Pobreza e ignorancia

Honra, y avergüenza a la vez la idea de crear una casilla en el IRPF para dar el 0,7% a la ciencia

En su magnífica novela Tiempo de silencio , nada más comenzar la acción, el malogrado Martín Santos pone en boca de su protagonista la sempiterna queja del gremio científico español: "Pueblo pobre, pueblo pobre. ¿Quién podrá nunca aspirar otra vez al galardón nórdico, a la sonrisa del rey alto, a la dignificación, al buen pasar del sabio que en la península seca, espera que fructifiquen los cerebros y los ríos?".

El sabio que se menciona en lamentación tan profunda observa desde su retrato, de hombre con barba, los infructuosos esfuerzos de un joven médico que investiga sobre el cáncer y al que se le terminan las cobayas de experimentación, mientras con "su sonrisa comprensiva y liberadora de la inferioridad explica –comprende– la falta de créditos", leitmotiv de una historia que provocará, con el tiempo, la desgracia del médico y el abandono de una prometedora carrera como investigador.

Con su inmortalizada imagen de científico que toma notas mientras observa a través del ocular de un microscopio Leitz, el Premio Nobel de Medicina don Santiago Ramón y Cajal , ejemplifica, a las claras, la expresión del tesón y del esfuerzo en un investigador a pesar de la precariedad de los medios disponibles. No en vano, en su Discurso de Ingreso en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, pronunciado el 5 de diciembre de 1897 y publicado posteriormente con el título de Reglas y consejos sobre investigación científica, manifiesta reiteradamente la importancia de dicho tesón frente a las adversidades y reivindica el deber y la responsabilidad del Estado con la ciencia.

HOY DIA honra a la vez que avergüenza encontrar iniciativas como la reciente de un científico español de solicitar que se disponga de una casilla en la declaración de la renta para que el 0,7% de lo declarado se destine a I+D+i, Investigación, Desarrollo e Innovación. Honra por lo que tiene de atrevida iniciativa en tiempos de páramos activistas extramuros de las movilizaciones del 15-M, a la vez que avergüenza porque denuncia (verdadera intención de la iniciativa, más allá del afán recaudatorio) a un Gobierno que, émulo en gran medida de los anteriores, relega la promoción de la Ciencia mientras no cuestiona otras partidas presupuestarias, tales como las destinadas al gasto militar o a la Iglesia católica. En lo que respecta a esta última en España, no sólo no ha sufrido ni va a sufrir ningún tijeretazo (la asignación en los presupuestos anuales para el 2012 se estima en 5.000 millones de euros aproximadamente, a través de diversas fuentes), sino que, además, va a recibir mensualmente una donación extra de 13 millones de euros mensuales, según lo publicado en el BOE del 31 de diciembre último, amén de las acostumbradas exenciones fiscales en la declaración del IBI de su cuestionado patrimonio y en la organización de espectáculos sectarios como los de la JMJ del pasado año.

Más que poner nuevas casillas en la declaración de la renta, sería preferible que se suprimieran tanto la destinada a la donación para la Iglesia católica como la referida a fines sociales, dinero que, finalmente, acaba recayendo en su mayoría en ONGs de carácter eclesiástico y que, en cierto modo, legitima la exención del Estado de atender adecuadamente los gastos que exige una protección social universal e igualitaria.

En su Discurso de Ingreso en la Academia, publicado por Espasa Calpe en su Colección Austral serie azul, con el subtítulo de Los Tónicos de la voluntad , don Santiago apuntaba algunos remedios para paliar el consuetudinario atraso científico español, no sin dar un varapalo al clero ilustrado , al que le recuerda que, "en las contiendas internacionales no vence ya la fe, sino la ciencia y la riqueza". Entre las medidas propuestas, traducidas a nuestro tiempo, destacaban la de emprender una renovación de la Universidad Española y la de lograr una financiación estable de la investigación por parte del Estado. Ya antes había advertido que "la pobreza engendra la ignorancia", y que "la cultura aun elemental implica cierto desahogo económico", para concluir que, "por lo que se hace a la Ciencia, representa lujo que sólo pueden costearse las naciones ricas".

Más de un siglo después, sus palabras todavía siguen estando vigentes.

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