ‘El árbol rojo’ una serie de composiciones destinadas a celebraciones laicas con voluntad de fijar un canon

El periodista y cineasta Andrés Rubio, autor de'El árbol rojo'. :: E.C.Las bodas entre homosexuales alcanzan la legalidad en España. Poco a poco, los matrimonios civiles van superando a los oficiados por la Iglesia y, en 2009, los ritos laicos superaron (94.993, según datos del INE) a los religiosos (80.174). La sociedad occidental, al menos la española, avanza hacia la secularización, como indica este dato, o el de la pérdida de vocaciones sacerdotales desde el Concilio Vaticano II. Surgen alternativas a los ritos tradicionales pero, ¿existe una liturgia que dé cobertura a esas nuevas formas de casarse, despedirse de la vida o ingresar en la sociedad civil? La tradición católica lleva unos dos mil años de ventaja a la tendencia laicista actual y cabría preguntarse: ¿cuánto le costó a la Iglesia católica establecer su liturgia, toda la solemne escenificación para adornar un bautizo, una boda, un funeral? Borgesiana pregunta. Para avanzar en esa dirección, la de ir creando un canon, el periodista y cineasta Andrés Rubio (León, 1962) se ha metido a antólogo con 'El árbol rojo'.
Versos elegidos
«En el libro se recomiendan algunos poemas con la expectativa de que sean los escogidos siempre», corrobora el autor. Entre esos poemas llamados a ser los elegidos en las celebraciones no religiosas del siglo XXI, se encuentran 'Todo que sí', de Pedro Salinas, en que se pronuncia once veces la palabra «sí» y que «es perfecto para una boda». O 'Ítaca', de Cavafis, que recomienda Rubio por su «aproximación al tema, intensidad y vuelo literario». Se leyó en el funeral de Jacqueline Kennedy.
El origen de esta recopilación se encuentra en el documental, 'Campillo, sí quiero', dirigido por el propio Andrés Rubio, y que se centra en un pueblo de Guadalajara, Campillo de Ranas, cuyo alcalde, gay, se implicó personalmente en la celebración de bodas entre personas del mismo sexo, tras la ley de 2005, que las hacía legales. Al principio, recuerda Rubio, los enlaces se limitaban a una «simple y tediosa» lectura de los artículos del Código Civil, así que se le ocurrió llevar él mismo los poemas y, poco a poco, fue armando un 'corpus' poético orientado a la lectura en público. Unos textos que, por otra parte, tenían que poseer unas condiciones especiales y, ante todo, no resultar «almibarados», ni demasiado complejos, que se pudieran comprender en una lectura oral, a la primera. El autor condensa estos elementos en un calificativo: «Rapsódicos».
'El árbol rojo' lo conforman los cuarenta poetas que ponen voz a nacimientos, bodas y funerales, en un guiño indirecto a las connotaciones laicas, civiles, del color rojo. No lo oculta su autor, aunque donde pone el acento es en la necesidad de «ganar terreno civil, laico, a una serie de ceremonias que hasta hace muy poco la jerarquía católica parecía que se había apropiado de ellas». Es la otra cara de libros de tradición más asentada en el ámbito eclesiástico, como 'Palabras de Vida: 59 textos para los funerales' (Editorial Verbo Divino), del religioso François Brossier, orientado para los seculares que tienen que despedir, a la manera católica, a un fallecido.
Hasta Whitman
Pese al distanciamiento religioso del 'El árbol rojo', se incluye un texto bíblico, un fragmento de la Epístola de Pablo a los Corintios muy habitual en las bodas tradicionales, que Rubio ha incluido por su fuerte carga poética, libre de connotaciones religiosas. Leído hoy, resulta sorprendentemente cercano: «Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor soy como una campana que resuena o un címbalo que retiñe. (.) Y aunque repartiera mis bienes a los pobres y a las llamas entregara mi cuerpo en sacrificio, si no tengo amor no me sirve de nada» (Corintios 1:13). Así, la posibilidad de escuchar un texto extraído de las Sagradas Escrituras en una ceremonia civil podría darse, si alguien toma este escrito, que concluye con un nada retórico: «Lo más grande de todo es el amor».
Como un extraño que se cuela en una fiesta, el pasaje bíblico está acompañado de los textos poéticos de otros 39 autores, en el que sobresale la figura de Walt Whitman, con diez poemas incluidos en la antología. El autor de 'Oh capitán, mi capitán' es un poeta «inmensamente sutil», dice Rubio, parafraseando al crítico Harold Bloom y, además, un autor que facilitó un «impulso democrático para romper las divisiones sociales, a través de la poesía, la prosa, la pintura o el teatro, y también en un destacable cambio de las costumbres». Si hubiera que hacer una antología de la antología, el autor de 'El árbol rojo' rescataría de entre todos uno de Whitman, titulado '¡Durante cuánto tiempo nos engañaron!' Se trata de un texto que va alcanzando una cierta tradición, en las lecturas de los enlaces civiles y su éxito puede deberse a que es un poema vitalista, con metáforas de fácil comprensión («Somos dos halcones depredadores., Somos dos soles resplandecientes., dos mares que se unen, somos esas olas felices que saltan unas sobre las otras y se empapan…»).
Pero además de Whitman, se incluye una nutrida representación de autores en lengua castellana, como Luis Cernuda, Juan Ramón Jiménez, Pablo Neruda o Pedro Salinas. También de nombres que se asocian menos con la poesía, como el bailarín Maurice Béjart, o el autor de 'La isla del tesoro', Robert Louis Stevenson, que aporta tres poemas, uno de ellos un sobrio y sentido 'Réquiem'.
¿Llegarán a formalizarse, a cobrar entidad propia, consolidada, estas celebraciones con la poesía como nuevo texto sagrado? Como recuerda el propio Andrés Rubio, cada vez son más los usos que se hacen en esta dirección, y pone de ejemplo los funerales del crítico literario Rafael Conte, o del crítico de cine Ángel Fernández-Santos. En el del primero, se puso voz a 'Alto jornal', de Claudio Rodríguez; en el del segundo, se leyeron líneas del western 'Los que no perdonan'.
En cambio, la despedida de Francisco Umbral concluyó, para sorpresa de la concurrencia, con un padrenuestro y un avemaría, a petición de una amiga del finado. Todo acompañado, eso sí, con acordes de Verdi y Joaquín Rodrigo.
La música forma parte importante también de estos actos públicos y se busca además una banda sonora que acompañe. Si sobre Whitman pivota la antología en su vertiente poética, el apartado musical que incluye el libro pone a Bach en un lugar preponderante, dentro de una propuesta de música culta. Rubio ha introducido una serie de obras del músico alemán que considera «infalibles», para nacimientos, bodas y funerales. Para éstos últimos, se recomienda la 'Cantata 106, Actus tragicus'.

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